Córdoba en el archivo del cónsul inglés (Primera parte)

La publicación del libro de Woodbine Parish “Buenos Aires y las provincias del Rio de la Plata”, traducido al castellano en 1852, estaba destinada a ser una “versión oficial” de la historia, escrita por un súbdito que era, además, representante diplomático de Gran Bretaña.

Por Víctor Ramés
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Retrato de Woodbine Parish en 1818, seis años antes de venir a la Argentina.

Dentro de la literatura de viajeros ingleses que visitaron este país desde el siglo XVIII y durante el XIX, el caso del libro de Woodbine Parish Buenos Aires y las provincias del Río de la Plata constituye un caso particular. En primer lugar, porque su autor no fue alguien en tránsito hacia otra parte, que apuntaba hechos de la naturaleza, sociales o económicos a los que asistía mientras atravesaba este territorio. Mucho más que un transeúnte, WoodbineParish (1796-1882) fue el primer cónsul británico ante las Provincias Unidas del Río de la Plata, donde residió entre 1824 y 1832. Desde ese puesto privilegiado de observación de la política (y de la economía y la sociedad) que se tejía en sus años de radicación en Buenos Aires, Parish no solo fue un espectador, sino un actor con poder en el campo diplomático, representando los intereses de su país. Y sobre esas bases, escribió un libro.
La lectura del libro conecta distintos momentos históricos: en primer lugar, el de la propia permanencia del autor en las Provincias Unidas entre 1824 y 1832; luego, el de la publicación original del libro en Londres en 1838; y por último el de su traducción y edición en castellano en 1852.Muchos de los datos contenidos en el libro fueron, antes de tomar esa forma, parte de informes elevados al gobierno británico por Parish durante sus años de residencia en Buenos Aires. Al ser publicado en inglés, el libro pasó a abonar el imaginario y el ansia de lectores y lectoras por saber sobre “lugares exóticos”,estimulados por la literatura sobre viajes que hacía furor en la época. Y, por último, su traducción y edición en Buenos Aires, dirigida al público lector del país huésped veinte años después de la partida de WoodbineParish de regreso a Londres, toma la forma de un hecho político local. El libro vino a ocupar el lugar de un manual sobre la Argentina cuyo relato favorecía el papel de Buenos Aires y el del rosismo, en una versión de la historia que se decidió imponer como oficial.
Parish había conocido a Rosas por quien tomó simpatía, así como por su política centrada en el fortalecimiento de Buenos Aires sobre el interior, mientras tenía a menos el proyecto de Urquiza orientado a una construcción provincial que contrapesara el centralismo porteño. Tras la partida del diplomático inglés, el poder de Rosas se asentó. Y hacia el fin de su hegemonía, la edición del libro traducido del inglés al castellano por Justo Maeso y “aumentada con notas y apuntes”, quedaría como una herencia de la ideología autonomista, después de Caseros.
Por lo expuesto, y a diferencia de otros libros donde la provincia y la ciudad de Córdoba aparecen relatadas a través de los ojos y las experiencias del viajero, el de WoodbineParishcarece de la proximidad, de la presencia, del detalle. Le dedica a Córdoba parte de un capítulo, pero se trata de una compilación de datos y no de un relato presencial. El propio Parish, en su extenso prólogo a la obra traducida, dice al referirse a la información recabada sobre las “Provincias arribeñas, ó provincias situadas hacia el Oeste del rio Paraná”, de las que formaba parte Córdoba, lo siguiente:
“Cuando arribé á Buenos Ayres, esperando obtener algunos informes estadísticos sobre las provincias del interior, escribí directamente á sus diversos gobernadores, y me asisten razones para creer que bajo tales circunstancias, se hallaban sinceramente dispuestos á corresponder á mis deseos. Recibí al efecto las más corteses promesas, pero exceptuando los de Córdoba, la Rioja y Salta, reconocí que los demás se encontraban completamente inaptos para comunicar cosa alguna de una naturaleza definida ó satisfactoria.”
Algunas referencias a Córdoba del libro de Parish pueden ser de interés a los lectores y lectoras actuales, como una serie de apuntes históricos elaborados a partir de fuentes disponibles. Al fin y al cabo, muchos viajeros que pusieron el cuerpo al paisaje y a los hechos cordobeses que presenciaban, pueden en ocasiones sonar tan distantes o apáticos como el texto de Parish. En ese sentido, la lectura de este se parece como un eco a la de tantos otros viandantes que pasaron por Córdoba. Dice el inglés en su libro:
“Viajando de Buenos Aires, después de pasar la posta del Fraile Muerto, sobre el rio Tercero, el aspecto del país principia á cambiar: presenta ya sus ondulaciones, y al fin se encuentra término al monótono paisage de las Pampas, por entre las que no se vé otro árbol más que uno que otro solitario ombú, alzándose como un marco gigantesco en aquellas llanuras interminables. El viajero se complace al fin en la vista de arboledas y bosques, que se van haciendo más densos cuanto más se aproxima á las sierras de Córdoba.”
Parish le presta una detallada atención al modo de transporte primario que recorre el camino del Oeste, de ida o de vuelta de los centros de comercio del interior con Buenos Aires:
“Es necesario formarse una idea de las pesadas carretas en que se hace ordinariamente el tráfico entre es tas Provincias, y en las que los frutos de todas las de arriba bajan á Buenos Ayres, y en que se transportan todos los efectos extrangeros que se requieren en cambio para el consumo de aquellas. Estas carretas son construidas en de su mayor parte en Tucumán de una madera en estremo dura de aquella Provincia, y cuestan unos cincuenta pesos fuertes ó diez libras est. cada una. Sus ruedas, que algo tienen de zancos, y sus yuntas de bueyes separadas á una distancia unas de otras, tan notablemente característico del país, indican las eventualidades á que están espuestas; la gigantesca altura de las ruedas es absolutamente necesaria para mantener los efectos conducidos á una altura suficiente para que pasen en seco por sobre los ríos, pantanos y bañados que tienen que atravesar; y las prolongadas cuartas son igualmente precisas en el paso de unos y otros, á fin de que los bueyes delanteros puedan atravesar y llegar á tierra firme, para tirar mejor de esta manera álos de atrás, y á la carreta, hasta cruzar á la parte opuesta.”



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