Gremialismo K se subdivide hasta el infinito en la campaña

El albertismo, encarnado en Córdoba por el partido Parte, construyó su propia mesa gremial. El nuevo grupo, bautizado como G5, se suma al ya balcanizado sindicalismo k y empujará la boleta del Frente de Todos desde otro lugar.

Por Felipe Osman
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Sólo enumerar los espacios sindicales que impulsarán la boleta liderada por el binomio Fernández empieza a volverse una tarea engorrosa. Y no se trata de que de cada día se sumen nuevos gremios. En líneas generales, y con la excepción de Pablo Chacón, son los mismos que ya tomaron postura varias semanas atrás, lo que aumenta es la división.
Ya desde la carrera hacia la inclusión en la lista k las estructuras gremiales empezaron a mirarse de costado, y con la conformación final del tramo legislativo de la boleta la tensión llegó a su punto máximo. Sin un líder que por peso propio pudiera ordenar las pretensiones de cada aspirante a candidato la interna explotó.
Así las cosas, la campaña encontrará a cuatro estructuras sindicales haciendo campañas paralelas para el Frente de Todos: el “Movimiento Sindical para la Justicia Social y el Trabajo”, pata gremial k construida por Ilda Bustos dentro de la CGT Regional Córdoba; la CGT Rodríguez Peña, al servicio de los intereses de los Saillen; el sindicato de Comercio (Agec), liderado por Pablo Chacón; y ahora también el G-5, la mesa gremial del albertismo en Córdoba.
Este último grupo se integrará, como su nombre adelanta, de 5 gremios: Camioneros, el sindicato de Call Centers (ATACC) y el de porteros (SUTERyH), a los que se sumarían en los próximos días Smata y alguno de los sindicatos que integran el Movimiento Sindical para la Justicia Social y el Trabajo y responden a Raúl Ferro (Asociación Bancaria).
El armador detrás de este espacio es el ex legislador Enrique Asbert, presidente del partido Parte en Córdoba.
Los roles de estas estructuras gremiales en la campaña responderán a la filiación de cada uno de ellos. El Movimiento Sindical para la Justicia Social y el Trabajo, que impulsó sin éxito la candidatura de Ilda Bustos, abalaría el tramo presidencial de la boleta, sin tomar definiciones por el tramo legislativo, donde se bendijo a Chacón y a Saillen por encima de la secretaria general de Gráficos.
La CGT Rodríguez Peña, que comanda Mauricio Saillen, pondrá su estructura a trabajar por la boleta “larga”, a la espera de que un pase de Eduardo Fernández al gabinete habilite la llegada de Franco Saillen a la Cámara Baja.
Chacón, que entró al tercer lugar de la lista por el compromiso nacional sellado entre los Fernández y Sergio Massa, también militará la boleta larga, pero asentándose sobre la imagen del tigrense y de Alberto Fernández, y no sobre el ala dura del kirchnerismo.
El G-5, finalmente, será el brazo sindical sobre el que el partido Parte montará una campaña centrada en resaltar la imagen del ex Jefe del Gabinete k. Un rol central en la campaña si se tiene en cuenta que la presencia de CFK en la boleta tiene el doble efecto de consolidar el voto del núcleo duro de electorado k y, al mismo tiempo, desalentar el voto de los sectores medios, que preferirían contar con una alternativa de centro, fuera de la dicotomía macrismo-kirchnerismo.
El albertismo será entonces en encargado de seducir a esta porción del electorado, a la que apuntaba Alternativa Federal antes de su naufragio. Y Córdoba seguramente será, como en 2015, un distrito decisivo.
Los armadores de Alberto Fernández deberán diseñar una campaña que permita al candidato mostrarse como una figura dialoguista y conciliadora, con el carácter suficiente para imprimir -en una hipotética gestión- su impronta sin quedar eclipsado detrás de la imagen de Cristina Fernández, y capaz de garantizar a los gobernadores peronistas mayores libertades que el condicionamiento sufrido durante la era K.



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