Apoyo nazi a Espert

La novela con la candidatura del mediático economista tuvo un giro sorprendente ayer, cuando el liberalismo que pregona quedó oportunamente guardado para aceptar el apoyo de la extrema derecha vernácula.

Por Javier Boher
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Qué poco duran las certezas políticas en Argentina. Así como las fórmulas presidenciales sorprendieron por las combinaciones y las listas dejaron en evidencia acuerdos de lo más inverosímiles, algunas operaciones dejaron en claro que no todo es lo que parece.
Justo ayer, en esta misma sección, se desarrollaba una oda a los valores de la realpolitik, o el dominio del pragmatismo por sobre el idealismo (acaso la verdadera grieta en estas cuestiones de la búsqueda y el ejercicio del poder).
La maniobra por la cual Miguel Ángel Pichetto logró incomodar a José Luis Espert fue considerada un movimiento propio de los que se manejan con experiencia en la arena política. Dejar fuera de competencia a quien amenaza con robar (según las encuestas) alrededor de un 8% del voto macrista era visto como una movida necesaria si se pretende la reelección.
Después de las denuncias de un intento de proscripción, de que al macrismo no le gusta competir o de que detesta la democracia, Espert y sus seguidores encontraron el apoyo necesario para presentarse en las PASO. El partido UNITE los cobijará en su seno.
Con el correr de las horas trascendieron los audios respecto al engaño y el montaje con el cual lograron exponerse como víctimas: desde el primer momento sabían que necesitaban prensa y exposición para fidelizar al núcleo duro de adherentes. Todos compraron la triste historia porque se sintieron del lado de los vivos a los que no les podría pasar (una transpolación de la idea de que los vanidosos ceden cuando los adulan).
Por supuesto que la movida despertó algunas críticas. Aunque las cuestiones éticas están fuera de discusión (porque la política no conoce de esos límites cuando se pretende construir poder), la discusión pasa por quiénes son -en este caso- los cómplices del engaño.
UNITE integraba el Frente Patriótico, la identidad que la extrema derecha ha adoptado para estas elecciones. Por los tiempos propios de las burocracias responsables de las cuestiones electorales, pudieron presentarse separados, habilitando la candidatura de Espert.
A ese frente -que siempre se mantuvo a los márgenes del sistema político- lo encabeza Alejandro Biondini, un reconocido político experonista que se reivindica nacionalista de derecha (porque no queda bien declararse abiertamente nazi). José Bonacci es el apoderado de UNITE, partido que convirtió a Amalia Granata en diputada esgrimiendo fuertemente la causa Provida.
La historia de amor entre la Argentina y el nazismo es de larga data. Se puede recordar aquel mitin de 1938 en un Luna Park tapizado con banderas rojas y esvásticas, el primer comunicado del GOU deseando convertir a nuestro país en una potencia del hemisferio sur equivalente a lo que Alemania era en el hemisferio norte o los estrechos vínculos con las oscuras redes para encubrir a criminales de guerra.
El discurso de las extremas derechas europeas sería probablemente moderado en un país acostumbrado al autoritarismo, que pide y lo muestra en ambos extremos del espectro ideológico. La opción liberal que dice representar Espert es minoritaria en estas tierras, especialmente cuando se habla de libertades sociales o instituciones republicanas.
La parte más grave, sin embargo, no sería lo referido a la restricción de libertades sociales, civiles y políticas o a la reivindicación de la fe cristiana como motor de la legislación. Aunque esas sean los suficientemente escalofriantes, el discurso de odio racial y político propio del nazismo más rancio es lo verdaderamente preocupante.
La jugada del economista no puede ser cuestionada si habitualmente se reivindica la picardía en la manipulación o interpretación de los reglamentos, aunque ciertamente dejaría el interrogante sobre el rumbo que podría tomar su gobierno si iniciara con un engaño de esa magnitud.
El Frente Patriótico -o cualquier denominación que hubiese adoptado el nazismo criollo a lo largo del tiempo- nunca pudo pasar el 1% de los votos. En tiempos más convulsionados, con menos fe en las bondades de la democracia liberal y con un candidato mediático que según las encuestas sería capaz de romper el piso del 5% de los votos, las cosas parecen ser algo diferentes que en todos estos años.
Así como los nazis argentinos de hoy parecen inofensivos y les permitirían esta maniobra, fue haciendo estas mismas cosas que hace 80 años ascendieron al poder en Alemania. Quizás el pragmatismo sea un valor central de la política. Sin embargo, el respeto, la tolerancia y la igualdad de derechos son los valores sobre los que se sustenta el orden que lo hace posible.



2 Comentarios

  1. «…UNITE, partido que convirtió a Amalia Granata en diputada esgrimiendo fuertemente la causa Provida.» dice el prensa admirador del «feminazismo». Precisamente Boher, ¿por casa cómo andamos?. ¿Le hace bien promover la muerte de niños por nacer, indefensos, para practicar la pureza y evitar las defecciones?. También le aviso: a Granata no la convirtió Unite en diputada. Lo hicieron casi 300000 santafesinos. Agéndelo.

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