¡Qué política pindonga!

Con la clásica empatía que la caracteriza, la expresidenta tuvo destacables palabras para referirse a las segundas marcas con las que la gente trata de hacerle frente a la macrisis.

Por Javier Boher
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¡Feliz día del amigo, ídem lector! Este fin de semana tuvimos la suerte de celebrar con los amichis esos años de acompañarnos en las buenas y en las malas, con aciertos y errores, como pasó con Alberto y Cristina, Macri y Pichetto o Duhalde y Alfonsín Jr. ¿Alguien duda de lo mucho que se quieren?.
Una fecha tan hermosa como el día del amigo es odiada por el militante progre, básicamente porque se celebra el mismo día en que Estados Unidos llegó a la Luna. Como acá ninguno se quiere dejar colonizar por una nación liberal como esa, quizás prefieren celebrarlo el día que el soviético Brezhnev se chapó al presidente de la Alemania comunista Honecker, más a tono con la utopía socialista que desean.
Ojo, que esto es lo que se intuye de lo que fue la acción de gobierno del kirchnerismo, que es totalmente distinta a la propuesta del kirchnerismo para superar al macrismo y volver al país del kirchnerismo.
Parece difícil de entender, pero lo deja muy claro el Capitán Beto cuando afirma que lo malo del kirchnerismo es de un pasado en el que él no estuvo, y que hoy es candidato del kirchnerismo para tener futuro volviendo al pasado, pero sin cometer los mismos errores de cuando él no estuvo. Dos contorsiones más y Susana Giménez lo lleva al programa para que haga el truco de meterse en la caja de vidrio.
Además, ¿cómo va a ser verdad que proponen un régimen soviético, si el sábado en Mardel la Aforada de Recoleta dejó bien claro que El Mini Sandro economista ha sido siempre un defensor del capitalismo?. La santidad de su palabra debería alcanzar, como la de esas brujas que te curan por un paquete de puchos.
El chiquitín que quiere desbancar a la Heidi de Hierro en Buenos Aires asintió siempre, aunque en su gestión puso un cepo más fuerte que planchazo del Quique Hrabina y precios máximos que dejaban las góndolas con más huecos que la cara del amigo de Pity Álvarez. Ese capitalismo de matriz diversificada y redistribución de la riqueza kicillofeana que se parecía más a una economía planificada y pujante como la cubana que al anárquico capitalismo primermundista.
En su presentación Cristina hizo referencia la película alemana “Good Bye Lenin”, con algún error en la interpretación de la trama, algo absolutamente comprensible para una exitosa abogada que está demasiado preocupada por las carencias de su pueblo.
Se la nota tan preocupada porque ese paralelismo cinematográfico fue para ejemplificar los consumos de los que cargan con el peso de la macrisis en la espalda. En una economía extranjerizada y concentrada como la de nuestro país, salió a defender a las primeras marcas (¿será que con ella ganaban más?) en lugar de las marcas “pindonga” y “cuchuflito”.
No me voy a cansar de repetirlo, amigo lector: muy buena la estrategia de decirle a la gente que son unos muertos de hambre y que comen bosta para poder estirar unos billetes con menos poder adquisitivo que los del Estanciero. Extraña forma de empatía la de la ex presi.
Gran mensaje también para las PyMES que dan trabajo y sobreviven con más dificultades que Cacho Castaña. Se aferran a la esperanza con los nudillos, porque ya se comieron las uñas y la primera falange de los nervios por hacer cerrar los números, todo para que les tiren en la cara que sus marcas son de cuarta. Que cruce los dedos para que esa gente haya estado comiendo algo por el día del amigo, porque esas declaraciones son más fuleras que striptease de Alberto Samid.
No crea que lo mío es personal con la señora, amigo lector, no sea cosa de que me venga a buscar el Capitán Beto para gritarme un rato y enseñarme de qué manera se debe hacer humor político. En general, sean políticos Nac&Pop o cambiemitas con bronceado de esquiar y sin corbata, los que se pelean por los cargos son todos bastante pindongas (con algo de suerte capaz hay algún que otro cuchuflito).
En un país de segundas marcas dirigenciales, ya tenemos que los productos no son como eran antes: el radicalismo es como el alimento láctico que nombró la Aforada, que hay se bajó el precio diluyéndose un poco; el peronismo está como la conocida cadena de tortas, que se repartió en quichicientas franquicias de distintos nombres y colores, todas reclamando ser la papa-papa.
Con esa devaluación política, en la que ya no hay ideas sino cuenta de twitter para el perro de Alberto o videos del presidente frotando el tujes contra el lavadero automático de trenes, hay que agradecer que son pindongas y cuchuflitos que están apenas por encima del cianuro o el paratión.
A estas cosas hay que hacerles frente, estimado. Después de tanto tiempo de estar como los desahuciados de los que habla la viuda del Nestornauta, la gente ya empezó a levantar la mira en busca de calidad. Quizás todavía traga pindonga y cuchuflito porque no hay otra cosa, pero ya puso la vista en qué es lo que espera comerse cuando se recuperen un poco las cosas.



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