Lados flacos en campaña

En campaña nos ponemos reflexivos, imaginando escenarios alternativos y analizando las cosas flojas que se ven por ahí, un gustito que nos damos cada dos años.



Por Javier Boher
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Cuánta fiaca, amigo lector. Julio debería ser todo en ciclos de tres días laborables por cuatro de descanso, como la de la semana pasada. Es raro que todavía no lo haya prometido Del Caño, junto a un básico de $150.000. Yo por las dudas le dejo la inquietud, porque en una de esas pica y lo mete en la plataforma.
Las promesas de campaña se siguen multiplicando como vendedor ambulante de paraguas a la primera gota que cae en el centro. No falla nunca: a la primera posibilidad que tienen se ponen como adolescente libidinoso y te pintan un futuro maravilloso juntos. Seguro después te terminan clavando (en todos los sentidos que quiera ponerle).
Lo más llamativo de todo es que las promesas están relativamente aplacadas. La mayor parte de los mensajes son para pegarle al del frente, como cuando los hermanos se mandan un moco bien grande pero tratan de que al castigo se lo lleve el otro.
Ahora, sin ninguna duda, el slogan más flojardi es “cortá boleta”. Keegan repartiendo tijeritas Jovi en 2003 por lo menos le ponía un poco más de glamour a la mendicidad electoral de salir a vender una boleta sin tramo presidencial, que es algo así como querer vender una Barbie sin pelo. Será casi lo mismo, pero no lo es.
Ya que hablamos de pelo, no hay forma de no hacer referencia a la segunda cabellera más famosa de Córdoba, la de José Manuel De la Sota. Ese hombre sí que la vio antes que nadie, casi como un Steve Jobs político.
¿Se imagina si hubiese prosperado eso en lo que andaba hace un año atrás, tratando de cerrar filas con el kirchnerismo?. Hoy tendríamos un candidato con muchas más chances reales que el enculadizo Capitán Beto.
Con su gran capacidad de hacerse el dolobu no se hubiese enroscado con los periodistas como el titular de Fernández bis, sino que hubiese hecho algún comentario respecto a los cordobeses, la madre, sarasa y firulete.
Viéndolo a la distancia, capaz el comentario con el que la Mística Republicana quiso ayudar a Negri & Cía. en la previa del 12M hacía referencia al alivio de que Gatricio no tuviera que enroscarse en un mano a mano con un peronista de ley como el ex gobernador. Capaz DLS no ganaba, pero seguro le hubiese bajado el tono de gesta patriótica a la elección, en la que todos se creen los Vengadores salvando el universo contra Thanos.
Para cerrar esta primera parte, vamos a unir la boleta corta del Hombre de Campera roja y las historias del Hombre del quincho: en 2011 el cordobesismo se terminó cuando la Aforada de Recoleta arrasó en unas PASO sin oposición. José Manuel, más rápido de reflejos que Gusti Fernández en Wimbledon, bajó la lista y le regaló todos los diputados de las generales al kirchnerismo. ¿El actual gobernador mantendrá la suya con visos de neutralidad, o se pondrá vintage para reeditar 2011?. Como dicen en el póker, pago por ver.

Nacionales
En medio de los tironeos entre las fuerzas nacionales, algunas cosas llaman la atención. La primera es cómo se esconde Cristina Elisabet, que a cada rato va a visitar a Florchus, a la que los prestigiosos médicos cubanos hace dos meses no le pueden deshinchar los pies.
Sabiendo el nivel de adicción a las cámaras y la palabra, no hay asesor que la pueda tener quieta tanto tiempo. La señora es como un hiperkinético en misa, que no hay forma de que se banque todo el trámite sin meter la pata en algún momento, una bomba de tiempo esperando para detonar.
El otro que sigue dando la nota, pero con su versión de macrismo de La Salada, es el tigrense taimado. Ahora resulta que organiza cenas con gente común, que sería algo así como un timbreo con catering. No me puedo terminar de imaginar cómo funciona eso: si Massa paga la comida, es como los choris en el acto. Si lo paga la gente y es feliz cuando lo hace, son militantes, no del vulgo. Si son laburantes apartidarios y los hacen pagar la cena con la macrisis que hay, definitivamente se van a indignar de más políticos que se quieren aprovechar de ellos. Sumar con eso es más difícil que para un daltónico sumar con ábaco.
La última mención -aunque no sabría decir si de honor- va para el Chavo Aguad, que hizo igual que el personaje de Chespirito y siguió hablando cuando nadie le preguntó nada. Ser ministro de Defensa y minimizar un alzamiento militar es como ser defensor y hacerte un gol en contra. Además lo dijo después de hablar loas del republicanismo del difunto Chupete, que “antepuso las instituciones a sus intereses personales”, justo lo opuesto de lo que hicieron los carapintadas, que atentaron contra las instituciones por un interés personal. Hacete cargo de esa mano, Marquitos.
Se nos terminó el espacio, amigo lector. Así que lo voy a ir dejando para irme a hacer el sommelier de spots de partidos marginales en distritos periféricos (que con esto de las PASO se multiplican como moscas) un pequeño gusto que me puedo dar cada dos años. Se lo recomiendo.



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