Vida cordobesa del hermano Tomás, el médico (Primera Parte)

De los treinta y ocho años en que el inglés Thomas Falkner, misionero jesuita, ejerció el arte de curar, fue herbolario, describió las tierras del sur, sus especies y los pueblos nativos del territorio argentino, de 1730 a 1767, Córdoba fue su asiento durante casi una década.

Por Víctor Ramés
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Ilustración al pie del mapa de Sudamérica incluido por Thomas Falkner en su libro de 1774.

A veces se apropia uno del relato, pero en este caso hay que escribirlo como lector, ya que estas líneas centradas en un autor invitan a detenerse más de lo habitual en la biografía de este. Para eso hay que leer lo que otros escribieron a su vez sobre ese autor. Y gracias a esas lecturas estas notas se demoran más en la vida del inglés Thomas Falkner -quien fue muchas cosas, entre otras viajero y explorador-, que en su obra Descripción de la Patagonia y de las partes adyacentes de la América Meridional, publicada en el año 1774 en Londres. Bajo el título de ese libro en el que registra la geografía, la flora y la fauna, y los pueblos naturales que habitaban el sur bonaerense y norte patagónico, ponía: “En base a una relación del Fr. Falkener, un Jesuita que ha residido entre ellos treinta y ocho años”.
Thomas Falkner, sin embargo, no pasó por Córdoba como tantos viajeros lo harían más tarde, como por un punto más del camino hacia las hipnóticas minas peruanas, anotando de paso en su libreta algunas páginas sobre la ciudad y la provincia. Tuvo con La Docta una relación más estrecha que la de un viajero. De hecho, permaneció algunos años en esta capital y volvió a ella con cierta frecuencia. Como él mismo escribe en su obra, refiriéndose a Santa Fe y a Córdoba, “he caminado por entre estas dos ciudades, igualmente que por entre ellas y Buenos Aires, cuatro veces.” Pero siempre sus viajes lo traían por largos plazos. Por otra parte, Córdoba fue su última residencia antes de partir, por razones históricas de peso, de regreso a Inglaterra.
La figura de Falkner es la de uno de esos personajes que no se borran fácilmente de la historia, por su gravitación, por sus aportes, por su modo de habitar los años que le tocó vivir, de los cuales los de sus aportes decisivos transcurrieron en estas tierras sudamericanas.
Falkner -también registrado como Tomás Falconer o incluso Falcone, en algunos documentos- viajó a Sudamérica y arribó a Buenos Aires en 1730 donde, debido a una dolencia que lo dejó postrado, quedó a cuidado de los padres jesuitas. Para cuando estuvo recuperado y pese a provenir de una familia calvinista, ya había decidido abrazar la fe católica y su obediencia a la Compañía de Jesús, en 1732. Debido a esto Córdoba se convirtió en su ciudad de residencia mientras realizaba su probación religiosa en el Colegio Mayor. El joven no era como cualquier otro estudiante. Había nacido 27 años atrás en Manchester, y era ya un reputado cirujano formado en Londres, que había aprendido desde joven los secretos del arte de curar junto a su padre médico y boticario. Mientras permaneció en Córdoba desde su primera estadía ejerció la medicina de manera incansable e incluso abrió la primera botica que se conoció en esta ciudad. Esos hechos han sido pacientemente establecidos por el padre Guillermo Furlong, uno de sus grandes biógrafos, de cuya obra abusamos en este tramo del relato.
Furlong se remite a su vez a otras autoridades, como los jesuitas contemporáneos de Falkner y asimismo al historiador de la medicina Félix Garzón Maceda, para hablar de la vida de Falkner en Córdoba. Cita por ejemplo al padre jesuita José Peramás, quien se refiere la gran “pericia en el curar, de la cual eran testigos los pobres y los ricos de Córdoba del Tucumán, que durante tantos años y gratuitamente habían disfrutado de ella”. Y también acude al citado historiador cordobés:
«El Dr. Félix Garzón Maceda en su voluminosa y eruditísima obra La Medicina en Córdoba afirma que Falkner “ejerció en esta Capital su doble apostolado, de sacerdote y de médico, alcanzando gran popularidad; era aquí muy querido y muy respetado. (…) Al P. Falkner se deben—añade el mismo historiador—algunos antecedentes sobre el origen de la viruela, entre nosotros. Según el respetable médico, la viruela fue importada a las provincias de Cuyo por los capitanes españoles que pasaron de Chile a fundar pueblos y disputar el dominio de los que habían venido por el Tucumán”.
El Dr. Garzón Maceda ha sido el primer historiador que ha publicado un curioso fallo de Falkner, pronunciado a petición del alcalde de Córdoba y con motivo de un pleito promovido por D. Félix Cabrera contra el Dr. Manuel Martínez de los Santos, en el que se objetaba por él primero el alto precio de unas drogas y el de los servicios médicos prestados por el segundo.»
También refiere el padre Furlong el aporte de Garzón Maceda sobre las dotes botánicas de Falkner, quien fue “un herborista célebre”, agregando que en la Historia de los Abipones, “publicada en Viena en 1784 por el P. Martín Dobrizhoffer, se describen 96 plantas a base de las noticias recogidas personalmente y datos suministrados por el P. Thomas”. Falkner le dedicó muchas horas al estudio y descripción de las plantas de las sierras cordobesas, y Furlong aporta de otras fuentes el siguiente apunte:
“Otro compañero de Falkner, el santiagueño Gaspar Juárez, escribía en 1787 a Ambrosio Funes estas líneas encomiásticas: “de las (plantas) -medicinales hay allí (en las sierras de Córdoba) tantas, que decía el célebre médico Tomás Falconer que con las que él conocía podía curar toda clase de enfermedad, sin necesitar otro remedio de las Farmacopeas europeas.”
Luego de su ordenamiento como sacerdote, en 1738, Thomas Falkner partió a evangelizar en un vasto territorio. Dice Furlong: “Como misionero y médico recorrió Falkner las provincias de Santiago del Estero, Tucumán, Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y la Patagonia”, lo que hizo entre 1740 y 1744. En sus recorridos “No cabe duda de que en diversas jiras apostólicas recorrió las sierras de Córdoba y Yacanto”.
En lo que respecta a su siguiente período de residencia en la ciudad de Córdoba, esto ocurrió luego de sus viajes por la Patagonia y hasta el fin de su estadía en América del Sur: “desde 1760 o 1762 residía Falkner en el Colegio Máximo de Córdoba y tenía, a lo menos en los últimos años de su vida en tierra argentina, el cargo de médico de dicho colegio, de la universidad y del colegio de Monserrat.



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