Finaliza el primer tiempo del partido más esperado

Después de un esprint final de dos semanas intensas, llega el cierre del primer tiempo de un partido que todos están jugando con dientes apretados.

Por Javier Boher
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Nunca pensé que podía llegar a tener envidia de la gente de Buenos Aires, amigo lector. Es medio raro, pero es así. Recién hoy vuelven a sus actividades normales después de las vacaciones de invierno, por lo que se habrán estado pasando por alto toda la campaña para lidiar con los demonios menores.
Por el nivel de intensidad que tuvieron los cruces de estas dos últimas semanas, pasarse el día renegando por lo que cuesta una ida al cine, haciendo cola para entrar a algún museo con entrada gratis o soportar a los chiquillos discutiendo y peleando todo el día deben haber sido más relajante que prestarle atención a los políticos pataleando igual que los chicos pero tratando de ponerle épica.
Por suerte ya nos queda la última semana de esta danza infernal, en la que el 100% del tiempo tratan de convencernos de que todo lo que dicen o harían los otros es el camino a un futuro menos promisorio que la campaña para el ascenso de Belgrano. Así de dura nos dicen que está la cosa.
Por momentos parece que los muchachos se olvidan que esta es una interna que hasta hace dos meses era al vicio, un gastadero de plata (como si alguna vez los políticos se detuvieran a pensar en qué se gastan los billetes que nos exprimen en ese alquiler de vida que son los impuestos). De golpe se convirtió en la primera vuelta y todos decidieron jugarla como la final de la Libertadores, no como un partido de pretemporada en el que todavía les duelen las várices por los kilos que se subieron por el pan dulce, la sidra y la garrapiñada de las fiestas.

Cómo viene la campaña
Hacía mucho que la cosa no estaba tan polarizada. Ya sabemos que los argentinos vivimos todo en blanco y negro (sobre todo a la política) pero después de décadas con la rivalidad entre radicales y peronistas, hoy llegamos a una elección donde ninguno de los principales candidatos a presidente ha salido de ninguno de los dos partidos (porque el Capitán Beto sólo ha tenido algún cargo electivo en la época que militaba liberalismo con el calvo de ojos desorbitados que supo ser superministro, mientras Gatricio armó su partido y empezó a ganar elecciones).
No hay dudas de que una democracia se hace con todos (ya parece un spot de Fernández bis), pero hay muchos que participan bastante de onda. Pensemos por ejemplo en el Hombre de las Sandalias y el Gaucho del Clóset, que venían a ser la opción superadora y están cortando clavos para ver si superan el 10%. Ni hablar de Esperm, que apuesta a un tener 5% para negociar un paso al costado para meter algún carguito para sus chicago boys; o Nico Sin Baño, que con meter un diputado en el Congreso se siente un bolchevique entrando al Palacio de Invierno; estos son como los que juegan en la UCFA para despuntar el vicio y comer asado con los amigos.
Hay que agradecer que este trajín ya se va acabando, porque si no se llegaba a este entretiempo iban a terminar todos desgarrados. La pausa hasta octubre va a ser lo suficientemente larga para recuperar energías, corregir parte de la estrategia y meter los cambios que haga falta, porque si los números están tan ajustados como dicen (con 80% de intención de voto entre los dos de arriba) a cualquiera le hace falta sólo un puchito para llegar al mágico 45% que permita ganar de un saque en primera vuelta.

Y cómo sigue
Para esta semana hay que esperar a artistas y científicos haciendo campaña por el Capitán Beto (el guitarrista sensible, como si no lo hubiésemos visto ya a Amado tocando la viola en la campaña de 2011), por un lado, y videos editados sobre el pasado del kirchnerismo o con la Heidi de Hierro hablando con convicción de la gestión (que todos recuerdan fue el gran envión para las PASO de hace dos años, cuando  cruzó a Brancatelli y lo dejó peor parado que Willy Caballero en el gol de Croacia). En ese sentido, nada nuevo bajo el sol.
Usted sabe bien, amigo lector, que al final de cuentas todo esto es política. Unos y otros son más parecidos que lo que dicen, como Boca y River, que son súper rivales hasta que se juntan para arreglar los derechos de la tele y dejan a los chicos con menos plata que alcancía sin estrenar. Eso sí, aunque sean parecidos la gente elige ser hincha de uno u otro, porque no les da lo mismo ponerse cualquier camiseta.
A una semana de que termine el primer tiempo, que cada cuadro juegue a la polarización como le guste: cleptocracia o democracia, choripan o sushi, republicanismo o autoritarismo, nueva trova cubana o Tan Biónica, oligarquía o pueblo, Coca o Pepsi. A esta altura del partido, con el desgaste que significó esa tensión, lo único que queda pedirles es que traten de que los que ponemos el voto no seamos los que únicos que terminemos perdiendo por goleada.