Inflación: ¿por qué en años impares es menor que en los pares?

En los períodos de elecciones se evitan ajustes, se realizan políticas expansivas para evitar o minimizar el ciclo recesivo y se eviten hacer las correcciones necesarias, sin tener en cuenta las consecuencias de corto plazo, principalmente, sobre los precios.

Un análisis de los datos de la inflación desde 2011 a hoy registra que en los períodos de elecciones legislativas y presidenciales (años impares), baja. “El fenómeno de recurrencia de los últimos años puede tener un elemento no económico que explique cierta dinámica, vinculado con la coyuntura político-electoral de cada año”, explica Martín Calveira, investigador del Área de Economía del IAE Business School de la Universidad Austral.
“En nuestro país la inflación se ha transformado nuevamente en un problema sustancial desde la segunda parte de la década de 2000, no olvidando y, al parecer, no habiendo aprendido de los traumáticos episodios de las últimas décadas del siglo pasado”, agrega.
Según su trabajo, se evidencia que la economía argentina continúa replicando los ciclos de volatilidad real y nominal desde, al menos, el último cuarto del siglo XX. Expansiones de cierta aceleración -muchas veces sesgadas desde el consumo y financiadas por capitales de corto plazo- se transforman en recesiones profundas con inflación (en el extremo llegando a niveles de hiperinflación) y volatilidad que luego deben ser corregidas a través de estabilizaciones de shock o, en otros casos, graduales afectando la distribución de la riqueza.
Agrega que, en paralelo, la política maximiza su estrategia para establecerse o continuar en el Poder Ejecutivo, resultando que en años de elecciones se eviten ajustes, se realicen políticas expansivas en aras de evitar o minimizar el ciclo recesivo y se eviten realizar (o continuar realizando) las correcciones necesarias, sin tener en cuenta las consecuencias de corto plazo, principalmente, sobre los precios”.
En esa línea, explica que esa dinámica se observa desde 2011: en años de elecciones legislativas y presidenciales (años impares), el crecimiento es mayor al de los períodos no electivos (años pares) en los cuales se establece un período de contracción de la actividad.
El análisis establece que en el 2011, lejos de aplicar una política de estabilización cambiaria y eliminar las distorsiones de precios en el marco del crecimiento del 25% del índice de inflación del 2010, “evitaron corregir los precios de los servicios públicos y se establecieron restricciones discrecionales sobre el mercado de cambios, convergiendo en el denominada ‘cepo cambiario’. Mientras que en 2012 las consecuencias de las restricciones cambiarias generaron fuertes tensiones y volatilidad financiera afectando la actividad económica y las decisiones de precios futuras”.
En 2013 -elecciones legislativas- el Gobierno continuó con sus políticas de restricciones cambiarias y evitó cualquier tipo de corrección y sinceramiento de los precios relativos domésticos; el 2015 determinado por las presidenciales no registró corrección de las distorsiones nominales. En diciembre se eliminó el cepo cambiario. En 2016 se anunciaron fuertes aumentos de las tarifas de servicios públicos a los efectos de comenzar a corregir las distorsiones de precios. El crecimiento anual de la inflación de ese año fue 36,1% con una contracción del PIB en 2,1%”.
En 2017 la incipiente política de corrección y estabilización precedente se suavizó. La inflación disminuyó marcadamente en 24,8% anual y el PIB volvió a crecer 2,7% interanualmente. En 2018, los incrementos de tarifas públicas (entre 25% y 30%), el fuerte ajuste fiscal y monetario en el marco del acuerdo con el FMI: la economía se contrajo 2,5% respecto a 2017, el tipo de cambio nominal se depreció en 101% anual y la inflación marco un récord de 47,6%”.
Resume respecto a este año: “Sí se gestionaron ajustes de precios y del tipo de cambio en un entorno nuevamente de tensiones nominales. Esto llevó a que durante el primer trimestre de 2019, la inflación se acelerara acumulando un 11,4%. A partir de abril, las tensiones cambiarias y de precios se están desacelerando en un marco de política económica con mayores grados de libertad y mejor calibrada, respecto a los períodos previos. Si bien depende del contexto, no se anunciaron mayores restricciones a partir del segundo cuatrimestre del año. Sin dudas, esto sugiere que la economía política ya tiene dominancia sobre el tecnicismo de la política económica. Hay que evitar disrupciones que direccionen decisiones del electorado”.



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