Experiencia trascendente

A través del testimonio que brindó el productor estadounidense Joe Blaney durante el seminario intensivo que brindó en Córdoba, podemos hacernos una idea de cómo fueron registrados los demos que aparecieron reunidos en “Originals”, el álbum póstumo de Prince que salió hace algunas semanas.

Por J.C. Maraddón
[email protected]

Entre toda la información que bajó el productor estadounidense Joe Blaney durante el seminario intensivo que brindó el sábado pasado en Córdoba, quizás uno de los momentos más destacados fue cuando se refirió a su trabajo para Prince, el descollante solista fallecido hace tres años. Blaney relató cómo fue convocado por el músico en 1987 para acompañarlo en la producción musical, tarea a la que Prince se había abocado casi sin ayuda hasta ese momento, pero en la que ahora quería contar con alguien externo, porque desde su álbum “Purple Rain” de 1984, no había vuelto a alcanzar un suceso similar.
Y es que el disco doble “Sign o’ the Times” puede ser considerado como una obra maestra, dentro del descomunal legado de Prince, pero su misma extensión le impidió ser un fenómeno de ventas. Sólo el single “U Got the Look”, en el que estaba acompañado en coros por Sheena Easton, tuvo un notable desempeño en el Hot 100 de la revista Billboard, donde llegó hasta la segunda posición. Separado de su banda The Revolution y tan solo con la colaboración de la percusionista Sheila E, Prince se había recluido en un limbo creativo que satisfacía su ego pero que no le reportaba réditos monetarios acordes a sus expectativas.
Es en esas circunstancias que decide recurrir a los servicios de un ingeniero en sonido de renombre como Joe Blaney, a quien apenas llegado y sin que el dueño de casa siquiera viniese a saludarlo, lo pusieron a mezclar una cinta de un demo en los flamantes estudios Paisley Park, propiedad del artista. Según el mismo técnico relató en su charla del fin de semana en el Centro Cultural Córdoba, pasó largas horas intentado darle forma a un material surgido de una especie de improvisación, en la que apenas se escuchaban algunas voces de tanto en tanto.
Después de tan arduo esfuerzo, Blaney se retiró al hotel, donde recibió una llamada en la que le contaban que Prince había quedado muy conforme con su mezcla y que necesitaba que de inmediato empezara a hacer lo mismo con otro demo. Esa labor, en la que el productor se dio el lujo de compartir jornadas de estudio a solas con Prince, modeló algunas de las pistas que formaron parte del malogrado “The Black Album”, cuya salida fue postergada hasta siete años después, y de “Lovesexy”, un disco aparecido en 1988 que, pese a la voluntad del músico, no fue ni por lejos un best seller.
De las anécdotas que compartió Joe Blaney durante su visita a Córdoba, puede reconstruirse un retrato de ese Prince ochentoso, enfrascado en un delirio compositivo sin pausas, sumido en caprichos instrumentales de alto vuelo y capaz de un despliegue vocal que parecía no tener límites. Blaney fue muy elogioso al describir esa utilización de la voz como algo que nunca había escuchado antes ni nunca escucharía después. Pero confesó que su experiencia junto a Prince tuvo aristas que lo defraudaron, como cuando el cantante se apropiaba de la consola y volvía sobre sus pasos, para desempeñarse otra vez como su propio productor.
A través de ese testimonio, podemos hacernos una idea de cómo fueron registrados los demos que aparecieron reunidos en “Originals”, el álbum póstumo de Prince que salió hace algunas semanas. Esas canciones, compuestas y grabadas por él en condiciones probablemente parecidas a las descriptas por Blaney, terminaron formando parte de discos de Sheila E, Martika o The Bangles, entre otros. Y ahora, como una especie de tributo, son recuperadas en su versión original, como souvenirs de la etapa más gloriosa de un talento musical que, de esta forma, demuestra que puede trascender a su propia muerte.



Dejar respuesta