Campaña sin ofertas: solo corte y confección de boletas

La polarización y el tiempo determinan que las ideas se den por sobreentendidas o que, al menos, nadie las reclame enfáticamente. En su reemplazo surgen las maniobras tácticas que, originalmente destinadas a complementar los programas partidarios, cobran gran actualidad ante su falta de demanda.

Por Pablo Esteban Dávila

Podría suponerse que, dadas las cosas en juego, esta campaña electoral sería apasionante, única. Pero, hasta ahora y a menos de un mes de las PASO, las presidenciales parecen estar estancadas en una serie de tecnicismos que ocluyen el debate político, que es lo que verdaderamente se aguarda.
Puede que exista una razón estructural para la existencia de esta tensión de discursos mudos; simplemente, está casi todo dicho. Desde el momento en que Cristina Fernández nominó a Alberto Fernández como su presidente y que Mauricio Macri fichó a Miguel Ángel Pichetto para que lo secundase en su fórmula, la polarización se hizo más aguda que nunca, pulverizando cualquier intento de tercera vía. A los contendientes, en este escenario, les conviene esperar. Los kirchneristas, que la economía no mejore; el macrismo, que efectivamente lo haga.
El tiempo, ya se ha señalado en otras oportunidades, juega a favor del presidente. Muchos analistas -probablemente con más entusiasmo que datos- dan por hecho que la recesión ha comenzado a ceder y que, en lo inmediato, las buenas noticias superarán a las negativas. Es el pretexto que necesitan los desencantados para regresar al antiguo entusiasmo por el cambio y, con tal excusa, inclinar nuevamente la balanza a favor de Macri.
Los Fernández intuyen que esto está sucediendo y que no pueden hacer gran cosa para impedirlo. Están en una situación similar (aunque en un escalón electoral más elevado) a la que se encontraba Carlos Menem a mediados de 2002, cuando la crisis derivada de la devaluación y pesificación asimétrica arrasaba con salarios y expectativas. “Cuanto peor, mejor”, se rumiaba por entonces en el entorno del riojano, previendo una fácil victoria en las elecciones del año siguiente. No obstante las cosas mejoraron y, con tal alivio, las chances del expresidente por regresar a la Casa Rosada comenzaron a licuarse, así como sus motivos para reclamar el voto.
El paralelismo es inquietante, al menos desde la perspectiva de los K. El mejor expediente a mano de Cristina y Alberto es la continuidad de la macrisis (pícaro metaplasmo que resume los yerros económicos del gobierno) y que, sin ella, su campaña probablemente ingresaría en aguas de borrasca. Algo de esto puede que se esté verificando, con un Fernández a la defensiva y sin un discurso claro para aprovechar la actual coyuntura. ¿Habrá tenido razón Jaime Durán Barba al asegurar, tan pronto supo de la alquimia, que la decisión de la expresidenta “No sube el techo y baja el piso”? Si la economía se reactiva, incluso muchos de los ultras se sentirán remisos a votar a un candidato que sólo parece preocupado por diferenciarse de lo sucedido en el segundo mandato de su compañera de fórmula.
La polarización y el tiempo determinan que las ideas se den por sobreentendidas o que, al menos, nadie las reclame enfáticamente. En su reemplazo surgen las maniobras tácticas que, originalmente destinadas a complementar los programas partidarios, cobran gran actualidad ante su falta de demanda.
Una de estas maniobras es el diseño del cuarto oscuro. No desde la perspectiva edilicia, claro está, sino de la disposición y forma de las boletas que encontrará el elector al momento de seleccionarlas. Esto es de gran importancia en elecciones como las PASO en las que, dada su naturaleza, se supone que es una oportunidad para escoger diferentes candidatos dentro de una misma fuerza o coalición política.
Debido a que no hay internas presidenciales entre los principales contendientes, la gran disputa en todo el país se encuentra en los tramos anexos de diputados. Aquí coexisten dos situaciones: la de las fuerzas que, por diferentes razones, tendrán listas cortas (es el caso de los partidos de gobierno en Córdoba, Río Negro, Neuquén, Santiago del Estero y Chubut) y la de las líneas internas opositoras que no son autorizados por sus respectivos oficialismos a portar el tramo presidencial. En este último caso, la amarga disputa que sostienen en Córdoba Miguel Nicolás y Javier Fabre dentro de Juntos por el Cambio es ampliamente ilustrativo.
Tanto los impulsores de las listas cortas “puras” como los obligados a utilizarlas son conscientes del riesgo que corren. La polarización puede que les pase por arriba sin derecho al pataleo. Hasta ayer, los primeros sólo podían utilizar su prestigio para aventar este peligro (es el caso de los gobernadores no alineados) y, para el caso de los segundos, recurrir a la justicia para obligar a sus partidos a proveerles del presidente que les falta. Pero un insólito fallo de la justicia federal de Misiones puede que solucione de un plumazo estos pesares.
La jueza María Verónica Skanata, titular del juzgado federal de Posadas, ordenó ayer que todas las fórmulas presidenciales con listas completas presenten, no obstante, boletas cortas, una decisión que favorece al Frente Renovador del exgobernador Carlos Rovira, cuya situación es similar a la de Schiaretti. Es una resolución que, en los hechos, consagra un corte de boleta obligatorio, con las consecuencias que podría traer aparejadas. El precedente es música para los oídos de los candidatos de Hacemos por Córdoba.
De aceptarse esta tesitura -se espera un aluvión de apelaciones ante la Cámara Nacional Electoral- convivirían tramos de presidente y vice separados a la fuerza de sus diputados, con la posibilidad de que los electores confundieran masivamente los legisladores que habrían de acompañar a sus preferencias ejecutivas. Los planteos de Nicolás y Fabre se tornarían abstractos (deben de estar restregándose las manos) y las chances de las listas sin presidente subirían geométricamente, vigorizadas por la confusión, el eclecticismo político y, por que no, el involuntario voto en blanco. En las próximas horas, los apoderados habrán de volverse más importantes que los candidatos, un síntoma típico de una campaña ganada por la táctica.
Si es cierto lo que se dice, esto es, que el fallo fue dictado a la medida de Rovira, se trata entonces de una operación de corte y confección que despierta las ilusiones entre los entenados de las PASO. Pero también desespera a los presidenciables, que observan con horror de cómo sus espadas legislativas, indispensables para gobernar, pueden extraviarse en elecciones ganadas por la aleatoriedad y el desconcierto. Esto, por supuesto, no tiene nada que ver con la política sino con la teoría del caos. Y, no está de más recordarlo, el caos es otro de los nombres de la anarquía, la gran bestia negra del poder.



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