Caserio, un expectable para las elecciones 2023

Puso mucho más que su rúbrica en este empalme de Córdoba con el kirchnerismo. Las elecciones de octubre colocarán formalmente a Alberto Fernández en la Presidencia, por lo que sus acciones cotizarán más en alza todavía.

Por Gabriel Osman
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Frío, calculador, el senador Carlos Caserio podría ser un excelente jugador de póker. No se le conoce inclinación alguna en esa dirección, pero eligió otro juego que requiere de las mismas virtudes, la política. El presidente del Partido Justicialista y principal impulsor de una entente entre el peronismo cordobés y la fórmula Fernández-Fernández es uno de los dirigentes que quedó mejor posicionado con los resultados de ayer. Ese 30% que obtuvo el kirchnnerismo en la provincia más antikirchnerista del país lo deja en una expectable posición para el recambio -no necesariamente generacional- para 2023.
Es un schiarettista que apostó bien distinto a Juan Schiaretti. Se puede alegar que la exposición no es la misma, que un gobernador debe conducir la provincia durante cuatro años más y no correr el mismo con el peligro de quedarse él “con la brocha en la mano”. Es cierto. También es cierto que su elección como presidente del bloque de senadores del peronismo no K ya insinuaba una proyección por encima de los estándares en que quedó ubicado en este cuarto de siglo de administraciones peronistas en la provincia.
Puso mucho más que su rúbrica en este empalme de Córdoba con el kirchnerismo. Las elecciones de octubre colocarán formalmente a Alberto Fernández en la Presidencia, por lo que sus acciones cotizarán más en alza todavía. Pareciera que 24 años de peronismo en el poder con una pacífica alternancia entre De la Sota y Schiaretti, le han impreso a generación política centennial un modo bucólico de imaginar los relevos. Pero a los electos Martín Llaryora (Municipalidad) y Manuel Calvo (Vicegobernación), ahora se suma un veterano, con capacidad de armado y, probablemente, con consentimiento de las futuras autoridades nacionales.
Adicionalmente, su apuesta y acierto no será con costos para el gobernador del 57% de los votos del 12 de mayo. El gobierno provincial ponía en la riesgosa lista corta como mejor expectativa, reponer en el Congreso las dos bancas que exponía en Diputados, y sus 16,5 % lo dejan muy cerca de esa posibilidad. Quedan dos meses para atornillar ese porcentaje contra el vendaval de la fórmula Fernández-Fernández.
Es más que posible que el Senado nacional de cuenta los efectos de tracción del triunfo de Alberto Fernández. Todos los dirigentes “sufren” estas fuerzas, en particular si son peronistas. Pero también los peronistas y las provincias saben de las consecuencias de entregarse en paquete al gobierno central, más si está sentada allí la ex presidenta.
Deberá observarse con atención estos movimientos pero en cualquier escenario Córdoba debería contar en Caserio un ariete importante para resistir una posible reiteración del destrato que sufrió durante los doce años del kirchnerismo en el poder. La política es una ciencia empírica, por lo que la experiencia capitaliza en aprendizaje. Esto, sin contar que el ya casi presidente ha trajinado todo el mapa de Córdoba repitiendo como letanía que los ataques –esto, dicho casi en sentido literal- no se volverán a repetir.
Caserio apostó a pleno y acertó. Esto no le adjudica facultades especiales al senador nacional, pero sí una razonable de percepción política, incluso en uno de los dos únicos distritos donde ganó la lista de Cambiemos. En la provincia que hizo presidente a Macri en 2015 ya se sentía algún humor anti macrista. Que se registra no en su cosecha de votos sino en el levantamiento siquiera parcial de su antikirchnerirmo, como lo expresa el 30% de apoyo a Alberto Fernández, buena parte del cual votó la lista corta de Juan Schiaretti: el 7% es la distancia que se registró entre el candidato a presidente y su lista de diputados nacionales.
Macri debe haberse dado cuenta tardíamente que el voto contra el kirchnerismo en 2015 no fue a su favor sino un veto al candidato de Cristina de aquel entonces, Daniel Scioli. Voto y veto, las dos caras del sufragio. De dos sanciones han salido dos presidentes. Así se vota en la Argentina.



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