Pichetto, socio y expectable relevo de Macri (si gana)

Miguel Ángel Pichetto llegó ayer a Córdoba. Su misión en la provincia -como peronista reclutado por las huestes del Pro- es clara: hacer pie dentro del justicialismo y ofrecer, desde ahí, un contrapeso al armado que Carlos Caserio ideó para respaldar la fórmula F-F.

Por Felipe Osman
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El candidato a vicepresidente que Mauricio Macri ungió para ampliar su base electoral intentando cosechar votos justicialistas llegó ayer a Córdoba y pasó por la CAME (Cámara Argentina de la Mediana Empresa), donde abordó dos temas centrales.
En primer lugar, la (presunta) necesidad de plantear cambios en la legislación laboral, en aras a lograr la “modernización, productividad y competitividad” de las relaciones laborales. En segundo término, la importancia de que el Mercosur y la Unión Europea hayan llegado a un acuerdo comercial. En relación a este último apartado el candidato agregó: “no hay economía regional que crezca si no está integrada al mundo”.
Pasado el mediodía, el ex presidente del bloque peronista en el Senado llegó a Río Segundo, donde recorrió las instalaciones del frigorífico Logros S.A., que la semana próxima embarcará su primer cargamento de carne con hueso con destino a China, el mercado alimentario más grande del mundo. A partir de las 17, el rionegrino llegó a la Facultad de Derecho de la UNC, donde disertó en una charlar titulada “Consolidación de la Democracia Republicana”.
Aunque la visita de Pichetto a Córdoba -o al menos su primera parte- se dio en tono de campaña y no dejó, por lo tanto, grandes definiciones políticas, su mera participación en la campaña de Juntos por el Cambio en esta provincia y la perspectiva de un gobierno que lo tenga también por partícipe hacen oportuna -y tal vez hasta necesaria- una reflexión.
Ante todo debe comprenderse que la elección de una figura como la de Pichetto para escoltar a Macri en el camino hacia un nuevo mandato al frente de la Casa Rosada carece de punto de comparación alguno con la elección de Gabriela Michetti en 2015. Un actor político de la talla del actual senador por Rio Negro -presidente del bloque PJ en el Senado por más de 16 años- no llegó al oficialismo para jugar papeles de reparto.
Su misión -construir una pata peronista que amplíe la base de sustentación de Juntos por el Cambio- implica una contribución vital para el futuro de la alianza y, más aún, un capital político propio que Pichetto aportará y que se consolidará y crecerá si la Presidencia continua en manos de Macri. Que, dicho sea de paso, no podrá reelegirse más allá de 2023.
Macri ha insinuado, con la inclusión de Pichetto en la fórmula, más que una alianza electoral una alianza de gobierno, por el buen diálogo que el peronista sostiene con los gobernadores justicialistas y por la necesidad que el oficialismo tendrá -si se reelige- de construir mayorías en el Congreso.
Esto convertiría al candidato a vice no sólo en una figura de ascendencia durante un hipotético segundo mandato de Macri, sino también en un expectable para su relevo. No debe olvidarse que Pichetto es un peronista y, como tal, tiene una percepción de poder diferente a la de los radicales, que en casi cuatro años de gobierno se han conformado con acompañar las políticas decididas por el presidente y una mesa chica de la que la UCR nunca formó parte.
En cuanto a la tarea que el senador aborda en Córdoba -reclutar votos peronistas-, esta no dista en nada de las ambiciones que Alberto Fernández persigue en sus visitas a la provincia. Los dos tienen por objeto disputar los votos que la prescindencia del peronismo provincial deja vacantes para el tramo presidencial.
Fernández necesita achicar el “diferencial Córdoba” que tanto tuvo que ver, cuatro años atrás, con la llegada del macrismo a Balcarce 50. El candidato del Frente de Todos pretende que la diferencia que su espació espera cosechar en otros distritos no pueda ser descontada por una ventaja desmesurada en estas latitudes.
Pichetto, por el contrario, pretende seducir a una parte del justicialismo para ofrecer un contrapeso al armado que el también senador Carlos Caserio construyó en Córdoba para respaldar la candidatura de los Fernández.
Para hacerlo trabaja junto a dos alfiles que guían sus pasos en la provincia, el subsecretario del Ministerio de Ambiente de la Nación, Daniel Asef, y el dirigente Oscar “Pájaro” de Allende.



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