Ideas de Alberto, más pindonga que Keynes

En 1989 la situación económica era terminal. No hace falta listar aquí las plagas que la azotaban. En 2019, aunque con enormes dificultades, parece haber una luz al final del túnel, con una relativa estabilización del peso, equilibrio fiscal y alza en las exportaciones. E

Por Pablo Esteban Dávila

La pregunta sobrevuela el análisis político: ¿porqué Alberto Fernández dice lo que dice en materia económica? ¿Tiene algún plan maestro o es simple chapucería? Convéngase que sus últimas expresiones fueron, cuanto menos, extrañas. Sostener que el precio del dólar está atrasado y que, de llegar al gobierno, derivará parte de los intereses que actualmente pagan las Leliq a los jubilados es ingresar, cuanto menos, en una zona de riesgo.
No es preciso ser demasiado entendido para para concluir en tal cosa. Un dólar más elevado que el actual significaría deprimir todavía más los salarios reales, que son la base de la demanda. Si Fernández tiene como norte “sincerar” este precio, debería saber que la reactivación económica a través del consumo popular se hará esperar mucho más tiempo. Sucede lo mismo con las Leliq. Si corta a la mitad sus intereses, los inversores se pasarán automáticamente al dólar, incrementando su demanda y, por consiguiente, su precio, esto sin contar con la duda sobre si le pagarían o no a los ahorristas en estas letras. Es el mismo efecto que el anterior postulado: la divisa se encarecerá y los ingresos de los trabajadores se desplomarán. Es la Venezuela de Cristina.
De más está decir que Alberto es un hombre inteligente y que comprende perfectamente las consecuencias de ambos postulados, lo que retrotrae a las primeras preguntas de esta columna. Tiene que haber alguna razón para tanta superficialidad.
Algunos suponen que el candidato del Frente de Todos está intentando hacer la Gran Menem de 1989. Como se recuerda, antes de su victoria en las presidenciales de aquel año, el riojano envió a dos de sus diputados, Guido Di Tella y Domingo Cavallo, a los Estados Unidos con el fin de solicitar ayuda. Una vez en Washington, uno de sus emisarios declaró muy suelto de cuerpo que se venía “un dólar recontra alto” en la Argentina, lo que generó pánico en Buenos Aires y colaboró a precipitar la salida anticipada del entonces presidente Alfonsín tras la derrota de su correligionario Eduardo Angeloz el 14 de mayo.
Más allá que, muy probablemente, los efectos de aquella frase se encuentren sobrevalorados (la economía alfonsinista era un auténtico caos y la hiperinflación su sello distintivo, sin necesidad de ningún otro condimento), los teóricos de la conspiración la hicieron suya para demostrar que Menem quería hacerse del poder lo antes posible. Pese a nuestras reservas en tal sentido concédase esta virtualidad a este tipo de expresiones y, mutatis mutandi, adjudíquese similares propósitos a Alberto, esto es, debilitar todo lo posible a Mauricio Macri para asegurarse el triunfo, aun a riesgo de profundizar los actuales problemas económicos.
¿Tiene sentido? La verdad, no mucho. En primer lugar, Menem necesitaba hacer un ajuste draconiano y, en tal contexto, el dólar no podía ser dejado de lado. Nadie se hacía ilusiones sobre algún milagro. De hecho, esto es lo que hizo y, sorprendentemente, la población acompañó aquellas medidas. El caso de Macri es el inverso: el ajuste lo ejecutó -no obstante que tarde- el año pasado, con una devaluación del ciento por ciento y tasas de interés por las nubes. Alfonsín no pudo o no supo hacerlo cuando tenía tiempo. Si Alberto quiere correr al presidente por este lado mejor que se cuide del efecto bumerang porque, para mucha gente, lo peor ya pasó pero los problemas podrían regresar de la mano de otro gobierno K.
Esto lleva el análisis al segundo punto. En 1989 la situación económica era terminal. No hace falta listar aquí las plagas que la azotaban. En 2019, aunque con enormes dificultades, parece haber una luz al final del túnel, con una relativa estabilización del peso, equilibrio fiscal y alza en las exportaciones. En las postrimerías del gobierno alfonsinista los argentinos querían salir de aquella situación por los medios que fueren necesarios, pero esto no es lo que está sucediendo con Macri, a quien no se le han cerrado las puertas de otra oportunidad. Daría la impresión, lo hemos dicho en otras oportunidades, de que el tiempo que media hasta octubre traerá mejores noticias antes que peores, y que tal sensación debería producir cierto rechazo a las expresiones de Fernández que, como se ha visto, apuntan a la necesidad de continuar ajustando.
Además, y si se toman en cuentan los efectos de sus ideas económicas, el potencial desestabilizador del candidato no se advierte como muy significativo. Los mercados apenas sí se han movido (el incremento en el valor del dólar no fue significativo) y la prensa especializada se ha hecho un festín con sus paparruchadas. Es probable que, incluso, hayan sido tomadas como parte del desconcierto en el que ha ingresado la campaña de los Fernández y otra de las señales de que Macri está descontando distancia. No hace falta decir que, si el vicario de Cristina estuviera solo en la punta, las reacciones hubieran sido mucho más serias y en el sentido apuntado por los conspiradores.
¿Y entonces? Si lo que dijo no desestabilizó al gobierno (la Gran Menem), ni desbocó a los mercados, ni ganó la confianza de la prensa económica… ¿para que meterse en estos temas? La respuesta debería ser buscada en la denominada Navaja de Hanlon, un adagio que señala que “nunca atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez”. Es muy probable que Fernández haya ingresado en territorios desconocidos únicamente por estulticia y no por un cálculo malévolo. Es bastante claro que el kirchnerismo nunca tuvo propuestas económicas coherentes, excepto el saqueo de los derechos de propiedad cuando permaneció en la Casa Rosada… ¿por qué debería tenerlas ahora que está en la oposición?
Tal orfandad se nota especialmente dentro de una campaña de por sí caótica y sin un rumbo preciso. Esta suerte de fernandemics surgen porque no existe un referente económico identificable en el comando del Frente por Todos que releve a su candidato de hablar de los temas en los que conviene no ser taxativos. Guillermo Nielsen fue eyectado (ahora parece que ha regresado), Arnaldo Bocco no es, precisamente, un oráculo del cual fiarse y Axel Kicillof habla de economía cuando todos le piden que lo haba sobre la provincia de Buenos Aires. Lo cierto es que, pese a lo avanzado de la hora, no surge ningún especialista que colabore a erradicar las ideas parkinsonianas que, en la materia, exhiben tanto Alberto como Cristina, más cercanos a las teorías pindongas que al keynesianismo nominal que juran profesar.



3 Comentarios

  1. es impresionante como podes apoyar pagar interes espurios a los bancos y no considerar ni por un instante la posibilidad de beneficiar de algún modo a los jubilados,Alberto Fernandez no dijo nunca que «el» iba a poner un dolar mas alto,lo que dijo es que el dolar esta subvaluado ya que lo plancha el gobierno vendiendo los dolares que le da el FMI a cuenta y que hay que empezar a pagar el año que viene vaya a saber como,porque no creo que con el «Ahora 12» se pueda.
    El paralelismo con el menem 89 es livianito,y decir que el kirchnerismo no tuvo ni tiene ideas sobre economia es muuy tendencioso,que a vos no te gusten es otra cosa.

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