Sol Pérez quiere una banca en el congreso

La mediática vedette expresó su deseo de ser diputada en el futuro, lo que disparó las críticas a su figura política y al sistema representativo.

Por Javier Boher
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«Artículo 1: La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa, republicana y federal, según establece la presente constitución». ¿Cuántas veces habremos leído ese artículo en la escuela? Prácticamente es lo que estructura todos los contenidos de la vieja educación cívica (luego formación ética y ciudadana, actual ciudadanía y participación) con la que aprendimos más o menos de qué se trata la organización institucional del país.

Desde ese artículo aprendimos que el republicanismo implica la división y el equilibrio de poderes, la periodicidad de los mandatos y la publicidad de los actos de gobierno, entre otras. Aprendimos que en un país federal hay autonomía de las provincias, frente al centralismo propio de un gobierno unitario.

Finalmente, aprendimos las bondades de la representación política, la forma lógica que debe adoptar la democracia en el contexto de los grandes estados y las sociedades de masas: ¿acaso no sería impracticable -y peligrosa- una democracia directa como la griega, resolviendo todo en asamblea o sorteando quiénes ocuparían los cargos?.



Ayer muchos se permitieron dudar sobre esa supuesta pulcritud del sistema representativo, que desde la teoría funciona como freno a los impulsos emocionales de las irracionales masas de ciudadanos. Es que Sol Pérez, la chica del clima, la que se hizo famosa por exhibir su trabajado cuerpo en las redes sociales y los programas de más rating, finalmente llegó a la conclusión de que la belleza no es eterna y expresó su deseo de ser diputada.

Apenas un par de horas después de defender el Telar de la Abundancia (la estafa piramidal de moda entre las personas poco afectas a indagar en dónde está el truco de la plata sin esfuerzo), aseguró en un programa de televisión que estaría dispuesta a meterse en política (como quien dice que estaría dispuesto a darle una oportunidad al amor, ese vacío título universal al que recurren las revistas de la farándula cuando necesitan llenar páginas).

Más de uno salió horrorizado a expresar su disconformidad con esas declaraciones, como si la vedette no fuese una ciudadana como cualquier otra persona, con el mismo derecho a elegir y a ser elegida. El sesgo elitista de una población que no puede decir el nombre de un cuarto de los diputados de su provincia sigue vigente para señalar primero los defectos en los otros.

Hace ya unos meses tuvo un poco amistoso cruce dialéctico con el economista Javier Milei. Aunque el intercambio exhibió las obscenidades propias de la televisión sin un serio trabajo de producción previo, le sirvió a la rubia modelo para cosechar la simpatía de los muchos que se oponen a las ideas liberales -conservadoras, en realidad- del despeinado economista. Desde las filas del poco liberal liberalismo vernáculo salieron a criticar a su rival, como si por su profesión no pudiese opinar de política. Son los mismos que unos meses después, en las elecciones santafesinas, aplaudieron a rabiar la gran elección de Amalia Granata, con un CV parecido al de la más reciente aspirante a política.

La participación democrática universal genera una ilusión de que todos saben de política y gobierno porque votan, que es casi como decir que todos pueden opinar sobre marcha atlética porque saben apurar el paso cuando el deber llama y el baño está lejos. No hay dudas de que el economista está más formado que la vedette (tal como pasó con el round Kicillof-Gallardo de Polémica en el Bar), pero eso no lo hace más merecedor de una hipotética banca en el Congreso, situación que bien se podría dirimir en las urnas.

La democracia representativa puede no gustar por sus imperfecciones, unas vetas por las cuales se pueden meter figuras poco preparadas (como fue el caso de María Estela Martínez de Perón, «Isabelita» por su nombre artístico). Así y todo, la posibilidad de mejorarla es mucho mayor que en cualquier otro sistema de los conocidos en la actualidad. Seguramente algunos podrán pensar en utopías libertarias de pequeños estados autogestionados, una visión maravillosa que contrasta con la barbarie cotidiana de la política real.

Nuestra historia nos muestra que las candidaturas de famosos son moneda corriente, siendo el caso de Cambiemos una vuelta de tuerca a la política que inauguraron los partidos tradicionales hace años. La única garantía de que el régimen institucional liberal sobreviva a los paracaidistas de la política es volver al Artículo 1 de la Constitución Nacional y repasarlo, para grabarnos que -además de representativo- el gobierno debe ser republicano.



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