Con think tanks propios, albertismo cultiva discurso k atenuado

El partido Parte, articulador de los intereses de Alberto Fernández en Córdoba, sumó a dos espacios destinados a ofrecer una variante moderada del discurso que durante la era k ofrecieron organizaciones como Carta Abierta, y a fungir como semilleros de cuadros técnicos ante una hipotética llegada al poder: el grupo Montevideo y el grupo Boulevard.

Por Felipe Osman
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Si algo resulta vital para la fórmula Fernández-Fernández -y particularmente para el albertismo, que en Córdoba es representado por el partido Parte- es convencer al electorado de que el Frente de Todos no es sólo una nueva presentación del kirchnerismo, emperifollado para sacar la atención del elector de la preeminencia de la Cámpora en las listas y de la presencia de CFK en el segundo escalón de la fórmula.
Ni siquiera alcanza, en realidad, con persuadir al votante de que el Frente de Todos es una evolución, una nueva etapa de kirchnerismo. Necesitan convencerlo de que existe en él una esencia diferente. De que el Frente de Todos es un espacio ideológicamente más amplio, cuyo gobierno estará -de llegar- dirigido por Alberto Fernández sin mayores condicionamientos del kirchnerismo duro, y que llevará adelante una gestión guiada por una ideología bastante más moderada. En pocas palabras, necesitan dotar al Frente de Todos de un discurso propio y conciliador.
Para hacerlo, claro está, no pueden valerse de los mismos espacios de los que se sirvió el kirchnerismo durante sus años en el poder. Una versión moderada de Carta Abierta no resultaría ahora creíble y, probablemente, quienes la integraron tampoco tengan demasiado interés en revisar posturas que tiempo atrás defendieron a ultranza. Por otro lado, el albertismo tampoco se sentiría identificado con el espacio que a nivel nacional lideró Horacio Verbitsky.
Es necesario valerse de nuevos espacios, y así como en Buenos Aires el Frente de Todos apadrina a “Agenda Argentina” como su nueva usina de intelectuales, en Córdoba el albertismo sumó al “Grupo Boulevard”, un espacio interdisciplinario integrado por intelectuales, académicos e investigadores cordobeses, que ideológicamente serían más cercanos al peronismo que al kirchnerismo duro, y que fungirían, en cierto modo, como un contrapeso de espacios similares más íntimamente identificados con el ala dura k.
Otro espacio que se ha sumado al albertismo en Córdoba es el “Grupo Montevideo”. Éste, a diferencia del Grupo Boulevard, se ha conformado más recientemente y responde a un perfil más técnico. Está compuesto, en su mayoría, por abogados y contadores recibidos de la Universidad Nacional de Córdoba, y por su naturaleza hay quienes ven en él un posible semillero del que el albertismo se nutriría para completar cuadros técnicos si, tras las elecciones, el Frente de Todos resultada vencedor.
Aunque la incorporación de estos espacios al partido Parte resulta muy reciente y sus armadores explican que aún no existen roles definidos y asignados a cada uno de ellos, parecería probable que terminen participando en la fiscalización “de segundo grado” que el espacio presidido por el ex legislador Enrique Asbert diseña para los próximos comicios, y que consistirá en una “fiscalización de la fiscalización”. Una suerte de reaseguro ante cualquier falla que pueda existir en la fiscalización llevada adelante por el resto de los partidos que integran el frente y que contempla un recuento paralelo de votos en tiempo real y el despliegue de una logística orientada a cubrir cualquier falla o imprevisto que pudiera existir en la fiscalización “primaria”.



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