Ilusiona a rivales devaluación de Macri (también en Córdoba)

Peronistas y lavagnistas creen que la crisis económica dañará el capital electoral del Presidente en la provincia. Ante un resultado que parece irreversible, esperan traccionar al electorado local para aumentar sus números.



Por Yanina Passero
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ilusionaEl presidente Mauricio Macri prometió revertir el resultado de las PASO con un decorado deprimente: desplome financiero, abrupta devaluación del peso, la alzada del riego país en  niveles que superaron ampliamente los registros de la década K y los efectos directos en las economías familiares que la conjugación de esas variables implica en el corto plazo. No dudó en culpar al ganador Alberto Fernández.

El equipo liderado por el ministro Nicolás Dujovne prepara medidas destinadas a recomponer el salario mínimo, a apoyar a las Pymes y enviar un gesto a la clase medias con la revisión del mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias. Se anunciarían en la semana.

Los opositores prefieren creer que nada levantará el aplazo que recibió el mandatario nacional en las urnas que los dejó a poco más de 15 puntos de su rival, el referente del Frente de Todos, Alberto Fernández. Entre las prioridades electorales de los popes de la Casa Rosada asoma no perder la Capital Federal, un indicio de los ya moderados propósitos. Otros, por lo bajo, apuntan que el logro será romper el maleficio de los presidentes no peronistas, quienes parecen destinados a no completar los cuatro años de mandato.

En los campamentos rivales afirman que con el minuto a minuto de la desintegración de los indicadores de la economía argentina se devalúa aún más la figura de Macri como parte de la oferta electoral. Esperan servirse de las circunstancias.

Roberto Lavagna, candidato de Consenso Federal, se ilusiona con mejorar la cosecha. La fórmula que se completa con el salteño Juan Manuel Urtubey obtuvo en las PASO del domingo 2.006.977 votos en todo el país, que le permitió redondear un 8,22%, muy lejos de lo cosechado por Alberto Fernández (47,65%) y Mauricio Macri (32,08%).

Desde la tercera fuerza negaron ayer coqueteos con el albertismo o el macrismo para “rifar” sus votos en octubre, momento que supone la aplicación de la táctica polarizante al extremo por parte de Juntos por el Cambio y el Frente de Todos.

“No nos interesa negociar con nadie”, remarcaban los operadores de Lavagna. Después, fue uno de sus socios, el gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, quien pulverizó las especulaciones: “De ninguna manera Lavagna va a bajar su candidatura presidencial. Todo lo contrario. Creo que es la fuerza que más vamos a crecer en octubre”.

“Convertirse en segunda fuerza nacional y competir en un balotaje”, son los dos objetivos que se fijó la fórmula de Consenso Federal y la máxima se bajó a Córdoba donde creen firmemente que pueden ser la opción potable para todos aquellos que quedaron impactados con la derrota nacional de Macri en las primarias y la constatación de que el electorado mediterráneo, esta vez, no podrá garantizarle la reelección.

El mismo razonamiento hacen los dirigentes de Hacemos por Córdoba que se ilusionan con una peregrinación de descontentos hacia la boleta corta que promueve el gobernador Juan Schiaretti en detrimento de los diputados que encabeza el radical Mario Negri. “No se olvide que Schiaretti y Macri comparten porción del electorado”, destacaba un influyente peronista del Panal.

El objetivo de mínima del peronismo local es sacar 20 puntos en la elección general para consolidar la segunda banca. Allí estará trabajando activamente el presidente del PJ, Carlos Caserio, para empalmar el tramo legislativo local con la dupla F-F. Su trabajo con intendentes explica buena parte del crecimiento de un candidato K en Córdoba y, es lógico, la tarea es potenciar el resultado.

El presidente del bloque PJ en el Senado fue uno de los primeros en combinar el trabajo por los diputados de su partido, pero con el exponente nacional del Frente de Todos. Algunos dirigentes territoriales blanquearon su preferencia, aunque la buena performance termina ratificando lo que se decía en voz baja: el peronismo vota a peronistas.



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