No hay que ser tan dramático, Peteco

El folklorista se sumó a los artistas que expresaron su apoyo a la fórmula del Frente de Todos con una expresión típica del populismo, negando la condición de argentinidad a todos los que piensan distinto.

Por Javier Boher
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Las elecciones se viven con pasión, al menos entre aquellos que disfrutan de la política. Quizás no es tan importante ni tan trascendental, porque como dicen algunos amigos, “nada es tan dramático en este país”. Sin embargo, no se puede dejar de ponerle garra a una disputa entre partidos políticos.
Tal como era de esperar, cada espacio fue repitiendo más o menos los mismos pasos de siempre: mientras Juntos por el Cambio apeló a la viralización de material de archivo, el Frente de Todos salió a cosechar el apoyo de figuras del espectáculo.
A la carta abierta de apoyo de gran parte de intelectuales y artistas, el kirchnerismo sumó algunas declaraciones en primera persona, más allá de la fría firma que puede acompañar un manifiesto colectivo.
Sin lugar a dudas el que más ruido hizo fue Carlos Alberto Solari, “El Indio”. Voz de la juventud de los ‘90, cargó como siempre contra el neoliberalismo y el gobierno, pero defendió las políticas de Donald Trump, demostrando así que los extremos del populismo se tocan cuando se habla desde la ignorancia absoluta respecto a la creación de empleo y de riqueza.
No hace falta siquiera discutir que los artistas -al igual que cualquier ciudadano- pueden expresar sus ideas o su apoyo a ciertas candidaturas, algo a lo que quizás no estamos tan acostumbrados. Lo ilógico es pensar que su opinión vale más que otras por el simple hecho de que sus caras salgan en la tele o sus melodías nos acompañen desde la radio.
Sin embargo, algunas declaraciones suelen romper los estándares de lo que suena medianamente racional. Si nada es tan dramático en este país, tampoco habría motivos para establecer líneas tan tajantes como la que se permitió demarcar “Peteco” Carabajal. El santiagueño tuvo una expresión que no dejó lugar a segundas interpretaciones: “cualquier persona que se considere argentino no puede votar a Mauricio Macri”.
Vieja maña del populismo, el folklorista recurrió a esa ilusión de universalidad a la que gustan echar mano los gobiernos que tratan de identificar su credo con el de la totalidad de la población. Así, si para ser argentino es condición necesaria no votar a Mauricio Macri, ¿de cuántos millones de ilegales estaríamos hablando?
La costumbre de asimilar el pensamiento personal -que no es más que la aceptación de ciertos postulados partidarios- a lo que debería ser el sentir del pueblo es un ejercicio que demuestra una patética combinación de ignorancia e inocencia, perfectamente camuflada en la masificación y alineación detrás de una figura política.
Pensemos por un momento que “Peteco” tiene razón y los votantes macristas no son argentinos: ¿qué se hace con esa gente? ¿se los manda al aeropuerto, como al personaje de Tom Hanks, hasta que su país se normalice?. Además, ¿todos los no argentinos serían de la misma nacionalidad o pueden elegir la que se quiere? Si ese es el caso, seguramente lo mejor sería una nacionalidad europea, por el pasaporte comunitario.
La expresión del folklorista es exagerada, y aunque esta satirización de sus dichos también lo sea, nunca está de más tratar de entender cómo sería la convivencia con alguien que cree que la totalidad de los que no votan como él sólo quieren lo peor para el país. Es como pensar que si me gusta ir a Carlos Paz por la autopista no me importa si se funde La Calera. Insostenible.
Por momentos hay que tratar de ponerse en el lugar del otro para entender lo difícil que debe ser vivir bajo un gobierno que -aparentemente- gobierna para los ciudadanos y los intereses de otro país. Esa visión tremendista y totalizadora de la disidencia (un mecanismo que existe a ambos lados de la grieta) es bastante pobre si se piensa en la heterogeneidad y diversidad de un país como el nuestro (reflejada hacia dentro de cada fuerza política), especialmente si pensamos que acá, a fin de cuentas, nunca nada es tan dramático.



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