Mover el coolo

El cordobés Paulo Londra está por estos días en la línea de fuego de la crítica rockera local, porque en la parte que le toca del tema “Nothing On You”, de Ed Sheeran, apenas si atina a rapear cosas como: “Lo que hacemos los dos no se puede igualar, parecemos ficción cuando entramo’ en acción”.



Por J.C. Maraddón
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La polémica relación entre música y letra de una canción, ha sido objeto de reflexión en varias de estas columnas, sobre un tema cuyas derivaciones parecen no tener fin. Por más que ambos componentes hayan adquirido simultaneidad desde tiempos ancestrales, todavía se pretende ajustar esa relación según determinados parámetros, cuando en realidad está claro que sólo cuando ambos fluyen en libertad, se consiguen los mejores resultados. Y muchas veces no tiene nada que ver la calidad de la composición ni de la autoría, sino una mágica conexión entre ambas que nos llena de placer auditivo sin que sepamos por qué.
Aun los músicos más admirados del panteón rockero han caído en rimas obvias o estrofas melodramáticas, sin que por eso tales piezas hayan sido descartadas por sus seguidores. Tanto en el repertorio de los Beatles como en el de los Rolling Stones se pueden encontrar versos plagados de lugares comunes, al igual que los grandes éxitos de Elvis Presley. Y hasta Bob Dylan, premio Nobel de Literatura, entre párrafos de alto vuelo lírico, encaja en su “I Want You” un estribillo en el que repite “te quiero, te quiero”, cual si fuera un Nino Bravo del Greenwich Village.
Los rockeros argentinos no se quedaron atrás en esta competencia, donde Charly García (“Estoy verde, no me dejan salir”), Fito Páez (“Yo te amo”), Andrés Calamaro (“Soy comandante de tu parte de adelante”) y hasta el propio Luis Alberto Spinetta (“Nena boba, no sabes bailar”) demostraron largamente que, a la par de sus letras más inspiradas, también podían despacharse con simples palabras que tenían la virtud de acoplarse a la perfección con la melodía para la que estaban escritas. Ni qué hablar de bandas como Los Fabulosos Cadillacs, Los Auténticos Decadentes o la Bersuit, que supieron rendir culto a frases que coqueteaban con el mal gusto.
Muy pocos (por no decir nadie) salieron en su momento a criticar estos derrapes, que de ninguna manera mancillaron el prestigio de aquellos que los habían cometido. Su fama no se vio menoscabada por apelar a estos recursos, como tampoco se puso en duda su talento artístico. Por supuesto, estas obras no suelen figurar entre las más preciadas por sus exégetas, que prefieren dedicarse al análisis de los textos que cimentan la trayectoria de esos músicos a los que se considera como la columna vertebral de la estirpe rockera en la Argentina.
Y es desde esos mismos sectores, que tan contemplativos supieron ser ante ciertos derroches de cursilería por parte de sus ídolos, que se disparan ahora dardos contra una supuesta falta de inspiración por parte de los nuevos talentos, que de a poco empiezan a desplazarlos del centro de la escena. De la misma forma que algunos tangueros y folkloristas se mofaban de las letras de rocanrol por su lenguaje directo y sus escasos recursos literarios, ahora se oye a los rockeros negarle méritos a los intérpretes de estilos novedosos, como el trap, citando los mismos argumentos que alguna vez se usaron para menospreciarlos a ellos.
El cordobés Paulo Londra, por ejemplo, que en sus rimas puede decir tanto “le cobro la renta hasta a Don Ramón” como “me tiene mal ese ron y ese Fernet de litro”, está por estos días en la línea de fuego porque en la parte que le toca dentro del tema “Nothing On You”, de Ed Sheeran, apenas si atina a rapear cosas como: “Lo que hacemos los dos no se puede igualar, parecemos ficción cuando entramo’ en acción”. Si Londra merece ser condenado por eso, ¿qué pena les hubiera cabido entonces a los Illya Kuryaki veinte años atrás, cuando hicieron bailar a todo el mundo con un tema en el que repetían “a mover el coolo”?



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