Contra la abulia del poder

En base a filmaciones de la gira Rolling Thunder Revue de 1975-76, testimonios posteriores e intromisiones falsas en la historia original, Martin Scorsese volvió a revisar la biografía de Bob Dylan, esta vez para redondear un documental de dos horas y 22 minutos de duración, disponible en Netflix.

Por J.C. Maraddón
[email protected]

La embestida literaria de la denominada Beat Generation en los años cincuenta y el subsiguiente reverdecer de la canción de protesta en los sesenta, fueron en gran parte responsables de la catadura filosófica e ideológica que tomó la cultura rock. Ese cóctel de pacifismo, ecologismo y fundamentalismo libertario, que tuvo su mayor eclosión en el Mayo Francés de 1968, había conseguido su arraigo entre las nuevas generaciones a través del vehículo musical, que a los fines de la propagación de las ideas tenía mucha mayor efectividad que cualquier otro para esas camadas que habían venido al mundo justo cuando el desarrollo capítalista avanzaba hasta alcanzar su punto culminante. La utopía del rock como instrumento para cambiar al mundo era combatida por los sectores más conservadores de la sociedad, pero empezó a ser considerada como funcional por la industria del entretenimiento, para la que se abrió un mercado juvenil ávido de incorporarse al circuito del consumo. En ese coqueteo entre la tentación del éxito económico y la misión política liberadora que se habían autoimpuesto, los músicos proveyeron de canciones inolvidables a un público que era permeable a su discurso, ya fuera este combativo, romántico o meramente pasatista. De hecho, hasta el reclamo por el derecho a divertirse se erigía como consigna de batalla. Sin embargo, el arranque de la década del setenta empezó a mostrar las fisuras de ese frente, que veía cómo algunas de sus figuras derrapaban en la banquina de los excesos y, en ejemplos extremos, quedaban fuera de combate. Además, con las estrellas del rock como dioses vivientes que disfrutaban de una existencia tan lujosa como la de los astros de Hollywood, aquel espíritu rebelde que había sido característico en los comienzos, corría serio riesgo de desdibujarse, sobre todo porque muchos habían caído en una egolatría desconcertante. A estos desvaríos existenciales se sumó en 1973 la Crisis del Petróleo, que afectó seriamente el equilibrio económico global, mientras que la caída de Saigón en 1975 no sólo puso fin a la Guerra de Vietnam, sino que también acabó con el mito de los Estados Unidos como potencia imbatible. En ese contexto, no por casualidad, Bob Dylan emprendió su quijotesco proyecto Rolling Thunder Revue, una gira por ciudades estadounidenses con la que se había propuesto actuar en pequeños auditorios casi sin promoción previa. En esta aventura lo acompañaron espontáneamente músicos como Joan Baez, Joni Mitchell, Mick Ronson o Patti Smith, entre otros, además del poeta Allen Ginsberg. Dylan hizo que se registrara este pintoresco tour en audio y en video, para luego plasmar esas grabaciones en una película de cuatro horas llamada “Renaldo and Clara”, que tuvo críticas lapidarias. Sobre la base de ese material, de testimonios posteriores y de intromisiones falsas en la historia original (que incluyen personajes de ficción), Martin Scorsese volvió a revisar la biografía de Bob Dylan, esta vez para redondear un documental de dos horas y 22 minutos de duración que está disponible en la oferta de Netflix desde la semana pasada, como una producción de la propia plataforma de streaming. Más allá del seguimiento que se realiza allí sobre lo que fue la gira Rolling Thunder Revue, lo oportuno es la pincelada que traza sobre un momento muy especial para la carrera de Dylan y para la cultura rock en general. Porque refleja un impulso de retornar a las raíces que, aunque parezca mentira, era similar a lo que proponían los punks en ese mismo momento. Una reacción lógica ante el estado de situación que sumió a un movimiento que había sido contestatario, en la abulia con que el poder suele envolver a quienes lo detentan.



Dejar respuesta