La lista corta irá en octubre por la banca de Juez

El 17 es un número mágico para el peronismo, ritual casi. Bueno, el domingo la lista corta de Juan Schiaretti quedó a 24 centésimas (16,76%) de esa cifra, expresada en términos porcentuales, que ya le permiten imaginar para octubre reponer en la Cámara Baja del Congreso Nacional las dos bancas que pondrá en juego en este turno electoral.

Por Gabriel Osman

El 17 es un número mágico para el peronismo, ritual casi. Bueno, el domingo la lista corta de Juan Schiaretti quedó a 24 centésimas (16,76%) de esa cifra, expresada en términos porcentuales, que ya le permiten imaginar para octubre reponer en la Cámara Baja del Congreso Nacional las dos bancas que pondrá en juego en este turno electoral. Fue un resultado que sorprendió hasta a los más optimistas, que se daban por bien pagados con un solo escaño.
Pero superada la buena nueva, en El Panal ya tejen planes para mejorar la cosecha e ir por una banca más. ¿Es ilusorio? No tanto. Están a seis puntos y fracción de los números que alcanzó la boleta de diputados de Alberto Fernández y que también pretende para octubre mejorar el resultado de las PASO y obtener el tercer escaño para Pablo Chacón.
Son objetivos posibles si se presume que el acrecentamiento debe producirse a expensas de Cambiemos, el gran derrotado, aunque no en Córdoba. Si bien la lista corta de Schiaretti seguirá siendo una boleta amputada (su desventaja), la de Alberto Fernández llegó a 30% en el tramo presidencial y a 23% en diputados. Un número notable del candidato presidencial, posiblemente en los umbrales de sus posibilidades porque, de alguna manera, Córdoba sigue siendo un bastión anti K (su hándicap), como lo demuestra el 48% alcanzado por Macri, mejor aún que el logrado en la CABA.
Además, si el botín donde raspar porcentaje está en Cambiemos, es más natural que allí encuentre campo fértil el gobernador que el kirchnerismo.
El que se encuentra en la lente que sale de El Panal buscando más votos es Luis Juez (quinto en la boleta de Cambiemos). Para el peronismo provincial encontrar allí su tercera banca sería con bonus. No hay que ser muy imaginativo para teledirigir los esfuerzos. En 2015, Juez renunció a su candidatura (ya estaba formalizada, impresa la boleta y finalmente su suplente, Ernesto Martínez, ocupó ese escaño en la Cámara Alta), porque no quería estar otros seis años en esa “hamaca paraguaya”, tales sus palabras.
¿Por qué el peronismo debería buscar en la cantera de Cambiemos puntos para mejorar su guarismo de las PASO? En primer lugar, una de las patas de la alianza oficialista, el radicalismo, tal vez ahora observe con más nitidez que ha revelado síntomas del síndrome de Estocolmo con la conducción nacional del PRO: en las legislativas nacionales de 2017 Macri diseñó a su antojo la boleta de la alianza; en mayo pasado se entremetió desprolijamente en la interna entre Mario Negri y Ramón Mestre, provocando una fractura que minó las chances de competir contra Schiaretti; ese maridaje le significó perder casi la mitad de su territorio, entre lo que se destaca la pérdida de la Municipalidad de Córdoba, etcétera. Una alianza con muchos costos y casi ningún beneficio.
En segundo lugar, ya con los números casi definitivos que alcanzó el domingo, Mauricio Macri salió en la conferencia de prensa de ayer a mostrarse que sigue en competencia y que puede disputar y revertir el resultado en las generales de octubre. En 1973 Ricardo Balbín, en un escenario parecido, resignó concurrir al balotaje (regía entonces la enmienda constitucional Mor Roig) cuando en la primera vuelta Héctor Cámpora había llegado al 49%.
Macri, que mezcla con mucha eficacia impericia y tozudez, quiere igual dar batalla, descontar 17 puntos, con un balotaje menos exigente que pone no ya el 50% de los votos más uno, sino el 45%, ya alcanzado con largueza el domingo. ¿Qué debe suponerse de parte de Alberto Fernández de este grito de batalla? Jugará todas las cartas a su alcance para complicarle el tránsito de aquí al 27 de octubre. Es decir, los números de la economía, dólar incluido, estarán al rojo vivo.
Buscando antecedentes de procesos de transición complejos en la historia política de 1983 a la fecha, debemos recordar el que se produjo en 1989 entre Carlos Menem y Raúl Alfonsín. Horas después de que Menem le ganara a Eduardo Angeloz, Guido Di Tella, mencionado entonces para ministro de Economía, le dijo a la prensa que el dólar iba a ser “recontra alto”. Con aquella primera experiencia de híper inflación en marcha y tamaña promesa, nadie liquidó exportaciones´. Alfonsín quedó de rodillas, debió vender la embajada argentina en Tokio para pagar las expensas de la Casa Rosada y tuvo que entregar cinco meses antes el poder.



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