Debacle macrista en las PASO (no llegó a Córdoba)

El Presidente reconocía la “mala” elección de Juntos por el Cambio a nivel nacional. El antimacrismo tomó cuerpo en el plano nacional, menos en la provincia. Mauricio Macri sacó una ventaja de 17 puntos al candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández.

Por Yanina Passero
[email protected]

Iniciaba la campaña electoral por las PASO y el responsable de la estrategia en todo el territorio, Marcos Peña, había citado a su despacho a los intendentes cordobeses, muchos de ellos golpeados por la división de Cambiemos en la antesala de la elección provincial. Allí les dijo que el objetivo (de mínima) era obtener un voto más que en las PASO de 2015. Se desprendía de aquella consigna un optimismo moderado porque no podrían abstraerse de los efectos de la crisis económica y los desaciertos de la gestión.
No es casual que en todos los cierres de campaña que protagonizó el presidente Mauricio Macri se haya hecho especial hincapié en salir a buscar a los desencantados, en pedirles un nuevo voto de confianza. El equipo del reeleccionista ya sabía que tendrían que lidiar, y en especial para octubre, con signos de un antimacrismo emergente.
Con el 86% de las mesas escrutadas a nivel nacional, la dupla Alberto Fernández-Cristina Fernández lograba el 47,27% frente al 32,33% de Juntos por el Cambio. La diferencia de casi 15 puntos ubica a la puja general de octubre en la categoría de irremontable, si se tienen en cuenta las especulaciones de Casa Rosada antes de la veda. El duranbarbismo había dejado trascender que una brecha de cinco o seis puntos los dejaría bien plantados para la segunda etapa.
“Hemos tenido una mala elección. Eso nos obliga a partir de mañana a redoblar los esfuerzos para octubre”, reconocía Macri cerca de las 22, antes de que se publicaran los resultados oficiales.
Lo cierto es que las encuestadoras son otra vez las grandes perdedoras. Y Jaime Durán Barba, también. Con el diario del lunes, los socios cordobeses exigirán a la mesa nacional de Juntos por el Cambio un giro rotundo de la estrategia nacional, en la campaña y en el gabinete (¿sugieren la salida de Peña?). “Hay que jugar a todo o nada”, afirmaban anoche en el búnker en el hotel Sheraton.
La fortaleza de Alberto F. es situarse arriba del 47%, más allá de la diferencia con Macri. Así las cosas, el candidato kirchnerista podría ganar en primera vuelta si se toma a las PASO como una encuesta inapelable.
El escenario se presenta cuesta arriba y no deja más remedio al macrismo que enfocarse en gestionar hasta diciembre. Acostarse en los nuevos votantes que se agregaron al padrón, en los que no participaron de las primarias y en los ciudadanos que no eligieron las opciones de la grieta ya no parece suficiente para revertir el resultado.
Macri ya no contará con la tracción de la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal quien quedó detrás del kirchnerista Axel Kicillof por más de 16 puntos. Córdoba y Capital Federal son los únicos distritos que se pintaron de amarillo pero no son suficientes para equilibrar la derrota en el gran bastión electoral: provincia de Buenos Aires.
¿En Córdoba puede hablarse de antimacrismo? Sería prematuro hacerlo. La fórmula compuesta por Macri y Miguel Ángel Pichetto logró 48,18%. Alberto F. mejoró las marcas K desde 2013 con el 30,39% de los sufragios. Pero el desarrollo de la oferta opositora en tierras amarillas no deja de ser llamativa.
Hay quienes analizan el crecimiento de Fernández como parte de un veto a las políticas de Macri. Otros análisis que circulaban anoche colocaban al senador Carlos Caserio y a los intendentes peronistas como responsables de un fuerte trabajo territorial a favor de la fórmula F-F. También, se escuchaba en el bunker macrista que Alberto F. demostró ser mejor candidato y penetrar con su discurso a buena porción del electorado.
La polarización hizo su magia y sólo resta esperar la jugada del gobernador Juan Schiaretti. Los macristas con despacho en Buenos Aires se ilusionaban con un fuerte triunfo en la tierra que gobierna el peronista para empujarlo a romper con la neutralidad. No contaban con una contundente derrota en la escena nacional.
Todo hace presumir que Schiaretti, el as bajo la manga de Macri, seguirá apostando a la neutralidad. Logró una muy buena elección de su lista corta de diputados (16,75%) y tiene que ratificar esa performance en octubre con miras a defender las dos bancas de diputados que pone en juego. Si antes no se jugó por Macri, por qué lo haría ahora cuando Alberto F. se insinúa como el próximo presidente. Le restan cuatro años de gestión provincial y, desde diciembre, también municipal.
Esas preguntas se responderán pronto.



Dejar respuesta