Efecto dominó del 11-A amenaza el post macrismo

Los macristas cordobeses asumen que el kichnerismo no cometerá el error al que los indujo Durán Barba: Alberto Fernández y Cristina Fernández se encargarán de minimizar a cero a los cambiemitas.

Por Yanina Passero
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La catástrofe electoral de Juntos por el Cambio a nivel nacional derrumbó el optimismo que marca el carácter de los hombres amarillos. La “cadena del desánimo” dominaba las conversaciones de WhatsApp de la mañana del lunes. A través del mismo medio virtual que fue soporte central de la estrategia de campaña para la PASO de Mauricio Macri, los cambiemitas cordobeses esperaban alguna señal indicativa del rumbo por parte del equipo de gobierno.
Los quince puntos de diferencia que lo separan del ganador del domingo, Alberto Fernández, pulverizaron la esperanza, pese a que el presidente promete dar pelea para revertir un resultado. Utilizó la última arma que le queda: el terrorismo económico, según la opinión general tras la conferencia de prensa de ayer a la tarde.
Pero la sensatez marcaba los intercambios de la dirigencia amarilla que, en varias instancias del proceso electoral de 2019, se mostró crítica con el laboratorio político que dirigen el jefe de gabinete Marcos Peña y el consultor ecuatoriano, Jaime Durán Barba (avalados –porque hay que decirlo- por Macri).
En virtud de la fuerte influencia del presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, los macristas cordobeses fueron los primeros en advertir acerca de la necesidad de abrir la coalición hacia el peronismo no K. Macri tomó el consejo tarde con la incorporación de Miguel Ángel Pichetto a la fórmula, un hombre del PJ de alto rendimiento para el diálogo político, pero de incomprobable tracción en las urnas.
También, insistieron en no desvincular las elecciones municipales y provinciales con la estrategia nacional. Recomendaron a Peña observar el proceso de manera integral. La debacle de Juntos por el Cambio empezó en mayo, apuntan con el diario del lunes. El triunfo del peronismo en lo ancho y largo del país –con excepciones que con firmaron la regla- fue una tendencia que Macri y sus asesores no contemplaron en sus análisis.
Apenas se corporizaba la derrota en las urnas, la reacción natural de los macristas era la bronca. Con la claridad del día, acompañarán en silencio esa dolorosa transición que parece abrirse sin un candidato ganador en el plano formal porque la primera vuelta será recién en el 27 de octubre.
Los referentes en el primer distrito electoral del interior ganado, admitían que el objetivo real (no el manifiesto que implica remontar la gran desventaja) es llegar al 10 de diciembre. Atrás quedó la esperanza de reconstruir el PRO y lograr una mayor jerarquía entre los socios. En pleno estado de shock, los más golpeados ya no creen que se pueda hablar, ni siquiera, de un post macrismo.
Apuntan a Peña. Primero, habría subestimado en trabajo territorial para jerarquizar la campaña en redes; después, el enojo del electorado que el mismo Macri definió ayer como el “voto bronca”. Ahora, la debacle de Cambiemos promete llevarse puesto a toda su plana de expectables. La dirigente que mejor mide, la gobernadora María Eugenia Vidal, abrazó la derrota y Macri la hundió con él. Inservibles son los ejercicios contra fácticos que realizan los que defendían separar los comicios provinciales de los bonaerenses.
El jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, fue el único ganador en la noche del domingo pero en el macrismo no dudan que Alberto Fernández apuntará todos sus cañones para que el candidato del Frente de Todos acorte la brecha y pise la cuna del PRO. Hay un hilo para iniciar el trabajo: la zona sur de la ciudad de Buenos Aires donde el oficialismo perdió votos. Si Larreta surfea la ola, el macrismo volverá a ser un fenómeno urbano.
En Córdoba, la única provincia que se pintó de amarillo, la restructuración del PRO asoma como una fantasía. La liga de intendentes quedó fuertemente diezmada luego de la ola de triunfos peronistas en las elecciones municipales, la dirigencia PRO desorbitada tras el apartamiento de Monzó de la mesa de consulta presidencial y el “exilio” temporal de uno de su referente en Córdoba, Nicolás Massot.
Sin un andamiaje central se quedarían, asimismo, algunos dirigentes que lograron surfear la interna del Pro nacional como la senadora Laura Rodríguez Machado y el diputado Héctor “La Coneja” Baldassi. Mientras que las actuales autoridades del partido Darío Capitani (PRO provincial) y Soher El Sukaria (PRO Capital) tendrán serias dificultades para contener fugas partidarias, caída la posibilidad de lograr espacios para sus colaboradores en las reparticiones nacionales en Córdoba.
Como corolario, durante la jornada del lunes se escuchaba una opinión coincidente entre los macristas: el kirchnerismo no cometerá el error al que los indujo el duranbarbismo. “No nos dejarán vivos políticamente”, se lamentaban.



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