Los pecados antidemocráticos del macrismo

La decisión de impedir que las listas encabezadas por Miguel Nicolás (lista Blanca y Roja) y Javier Fabre (Línea Córdoba) participen en las PASO de Juntos somos el Cambio en Córdoba son mucho menos comprensibles.

Por Pablo Esteban Dávila

esperBien podría el gobierno nacional reclamar impecables credenciales en los que a materia institucional respecta. A diferencia de los días del kirchnerismo, durante los cuatro años del presidente Mauricio Macri en el poder no hubo groseras presiones a los jueces, se respetó la libertad de prensa y, en general, no existieron cortapisas al libre funcionamiento de las instituciones. No hay dudas que esta conducta representó un bálsamo respecto al pasado reciente.

Sin embargo, en los últimos días han aparecido algunas sombras que oscurecen esta constatación. Una de ellas es el intento de sacar de las pistas a José Luis Espert, candidato a presidente por el frente Despertar, integrado por los partidos Unir y la UCEDE.

Las maniobras orquestadas desde el macrismo fueron bastante explícitas. Primero, se impugnó a la UCEDE porque la fuerza no es de Orden Nacional (esto es, que se encuentre reconocida en al menos cinco provincias) y, posteriormente, se “convenció” a Alberto Assef, titular del partido Unir, de pasarse a Juntos Somos el Cambio mediante el poco elegante argumento de asegurarle el undécimo lugar a diputado nacional en las listas de la provincia de Buenos Aires. Lo de la UCEDE podría explicarse, pero lo de Assef bordea con la cooptación más rastrera; no son, precisamente, prácticas democráticas.

Lo llamativo de estos velados intentos de proscripción es que no han hecho más que hacer crecer la imagen del economista. Espert es un candidato cien por ciento ideológico, una suerte de versión mediática de Álvaro Alsogaray que corre por derecha a un gobierno al que, al menos en sus inicios, todos presumían de liberal. Las últimas mediciones le auguran casi un 6% de intención de voto, lo cual le aseguraría su pasaje a la primera vuelta presidencial sin contratiempos. Es un efecto paradojal de los explícitos afanes oficialistas por sacarlo del medio.

Esta práctica puede ser censurable -y de hecho lo es- pero tiene una explicación sencilla. Cada punto de Espert es uno menos para Macri y, por consiguiente, un riesgo evidente para su reelección. Aunque podría presumirse que, en una eventual segunda vuelta, todos sus adherentes se volcasen, in extremis, al presidente, la estrategia de la Casa Rosada es intentar el triunfo en octubre, aunque más no fuere por uno o dos puntos porcentuales. El liberal es decididamente disfuncional para con estos propósitos y, por lo tanto, un peligro que debe ser aventado.

Espert es, por lo tanto, una contingencia desagradable que ameritaba ser bloqueada por cualquier medio, incluso con aquellos que no pertenecen al manual de estilo del oficialista. Pero la adopción de las medidas que se han tomado, amén de su justificación desde la realpolitik, se han revelado torpes e ineficaces. Con el apoyo de otro sello ignaro, el partido Unirte, la jueza electoral María Romilda Servini de Cubría ha otorgado, finalmente, la habilitación electoral al economista. Más próximos a Don Corleone que a Richelieu, los operadores oficialistas han hecho de una candidatura testimonial un potencial problema político, entregando, de paso, una diputación segura a Assef a cambio de nada.

Pero, así como estas maniobras podrían encontrar una explicación razonable -aunque no necesariamente éticas- en el instinto primitivo de la conservación del poder, la decisión de impedir que las listas encabezadas por Miguel Nicolás (lista Blanca y Roja) y Javier Fabre (Línea Córdoba) participen en las PASO de Juntos somos el Cambio en Córdoba son mucho menos comprensibles. La Mesa Nacional de la coalición ha informado a los partidos que lo integran que no avalará listas que no sean las bendecidas por ella misma, es decir, que no irán pegadas al tramo presidencial Macri – Pichetto. La democracia interna puede seguir esperando.

¿En cuánto amenazan estas minoritarias disidencias radicales el previsible triunfo de la lista encabezada por Mario Negri? Es razonable suponer que nada. No hace falta ser demasiado perspicaz para endilgar apenas un carácter contestatario a los esfuerzos de Nicolás y Fabre por quebrar el hegemonismo del ala macrista dentro de la UCR. Son, apenas, expresiones lícitas dentro de la dinámica política de un partido que se sabe cooptado por los designios -muchas veces inapelables- de un gobierno del que no siempre se siente parte.

Por lo tanto, ¿a guisa de qué tanto ensañamiento? No hay peligros de una desagradable sorpresa en las urnas, ni necesidad de coparticipar a los previsibles vencidos de las mieles del triunfo. Es un hecho que no existe lógica alguna en impedirles participar de las PASO. Por el contrario, entraña un riesgo cierto de que no lo hagan. Muchos o pocos, los excluidos quedarán heridos y poco dispuestos a acompañar a Macri cuando las papas quemen. Además, conformarán un coro que alternará con acrimonia el triunfalismo que Negri y compañía se esmerarán en difundir orbi et oribi cuando las urnas muestren un triunfo de la coalición.

Es evidente que la doctrina instrumentada con Assef, aparentemente válida para conjurar la amenaza de Espert, ha sido reemplazada por el sistema del garrote cuando el desafío se presenta intramuros. Debería recordarse, empero, que los tábanos, aunque pequeños e insignificantes desde el punto de vista biológico, suelen ser, sin embargo, particularmente molestos cuando aguijonean a sus víctimas de ocasión. No debe esperarse que ni la línea Córdoba ni Miguel Nicolás permanezcan callados ante esta exclusión, ni que ahorren munición gruesa contra sus victimarios en un momento en el que la entente cambiemita necesita restañar sus recientes heridas.