Salir indemnes de la fama

Es imposible no recordar las acusaciones de maltrato y abuso contra Joseph Jackson, el padre de los Jackson 5, al asistir al relato que ofrece el documental sobre los Parchís que está disponible en Netflix y que revisa, desde la perspectiva actual, cómo fue la meteórica carrera de este grupo infantil

Por J.C. Maraddón
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Desde los albores del siglo veinte, a partir del crecimiento que empezaron a experimentar ciertos sectores del negocio del entretenimiento, como el cine y la industria discográfica, surgió una casta privilegiada de figuras que, por el hecho de triunfar en la actuación o en la música, eran idolatradas por sus semejantes. Esa farándula, que en un principio estaba restringida a un círculo selecto, fue creciendo en volumen a medida que las películas y los discos proliferaban, diversificando la oferta de estrellas y, por ende, multiplicando las legiones de seguidores, que se proponían acercarse lo máximo posible a sus ídolos, de la manera que fuese. Llegados los años cincuenta, cuando el rocanrol se abrió paso entre los ritmos de moda para romper todos los moldes y establecer nuevos parámetros de consagración masiva, la cultura del fanatismo alcanzó un desarrollo nunca antes conocido. Y es que en este caso eran los adolescentes quienes pugnaban por demostrar su adoración por los astros rockeros, cuyo repertorio estaba justamente dedicado a ellos. Además, la imagen de los cantantes se presumía atractiva de por sí, lo que despertaba una efervescencia entre las chicas que se materializaba en los chillidos característicos que se oían durante las presentaciones en vivo. Bajo esas premisas, durante los años sesenta se consolidó ese estilo de vida que luego se identificó tanto con las rock stars: lujos, excesos y una potestad omnímoda sobre sus fans, que venían a ser algo así como la víctima sacrificial ante una deidad que era venerada por sus dotes musicales, pero también por su carisma y su belleza. Durante más de 50 años se ha extendido la vigencia de este modus vivendi, cuya aceptación estuvo consensuada, pese a que muchas veces esa raza de superhéroes rockeros vulneraba los pactos más elementales de la convivencia humana. Todo les estaba permitido. Como el rock se volvió un paradigma a imitar, las figuras de otros géneros empezaron a escalar los mismos peldaños para sumergirse en idéntico vértigo. El problema surgió cuando géneros como la música infantil comenzaron a copiar esos parámetros. Hacia 1968, una formación integrada por cinco hermanos varones afroamericanos de entre 10 y 17 años comenzó a ganar popularidad, gracias a sus eficaces canciones, que se enrolaban dentro del soul y el rhythm & blues. Los Jackson 5 asomaron como un gran fenómeno discográfico y eso hizo que el mercado, con sus ansias de lucro, desafiara normas tan básicas como la inconveniencia ética del trabajo infantil. Es imposible no recordar las acusaciones de maltrato y abuso contra Joseph Jackson, el padre de los Jackson 5, al asistir el relato que ofrece el documental sobre los Parchís que está disponible en Netflix y que revisa, desde la perspectiva actual, cómo fue la meteórica carrera de este grupo. Surgida en 1979 como un ensayo de laboratorio del sello español Belter, la banda nació a partir de un casting en que sus cinco miembros iniciales (dos niñas y tres niños) fueron estrictamente seleccionados según el criterio de los productores, que se basaron en el aspecto físico y en sus habilidades para cantar y bailar. Lo que el filme describe es una situación inusual en la que esta particular formación vivió expuesta a los bemoles de la fama, sin que (por lo que se afirma allí) hubiera mecanismos de contención pertinentes para artistas de tan corta edad. Desde un presente que los muestra adultos y reflexivos, son los mismos Parchís (juanto a quienes los rodeaban en aquellos años) los encargados de relatar cómo fue esa aventura caótica en la que un quinteto de infantes terminó envuelto en el torbellino de giras, discos, películas, programas de televisión y clubes de fans, del que ni siquiera los músicos profesionales tienen garantizado salir indemnes.



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