Rizzo, Biró y los pilotos patean contra su propio espacio

Los esfuerzos de amplios sectores del kirchnerismo se ven afectados por la incontinencia de algunos personajes que asoman la cabeza para gritar verdades que los alejan de los votantes.

Por Javier Boher
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Hay cosas realmente incomprensibles: mientras gran cantidad de gente trabaja y apuesta al regreso del kirchnerismo al poder, muchos interesados en que eso ocurra no pierden oportunidad para meter la pata y alejar aún más a los votantes que en algún momento decidieron darle la espalda a Cristina Fernández de Kirchner y su espacio.

En algunos casos lo que se aprecia es una naturalización de la prepotencia como forma de hacer política, que esta semana quedó en evidencia con la actitud de los pilotos de Aerolíneas Argentinas leyendo sus comunicados de protesta al finalizar los vuelos.

Siempre vale la pena una aclaración: cada sector o grupo de trabajadores está en todo derecho de reclamar por sus ingresos, siendo colectivamente la forma de obtener mejores resultados. Incluso si ganan comparativamente más que otros pilotos, reclamar no tendría nada de malo.



El problema aquí es involucrar a los usuarios que pagan sus sueldos, no solamente al comprar un pasaje, sino también a través de sus impuestos. La actitud de leer su comunicado a bordo es una evolución respecto a los paros y asambleas que generan pérdidas, atrasos y molestias a quienes dependen del correcto funcionamiento del sistema. Sin embargo, expresar su malestar ante un público cautivo al que no le interesa su reclamo es absolutamente ilógico, especialmente a semanas del primer choque electoral, con un escenario que se anticipa reñido.

No hay dudas del espacio que pretende defender Pablo Biró, el titular del gremio de pilotos. Hace poco más de tres meses se conoció un video en el que arengaba a su tropa: “Enfrentemos a este gobierno y ‘volteemoslo’”. Tal vez no sea un desinteresado defensor de los derechos de los trabajadores, sino un militante del retorno de la bonanza y los privilegios a costa de los contribuyentes.

El problema al que se enfrentan los dirigentes de gremios predatorios y aristocráticos como APLA (o Luz y Fuerza y SUOEM en el caso cordobés) es que lo que deben defender en el frente interno para mantener la cohesión es lo que los deja mal parados frente a la opinión pública, que es la que en última instancia puede renovar el mandato de los patrones recortadores a través del sufragio.

La acción de los pilotos ha encontrado rechazo fuera del núcleo duro de adherentes a la desastrosa gestión kirchnerista de Aerolíneas Argentinas, que la condujo bajo supuestos de una ineficiencia económica disfrazada de ejercicio de la soberanía aérea.

La fábula política sobre la que se sostiene gran parte del ideario kirchnerista niega las más elementales leyes de la economía (como bien quedó demostrado en el flojo papel que hizo el exministro Kicillof al ser interpelado por Virginia Gallardo) y las restricciones políticas de un sistema democrático en el que se deben atender diversas demandas, muchas veces incompatibles.

La máxima muestra de esa incomprensión es cuando el actor Raúl Rizzo confirmó los dichos que un conductor de un canal de noticias dijo haber interpretado sobre su participación en un programa previo. Básicamente el actor aceptó haber dicho que si gana Macri el país va rumbo a una guerra civil.

Quizás se hayan magnificado sus dichos, porque no lo presentó como una voluntad de hacer explotar todo, sino que fue su diagnóstico ante lo que considera una política económica que genera pobreza y exclusión, como si la Argentina de 2019 fuese la Rusia de 1917 o la Cuba de 1959, no un país en el que los pilotos pelean por ganar entre $200.000 y $500.000 a costa de los impuestos que trabajadores que no llegan a fin de mes cuando compran un paquete de fideos.

El razonamiento de Rizzo se presenta errado en múltiples dimensiones. En primer lugar, parte del supuesto de que la inmensa mayoría quiere que vuelva el gobierno anterior. Si no, ¿por qué explotarían ante un triunfo de Macri?.

En segundo lugar, supone que la gente estaría dispuesta a romper el orden constitucional y tomar las armas para reclamar por sus carencias, incluso a costa de su vida, en lugar de usar los canales institucionales que están abiertos a todos.

Biró y Rizzo dejan en claro que la convicción de vanguardia iluminada y revolucionaria es un pensamiento recurrente entre los que se resisten a entrar en el siglo XXI. Muchos militantes siguen aferrados a la idea de que son los únicos portadores de la verdad absoluta, incluso cuando con eso afectan el paciente esfuerzo de algunos compañeros que tratan de reconquistar a los que nada tienen que ver con todo eso.



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