Córdoba, o los recuerdos del futuro

La estrategia del miedo requiere ser creíble y mostrar a los héroes que han sabido hacerles frente a los peligros.

Por Pablo Esteban Dávila

Mauricio Macri viene a Córdoba a cerrar su campaña, conforme la particular liturgia oficialista. Su negocio, cada vez más explícito, será profundizar la grieta en una provincia que, desde los inicios mismos del kirchnerismo, supo posicionarse en las antípodas de Néstor y de Cristina.
Apelar a la grieta tiene la ventaja del miedo. El temor puede ser una poderosa herramienta electoral porque apela, simplemente, al propio instinto de supervivencia. Mucha gente con dudas legítimas sobre si Macri debe continuar o no en la Casa Rosada tiene, sin embargo, la certeza absoluta de que no quiere el regreso ni de Cristina, ni de La Cámpora, ni del autoritarismo. Los esfuerzos de Alberto Fernández por domesticar esta aprensión se han revelado, de momento, insuficientes. Juntos por el Cambio confía en continuar aspirando votos desde este amplio segmento del electorado.
Además, bajar esta línea permite soslayar el espinoso tema de la economía, verdadero talón de Aquiles del presidente. Aunque existe una sensación sobre que las cosas están mejorando a cuentagotas (y que esto colabora a su repunte en las encuestas), los datos distan de ser categóricos. El INDEC, por ejemplo, acaba de publicar que, durante junio, la producción industrial cayó tanto con relación a un año atrás (-6,9%) como respecto a mayo (-1,8%), en tanto que la construcción retrocedió casi un 12% en la medición interanual y un -4,2% respecto del mes anterior. No son datos halagüeños en las postrimerías de unas PASO que se revelan cruciales. Buscar votos por este lado es un desafío improbable, que el macrismo prefiere evitar.
La estrategia del miedo requiere no sólo ser creíble -el kirchnerismo ha ayudado bastante para lograr este requisito- sino también mostrar a los “héroes” que han sabido hacerles frente a los peligros que genera el temor. Los cordobeses, siempre dentro de la epopeya presidencial, son quienes detentan este atributo y merecen la “franela” con la que Macri los homenajea cada vez que fatiga la provincia.
Su relación con Córdoba es, por lo tanto, taumatúrgica, sanadora. Es el manual de autoayuda que pretende que el resto del país lea y comprenda. Fue la resistencia cuando nadie pensaba que se podía poner fin a largo interregno de los K y, ahora, es el paso de las Termópilas para el intento de Cristina de regresar al poder a través de su vicario. Macri se emocionará una vez más al recordar que “aquí nació el cambio”, al punto tal de que cubrir su visita sólo requerirá del periodista el fecharla correctamente.
No obstante, esta visión edulcorada no tiene, como siempre ocurre, un correlato exacto con la realidad. Más allá que todo indica que el oficialismo se impondrá aquí por amplio margen, no es menos cierto que los Fernández podrán festejar un resultado que, seguramente, será substancialmente mejor que el logrado por Daniel Scioli en 2015. Este plus, imaginan, los ayudará a mantener intangible la distancia que descuentan en la provincia de Buenos Aires sobre el presidente.
Algo de este talante ha sido posible de advertir en las recientes y desenfadas visitas de Alberto a la provincia. Lejos de haberse apichonado tras la difícil entrevista con Mario Pereyra a el pasado 20 de julio, regresó a trabajar sobre campos más fértiles en la convicción de que, a diferencia de Macri, él tiene todo por ganar. Es obvio que quién parte de cero detenta ese tipo de ventajas.
No le ha ido tan mal. Logró una foto con Juan Manuel Llamosas, el prometedor intendente peronista de Río Cuarto, y recogió el apoyo explícito de Martín Gil, mandamás de Villa María. Aunque ambos mantienen el compromiso de impulsar la lista corta del gobernador, su preferencia por el candidato del Frente de Todos es ya inocultable. Otros sectores del peronismo también han hecho lo propio, siempre dentro de un marco recoleto y sin estridencias. Está claro que sólo piensan en Alberto y que, si por alguna razón él se corriera de la fórmula, distinto sería el trato a prodigarle a Cristina. Ella es un límite que pocos dirigentes mediterráneos se atreven a traspasar.
En todo caso, el cálculo es simple: los apoyos a los Fernández vendrán mayoritariamente desde la izquierda y del peronismo. Como la primera es escasa y ya tiene otros candidatos que la reclaman, los esfuerzos deben centrarse sobre el PJ sin desairar a su jefe, esto es, a Juan Schiaretti. Este minué se traduce, por fuerza, en el énfasis político que hasta ahora se ha puesto en el tramo presidencial a despecho del que encabeza el tercer Fernández, Eduardo, quien funge como la cabeza de lista de diputados K y al que nadie parece tener en cuenta.
La lista corta merece igualmente los desmayos de los estrategas macristas, quienes saben mejor que nadie que comparten sus votos con Schiaretti. En este sentido, la visita que pagó ayer Miguel Ángel Pichetto al distrito es coherente con esta hipótesis. El senador recibió un trato más que agradable y recogió, asimismo, señales de muchos compañeros sobre que lo acompañarán en la coyuntura. Nada mejor que un peronista conservador para seducir a los peronistas más conservadores de la Argentina, especialmente cuando se sienten amenazados por el retorno de los excesos que tanto desasosiego les produjo hasta 2015.
Es, precisamente, aquel anno mirabilis lo que todavía fascina al analista. Porque, si se juzga el porvenir por la campaña nacional que se está librando en Córdoba, bien podría afirmarse que la historia se detuvo en aquella fecha, que nada ha sucedido desde entonces. La dicotomía entre pasado versus futuro que enarbola el presidente o la inversa que proclama su contrincante (este será peor que el pasado si gana Macri) nos dejan en la misma posición que al comienzo. Es un debate pobre, negativo, pero a la vez insoslayable, fundacional. Son los recuerdos del futuro que nos llegan desde aquel año, tan lejano y cercano a la vez, y que señalan que el cambio o el retorno continúan como las posibilidades de la hora, a modo de espejismos mutuamente excluyentes y sin final aparente.



1 Comentario

  1. Como puede decir que «la historia se detuvo en aquella fecha»? en cuatro años no pasó nada? la tragedia social que vivimos en nada? la unidad del PJ nacional es nada?

    Recordemos:
    PASO 2015 Córdoba
    Escrutado el 99,55 por ciento, en la provincia de Córdoba se imponía el actual gobernador José Manuel de la Sota como el precandidato más popular, con el 33,15
    por ciento del total.

    El segundo precandidato más votado fue Mauricio Macri (29,52 por ciento);

    seguido por Scioli en tercer lugar (14,66).

    Proyección PASO 2019 Córdoba

    Alberto Fernández supera el 40 por ciento (sumando con margen de error los que obtuvo De la Sota y Scioli en el 2015) y agregale que «pasaron» demasiadas cosas…

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