Consumo e inflación: un partido que se juega por décimas y en ‘19 ya se perdió

Con dólar estable y tarifas planchadas, junio marcó un alza de precios de 2,7%, señal de cuánto pesan las expectativas en la Argentina. Cuando se pensó que lo peor en caída de consumo había pasado, junio registró otro descenso muy fuerte en alimentos. Al dólar lo controlará el Central que tiene con qué y las reformas de fondo deberán esperar.

Por Gabriela Origlia

El número -2,7%- de junio fue el más bajo de la inflación desde diciembre pero es inquietante. Se registró en un mes donde el dólar incluso bajó y las tarifas no se movieron. También estuvo a pleno el programa Precios Esenciales (unos 60 alimentos con precios congelados hasta después de las elecciones). Es decir, el combo alcanzó sólo para perforar el piso del tres por ciento mensual. Es algo, pero muy poco y una señal clara de que habrá que esperar al próximo año (con este u otro Gobierno) para ver si se le encuentra vuelta al problema.
Hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) tiró la toalla y admitió que este año los precios en Argentina subirán en torno a 40%, muy lejos de las expectativas que tenía en 2018. Con todo, sus funcionarios expresan optimismo; no podría ser de otra manera, son los autores del programa que tiene en marcha el país al que le otorgaron el préstamo más grande que empezarán a cobrar en unos meses.
Terminados los tiempos electorales las tarifas de gas y electricidad -ya cerca de cubrir los costos de producción- volverán a actualizarse y todas las jurisdicciones tendrán que encontrar una salida para las del transporte que siguen siendo un conflicto abierto. La solución que Nación y gobernadores encontraron a los subsidios servía si los costos se estabilizaban y los precios de los pasajes continuaban su carrera; lo primero no pasó (incuso a comienzos de año hubo más inflación de la prevista) y lo segundo se evita en un año de elecciones.
Guido Sandleris, presidente del Banco Central, estimó que la inflación “está bajando y va a seguir sucediendo” aunque advirtió que “sigue siendo demasiado elevada” y agregó que “para alcanzar niveles de un dígito tenemos que seguir siendo consistentes y estrictos en la aplicación de nuestra política monetaria”.
Con la inflación pasa como con el consumo: es tal la necesidad de buenas noticias que una décima abajo o una arriba se leen e interpretan con excesos. Cuando ya parecía que lo peor había pasado, junio cerró con la mayor caída del año en las ventas de los productos de la canasta básica; la consultora Nielsen registró desmoronamientos interanuales en casos como lácteos, alimentos congelados y bebidas.
Según la medición de la consultora, la demanda de alimentos marcó un retroceso del 7,9% en junio respecto al mismo mes de 2018; el número fue peor incluso a marzo que se suponía no tendría competencia.
La medición coincide con la “desaceleración” de la inflación lo que demuestra que este año, salvo algunas mejoras puntuales, será para el olvido. El campo es el reservorio –una vez más- del optimismo. Por el resto, todo es un juego de décimas.
El Banco Central ratificó que tiene toda la artillería necesaria para dominar el dólar. Entre lo que estima que tiene para liquidar el complejo agro-exportador (unos US$12.000 millones) y las ventas diarias que hace la entidad (cuenta con unos US$6000 millones) podría mantenerlo estable el resto del año.
En lo que hace a las reformas, todo quedará para la próxima administración. La laboral, la previsional y la profundización de la impositiva. Sin todo eso, el déficit fiscal permanecerá al acecho. Hay que ganar competitividad si se quiere avanzar en la integración y se apunta a mantener la mejora de la balanza comercial lograda a fuerza de una devaluación que superó el 100% y de una recesión que planchó las importaciones.
A menos de un mes de las PASO –la gran encuesta nacional- hay cautela sobre qué priorizarán los votantes a la hora de elegir. Como siempre hay guerra de encuestas (la mayoría telefónicas lo que permite dudar seriamente de su valor) y de ese ruido sólo podría concluirse que hay final abierto. Ni la reelección de Mauricio Macri debe enterrarse ni hay números que permitan un festejo anticipado a sus seguidores.



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