Karma electoral para Hacemos por Córdoba

El revés electoral que sufrió la coalición oficialista provincial parece ser una revancha del universo por algunos polémicos cambios que impulsó en el pasado.

Por Javier Boher
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La influencia de las creencias orientales en nuestro país ha crecido con el correr de los años. Lo que en un principio permanecía recluido en pequeños círculos de creyentes fue pasando progresivamente al grueso de la población, que se apropió de algunas nociones. Una de ellas es el karma.

Desde la filosofía budista o hinduista, el karma es una especie de ley de retribución o de justicia divina, según la cual las energías universales serían las encargadas de restablecer el equilibrio o el balance natural. La política parece saber algo al respecto.

Ayer se conoció que el juez Bustos Fierro rechazó el pedido de Hacemos Por Córdoba para permitir la disposición de boletas presidenciales separadas de su tramo a diputados, lo que hubiese favorecido la combinación de partidos en detrimento del efecto arrastre.



La decisión del magistrado es un duro golpe para un espacio que supo usufructuar su dominio legislativo en la provincia para moldear las reglas según su necesidad.

A través de la reforma constitucional de 2001 logró unificar las cámaras de la legislatura (facilitando la la conformación de una mayoría legislativa que acompañe al ganador del ejecutivo), y con los sucesivos cambios a la boleta única de sufragio incorporada para las elecciones de 2011 se aseguró la redirección de la voluntad popular.

Las pujas por el confuso diseño de la BUS fue lo único que llevó algo de emoción o suspenso a una elección que se sabía cocinada desde bastante tiempo antes. El casillero de voto a lista completa junto a la foto del candidato a gobernador en la columna que corresponde a los partidos fue la maniobra que -pergeñada por los cerebros en diseño electoral- más resaltó en un mar de intencionales imperfecciones técnicas.

Quizás por eso ahora el karma le retribuye de esta manera a la coalición que retuvo sin problemas el gobierno provincial. La renovación de sus dos bancas en la cámara de diputados estará atada a la posibilidad de que los votantes cordobeses decidan no caer en la trampa de la polarización, algo que hasta ahora parece poco probable.

Pero ese no es el único motivo por el cual el universo conspira contra los representantes del pueblo justicialista de Córdoba: cuando el gobierno nacional alentó en 2016 la reforma política, la mayoría de los representantes cordobeses del entonces bloque massista decidió apoyar la iniciativa.

Aquella reforma se inclinaba por la implementación del voto electrónico, además de plantear otras cuestiones como la paridad de género o la posibilidad de dejar abierto el cargo de vicepresidente después de las PASO (lo que seguramente hubiese cambiado el panorama electoral de este año).

Los diputados cordobeses prefirieron sumarse al capricho tecnocrático de Marcos Peña y Adrián Pérez (Jefe de Gabinete y Secretario de Asuntos Políticos e Institucionales, respectivamente) en lugar de acompañar la BUS, el instrumento de votación más difundido en el mundo desarrollado. La iniciativa naufragó en el Senado, dejando todo como estaba, con la terriblemente arcaica boleta partidaria. Aunque este año la elección sea sencilla (porque solo hay dos tramos), los de boleta corta no la tienen fácil.

Quizás el aburguesamiento propio de quien domina a su antojo la legislación electoral del distrito que gobierna los hizo subestimar el riesgo de acudir a una cita como las PASO con una boleta corta sin candidatos mediáticos o populares que puedan llegar a convocar a los indecisos o indiferentes. La decisión no fue en sí errada, porque no se ata al techo que puede tener Lavagna (seguramente más bajo que el de un Massa respaldado por De la Sota en 2015) ni debe repartir lugares en las listas con cualquiera de las otras fuerzas políticas, aunque sí los expone a realizar un esfuerzo mayor al que esperaban.

Si la cosmovisión oriental tiene algo de cierto (algo de lo que un ateísta empedernido como quien suscribe descree), Hacemos por Córdoba está sufriendo las consecuencias de esa ley energética que es el karma. Quizás el universo ha determinado que llegó la hora de dejar en equilibrio lo que se desbalanceó en otro momento.



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