Culto a la heterodoxia

La formación jazzera argentina Fernández 4, que cuenta con Daniel “Pipi” Piazzolla (de Escalandrum) como baterista, ha honrado la tradición audaz del género al invitar al trapero Ca7riel para que cante la canción “Moviedaze”, de la que ya ha trascendido en Youtube su correspondiente videoclip.

Por J.C. Maraddón
[email protected]

PiazzollaComo resultado de la evolución de la música afroamericana, el jazz no sólo marcó una época sino que sentó las bases de muchos de los estilos contemporáneos. El roncarol, como heredero de esa sonoridad, llevó su legado hasta lo más alto, cuando se instaló como el género más popular en todo el planeta y dio lugar a la aparición de numerosos derivados, algunos de los cuales surgieron a partir de la hibridación con folklores regionales de distintas regiones del globo. Que hoy sea complicado rastrear la influencia jazzera en las canciones de moda, no significa que no subsista su impronta en algunas de ellas.
Y es que el jazz se las ha arreglado para sobrevivir, camuflándose por detrás de aquellos que lo reclaman como mentor de sus orígenes. Ya en los años setenta se verificaba esta tendencia, cuando se vivió el apogeo del jazz rock, una vertiente que no representaba un retorno a las raíces, sino que apelaba a una fusión en la que se tomaba lo mejor de cada uno de sus componentes. Como un espacio geográfico abierto a estos vientos sonoros, el Río de la Plata ya lucía una escena jazzística importante, por lo que esa mixtura fue recibida con beneplácito en estas latitudes.
Expresiones tan autóctonas como el tango, el candombe y el folklore, entraron en contacto con el jazz en algún momento de su desarrollo y habilitaron así corrientes dotadas de una extraordinaria riqueza de matices, que a su manera cambiaron el rumbo de las cosas. A través de experiencias como las del Chango Farías Gómez, Rodolfo Mederos o los Fattoruso, por citar sólo algunos nombres, revivificaron esas músicas rioplatenses al encaminarlas en la búsqueda de su génesis africana, y de esa forma devolverles el encanto que habían ido perdiendo con el paso de los años.
Pero, a escala internacional, la supervivencia jazzera se nutrió de la visionaria actitud de algunos de los viejos astros, como Quincy Jones o Miles Davis, quienes se percataron de que el hip-hop era mucho más que un movimiento juvenil emergente de los suburbios de las grandes metrópolis estadounidenses. Fue allí donde posaron su oído entrenado, para auscultar hacia dónde se orientaba el destino de la creación musical cuyos antecedentes se remontaban a los cantos de trabajo de los negros esclavos que habían sido llevados por la fuerza a los Estados Unidos para desempeñar las tareas más duras en las plantaciones de algodón.
Si hasta la electrónica viró en esa dirección mediante el llamado acid jazz, que brilló en la escena dance de la década del noventa, con bases bailables sobre las que se escuchaban las típicas improvisaciones instrumentales del bebop. Por eso, a nadie podría extrañar que todavía en este siglo veintiuno, cuando ya nos creemos de vuelta del todo, el sonido jazzero persista en su eterno periplo, mezclándose gracias a su habitual desprejuicio con esas novedades que de vez en cuando copan el mercado y se instalan en el gusto masivo con la perspectiva de extender su presencia por tiempo prolongado.
La formación jazzera argentina Fernández 4, que cuenta a Daniel “Pipi” Piazzolla (de Escalandrum) como baterista, ha honrado esta tradición audaz del género al invitar al trapero Ca7riel para que cante la canción “Moviedaze”, de la que ya ha trascendido en Youtube su correspondiente videoclip. La insólita colaboración no desentona con la trayectoria de Fernández 4, que hace un culto de la heterodoxia, aunque sin perder en ningún momento su remoto vínculo con el jazz. Un estilo que, a su manera, se las arregla para no perder vigencia, aunque su estela pueda parecer inaudible a una primera escucha.



Dejar respuesta