Aquellos viajeros del espacio

Si se les preguntaba qué iban a ser cuando fueran grandes, los niños de 1969 coincidían en mencionar una vocación que, por un cierto lapso, se puso de moda. Y es que no pocos afirmaban que querían ser astronautas, tras la conmoción causada por la misión a la luna de la Apolo 11.

Por J.C. Maraddón
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Cada época ha tenido sus prototipos de héroes y la imagen de esos personajes ha promovido sueños fantasiosos en las mentes infantiles, que se correspondían precisamente con el prototipo del ejemplo a imitar en cada momento. Sin embargo, más allá de la contemporaneidad, también han tenido que ver en estos fenómenos las modas impuestas a través de la industria del entretenimiento, que descubría y promovía estas inclinaciones según su propia conveniencia, aunque para lograrlo tuviera que rescatar íconos de tiempos pretéritos, y ponerlos nuevamente en circulación a través de películas, series de televisión o cualquier otro formato consumido por los niños. Los cowboys, una estampa perpetua de la conquista del oeste estadounidense, funcionaron siempre como una referencia universal para los juegos infantiles, aunque esa epopeya de dudosas características se haya verificado a lo largo del siglo diecinueve. El protagonismo del vaquero Woody en la saga de “Toy Story” confirma la vigencia de este modelo de personalidad heroica, que ha sido cautivante para varias generaciones, incluso en el contexto de culturas completamente alejadas del far west. Una abundante filmografía ha respaldado esta tendencia y ha mantenido en forma el estereotipo de ese pistolero que custodiaba el orden y la justicia, aunque de acuerdo a sus propias leyes. La Segunda Guerra Mundial dio nuevo ímpetu a otro ejemplar digno de ingresar en el imaginario infantil, por más que la corrección política haya venido a interponerse entre las armas de juguete y los niños. Durante un largo periodo, la figura del soldado representó un patrón de mucho arraigo en la niñez, quizás promovido por las respectivas oficinas de reclutamiento. Y no ha perdido actualidad la fascinación por los juegos de guerra, cuya preponderancia se traslada ahora a los artilugios tecnológicos que, gracias a la realidad aumentada, permiten situarse en el escenario bélico, sin moverse del living hogareño. Llegados a esa instancia fatal en que alguien les preguntaba qué querrían ser cuando fueran grandes, era muy difícil que los chicos del siglo veinte respondieran que aspiraban a convertirse en cowboys, porque se daban cuenta de que fuera del contexto de la ficción, se trataba de un perfil profesional sin salida laboral. Y en el caso de la carrera militar, aunque algunos podían mencionar que cuando fueran adultos podrían llegar a asumir el deber patriótico, la mayoría dimensionaba el peligro que entrañaba ese oficio y por eso lo descartaba como opción por fuera de lo lúdico. Sin embargo, los pibes de hace medio siglo coincidían en mencionar una vocación que, por un cierto lapso, se puso de moda. Y es que no pocos afirmaban que querían ser astronautas, tras la conmoción causada en sus mentes por la carrera espacial, que hace 50 años culminaba con el descenso de Neil Armstrong sobre la superficie lunar. Tan fantasiosa resultaba la posibilidad de viajar hasta ese satélite, que se tornaba irresistible para una niñez todavía ingenua y propensa a la fascinación. Lejos de las teorías conspirativas que hoy abundan en las redes, aquella humanidad confiaba ciegamente en las bondades del progreso. Así como después hubo personalidades vinculadas al universo digital que pasaron a ocupar el pedestal de las vocaciones infantiles, entronizando así la figura del nerd como alguien que merecía ser el paradigma de la época, a finales de los años sesenta todas esas virtudes recaían en el astronauta. Y aquí también acierta la trama de las cuatro “Toy Story”, que ubican al inefable Buzz Lightyear (“Buzz”por Aldrin, otro integrante de la Apolo 11) al lado de Woody, como una forma de reconocer que los viajeros espaciales también han sido héroes alguna vez. Y nada indica que, medio siglo después, no puedan volver a serlo, cuando se decida enviar naves tripuladas al infinito y más allá.



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