Eclipse total político

El inusual fenómeno astronómico no puso a reflexionar sobre los astros y la política, dos cuestiones tan cercanas a los amantes de lo oscuro.

Por Javier Boher
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El universo es maravilloso. Cada tanto aparece algún fenómeno como el de ayer que nos hace quedar con la boca abierta y los ojos irritados. El eclipse solar que tuvimos la suerte de presenciar en Córdoba es un evento digno de recordar.

Por supuesto que tan magnífico acontecimiento astronómico puede encontrar un correlato en la realidad política argentina. Las elecciones anteriores, el cierre de listas o el camino hacia un nuevo enfrentamiento en las urnas tienen mucho en común con lo que vimos ayer.

Los eclipses son un fenómeno que se repite con cierta regularidad en el mundo, aunque la franja de tierra en la que puede observarse es bastante estrecha, por lo que sus habitantes no tienen la suerte de hacerlo con frecuencia. Acá en Córdoba hacía unos 70 años que no pasaba y faltan unos 350 para que nos vuelva a tocar.



Qué interesante pensar en que el eclipse anterior alumbró el nacimiento del peronismo. Si hiciéramos gala de una posición antiperonista recalcitrante como Fernando Iglesias, mezclado con algo del esoterismo del Brujo López Rega y las predicciones de Benjamín Solari Parravicini, tal vez hubo alguna correlación entre ambos eventos. Iglesias diría que inició la larga noche. López Rega, un liderazgo divino.

Si tan respetadas mentes hubiesen podido plantear algo así, no se puede dejar de pensar en cómo estará el club de fans del presidente Macri, imaginándolo como el Hombre de gris de Parravicini. Además, si el tiempo entre eclipse y eclipse pudiera tener algo que ver con la hegemonía política, piense en las dinastías Moyano, Kirchner y otras: 350 años de macrismo serían demasiado para todos.

Por supuesto que esas son exageraciones. Los escépticos de la astrología y la influencia de los astros en la vida humana nos consideramos mucho más anclados a lo terrenal, a la trenza y la rosca que no conoce de condicionantes astronómicos ni interpretaciones paranormales.

Hoy el chiste fácil sería con el pobre Sergio Massa. Si cayéramos en lo tradicional del humor de redes diríamos que el único que le puede ganar al eclipse es el tigrense, aunque a juzgar por su performance en el cierre de alianzas y la definición de listas, su protagonismo fue efímero como el eclipse.

Massa fue la luna que tapó al sol de un kirchnerismo en su cenit allá por 2013. Desde ahí empezó a retirarse, hasta desaparecer. El Frente de Todos tiene un sol en su logo, que bien podría ser Cristina. Desde 2013 el delantero del Club AtléticoTigre es el Chino Luna. ¿Casualidades? Seguramente.

Así como el furor de Massa pasó rápidamente hasta reincorporarse al kirchnerismo y quedar eclipsado por los muchachos de La Cámpora, no son pocos los espacios que han perdido visibilidad porque algún ente más relevante los ha tapado.

Al primer premio de acompañante necesario para que se dé el fenómeno se lo lleva la Unión Cívica Radical. El macrismo lleva un avance sistemático desde 2015, que a la fecha los ha dejado con todo lo importante para los propios. Si gana Macri, los radicales saben que no tendrán la presidencia del Senado, ni la de diputados. Encabezan un par de listas y tienen algún gobernador, pero no mucho más que eso. Los pocos ministros que acompañan al presidente son más macristas que el Jefe de Gabinete, Marcos Peña. Ocaso de un partido de 13 décadas (todo un número místico).

Finalmente, los mayores eclipsados son los sectores progresistas. Así como se multiplicaron las opciones a la derecha del gobierno, la oferta desde el otro lado se contrajo como esfínter de testigo del eclipse.

La alianza de los socialistas y Lavagna demuestra que, aunque los fenómenos astronómicos perpetuos son apasionantes, no ocurre lo mismo con los políticos. La poca renovación de candidatos le quitó frescura, dejando atrás el magnetismo de una vía socialdemócrata para abandonar el populismo.

Peor la pasaron las izquierdas de siglas y palabras vacías. Todos terminaron como esas leyendas en las que la serpiente se come al sol: tras el brillo de los años del kirchnerismo, finalmente este se los terminó deglutiendo a todos. No quedó progresismo en pie por fuera de las listas del kirchnerismo, hasta que de acá a un tiempo finalmente la víbora los escupa.

Así, el asombroso paso del eclipse por tierra cordobesa nos puede dejar varios paralelismos con la política de hoy, desde su incomprobable influencia sobre los ciclos de gobierno hasta el ascenso y posterior desaparición de figuras y espacios políticos. Más importante, sin embargo, serán los recuerdos y -por qué no- una potencial ceguera prematura que en el futuro nos deje acogernos a la jubilación anticipada. Ganamos todos.



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