11-A: Daniele, Saillen y Suárez; los ganadores del gremialismo

La arrasadora victoria del Frente de Todos da un nuevo aire a Gabriel Suárez en su conflicto con El Panal, ya que promete un cambio de signo en el Ministerio de Trabajo de la Nación.

Por Felipe Osman

El aplastante resultado de las primarias, que dejó al Frente de Todos más de 15 puntos por encima del oficialismo nacional (47,66 % a 32,08 %), superando además con comodidad la barrera de los 45 puntos porcentuales que la ley electoral argentina establece como condición necesaria para eludir el balotaje, convirtió a Alberto Fernández en poco menos que un presidente electo con efecto diferido.
Esto implica, desde luego, que el gabinete entero sería renovado el próximo 10 de diciembre y, entre las principales carteras, cambiaría de titular la de Trabajo, hoy rebajada al rango de secretaría. Y quien hoy aparece con buenas chances para regresar a ese despacho no es otro que el ex ministro Carlos Tomada, que ya ocupó ese cargo durante los 12 años de la era K y quien -dicen- aún conserva una buena relación con Rubén Daniele.
En rigor, es el propio Daniele quien se encarga de recordar a los municipales su afinidad con el ex funcionario. Y la razón por la que lo hace es bien conocida. Tras recibir el decreto firmado por Ramón Mestre que lo ponía en estado jubilatorio inhibiéndolo para competir -por doceava vez- por la Secretaría General del Suoem, la capacidad del cacique gremial para volver a la conducción del sindicato fue puesta en entredicho ante la Justicia. Así las cosas, “El Gringo” tuvo que apelar a una regencia que le cuidara el puesto mientras solucionaba sus contratiempos en tribunales, y ungió para ello a Beatriz Biolatto al frente de la lista Verde.
Tras un fallo favorable en primera instancia, Daniele intentó adelantar las elecciones del sindicato haciendo renunciar a la mayoría de la conducción. Pero cuando se disponía a realizar un plenario para elegir a la Junta Electoral que controlaría los comicios en los que volvería a comandar la lista Verde se topó con una resolución de la Secretaría de Trabajo de la Nación que se lo impidió. Desobedecer podía derivar en una intervención del Suoem, y el municipal retrocedió a la espera de mejores vientos.
Esos vientos, que llegarían en octubre, se adelantaron. Con el arrollador desempeño electoral del Frente de Todos, la gestión del oficialismo nacional al frente de la Casa Rosada parece tener los días contados, y el panorama podría también despejarse para el referente de los municipales.
Pero Daniele no es el único ganador del gremialismo cordobés que dejó el 11-A. Otro de los sindicalistas locales que enfrenta un presenta complejo es el titular del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, Gabriel Suárez.
Tras casi un año y medio de conflicto, el pleito entre Luz y Fuerza Córdoba y Epec sigue trabado. La empresa estatal, que aún intenta acomodarse a la quita de subsidios nacionales, ha encarado un proceso de eficientización que, en algunos de sus apartados, choca con ventajas que el sindicato ha obtenido a través de un convenio colectivo de trabajo que data de 1975, y que fue firmado antes las autoridades del Ministerio de Trabajo de la Nación, por encontrarse la provincia intervenida en esos tiempos.
Así las cosas, Luz y Fuerza Córdoba -y en particular Suárez- apostaron fuertemente a un cambio de signo en el Gobierno Nacional que les permitiera contar con el respaldo de la cartera que hoy permanece bajo la órbita de Dante Sica, ministro de Producción y Trabajo.
Con el respaldo de Trabajo, Daniele vería allanado su camino de regreso hacia la Secretaría General del Suoem, ya que nadie -prima facie- se interpondría en su estratagema.
Finalmente, otro de los ganadores del 11-A es el clan Saillen. Franco Saillen, el primogénito de la familia, no lograría, con los números del pasado domingo, hacerse con una banca en la Cámara Baja. En rigor, sería muy difícil que lo lograra, ya que apenas figura en el quinto puesto de la lista. Pero el Frente de Todos si puede aspirar a -mejorando levemente sus resultados en Córdoba- conseguir una tercera banca en la que el actual legislador podría aterrizar si alguno de sus compañeros fuera llevado a algún cargo en el Ejecutivo por la gestión de Alberto Fernández.
Pero aunque tal cosa no sucediera, el regreso del kirchnerismo al poder representa un fin en sí mismo para el pater familias, que podría esperar un alivio en su frente judicial.



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