Mejor quedarse que irse

En una entrevista, el Indio Solari señaló con respecto a la gestión del presidente Mauricio Macri: “Se tienen que ir, si no me tengo que ir yo”. A la manera de un Charly García del siglo veintiuno, el exlíder de los Redondos recuperó (involuntariamente) la memoria aquella incumplida promesa antimenemista.

Por J.C. Maraddón
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En el otoño de 1989, con el país sumido en una crisis económica de grandes proporciones, la campaña electoral enfrentaba las candidaturas de Carlos Menem por el justicialismo y Eduardo Angeloz por la UCR, en lo que sería la primera vez que un presidente constitucional entregaba el mando a otro, después de la dictadura. El radicalismo, que gobernaba desde 1983 a través de Raúl Alfonsín, postulaba al gobernador cordobés como la única opción que garantizaba el respeto a las instituciones democráticas, a la par que se rotulaba al caudillo riojano como referente de una barbarie política que podía poner en peligro a la república.
Frente a semejante desafío, fueron muchos los artistas que se vieron en la necesidad de hacer pública su preferencia partidaria, un fenómeno que era bastante novedoso para una sociedad que durante años había padecido la censura y la represión. Por supuesto, entre los más requeridos por aquel entonces se contaban los ídolos del rock nacional, que durante los ochenta habían crecido en popularidad y que habían sido ungidos como referentes por sus miles de seguidores. Si bien ninguno de los dos principales aspirantes a la presidencia reunía la adhesión explícita de la grey rockera, ambos necesitaban captar el voto juvenil.
Así como durante un largo periodo se privó a las estrellas musicales de revelar ciertas intimidades (desde su orientación sexual hasta su estado civil) para no poner en riesgo la adoración de sus fans, tampoco se consideraba conveniente en esa época que los astros de la canción demostraran simpatía por algún color político. Hasta en los primeros años setenta, cuando la radicalización ideológica atravesó la sociedad, sólo unos pocos músicos de rock expresaron su filiación partidaria. Del resto, incluidos Charly García o Luis Alberto Spinetta, se sabía poco y nada más allá de lo que decían sus letras.
Sin embargo, en aquellas febriles jornadas de 30 años atrás, tanto García como Spinetta participaron de actos angelocistas y dejaron en claro que respaldaban al postulante cordobés, espantados ante la perspectiva de que regresara al poder lo que creían era la peor versión del peronismo. De hecho, Charly apodó como “Nemen” al justicialista y lanzó una promesa desafiante: en caso de que el opositor ganara las elecciones, el músico tenía previsto irse del país. Pese al triunfo de Menem, esa drástica decisión nunca se concretó; y una década después, el cantante y el presidente compartían una velada reconciliatoria en Olivos.
Dentro de su iniciativa tendiente a promover la politización en los distintos sectores sociales, el kirchnerismo amplificó esta tendencia. A la inversa de lo ocurrido en los viejos tiempos, hubo rockeros que manifestaron a voz en cuello su cercanía con el gobierno. Entre esos astros, se hizo notoria la presencia del Indio Solari, el excantante de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota que desde hace mucho tiempo desarrolla una carrera solista. Por su extraordinaria convocatoria, Solari es la figurita difícil que todo frente electoral desea contar entre sus huestes.
A la manera de un Charly García del siglo veintiuno, el Indio Solari señaló en una entrevista radial con respecto a la gestión del presidente Mauricio Macri: “Se tienen que ir, si no me tengo que ir yo”. A diferencia de Charly, que siempre se hizo cargo de su egolatría y se vanaglorió del personaje que había construido, el exlíder de los Redondos había exhibido con anterioridad un perfil de compromiso social no compatible con esta frase, más allá del contexto en el que haya sido pronunciada. Si las cosas empeorasen, quizás lo óptimo sería quedarse, en solidaridad con aquellos que sufrirán las consecuencias, pero están obligados a permanecer aquí. Por medio de semejante arenga, Solari termina hablándole a la tribuna y se expone a que quien le responda desde el otro sector sea Alfredo Casero, alguien que hace tiempo revista como barra brava del oficialismo.



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