Brieva dio una breve clase sobre burradas

El humorista y actor santafesino dejó en claro que el fanatismo político, la impunidad de la fama y la ignorancia histórica no suelen coincidir con la inteligencia y capacidad argumentativa.

Por Javier Boher
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Hay que hacer algo con muchos de nuestros defectos como sociedad. Primero habría que hacer una Conadep de los que usan malos ejemplos históricos. Después, una Conadep de los que quieren banalizar la corrupción y la memoria. Por último, una Conadep de los que se van a extremos ridículos para defender sus ideas.
O quizás todo eso sea un papelón, como el que hizo el humorista y actor Dady Brieva cuando asistió como invitado al programa televisivo “Sobredosis de TV”, un novedoso formato que intenta pasar revista sobre la agenda televisiva semanal, combinando los recortes con el uso arbitrario y sesgado de material de archivo.
El santafesino, reconocido militante del cristinismo duro, planteó que -en el caso de volver al poder- deberían poner en marcha “una Conadep del periodismo”. Hay que reconocerle mérito en la capacidad de sintetizar ignorancia histórica y barbarie autoritaria en unos pocos segundos de aire.
Su falta de tino es asombrosa: usó al organismo creado para investigar las atrocidades de la última dictadura militar como un argumento de política partidaria. La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas tenía por objetivo echar luz sobre la época más oscura de nuestra historia reciente, no perseguir a los que pensaban distinto.
Su patinada es destacable. Para cuando terminó la última dictadura, el actor ya había pasado el cuarto de siglo: pudo ver los juicios a las juntas y a las cúpulas de las organizaciones armadas, escuchar los argumentos a favor de la democracia y el Estado de Derecho, así como también la entrega del famoso informe de la Conadep conocido como “Nunca Más” al presidente Alfonsín.
Además, nunca está de más recordar cómo se llegó a que la presida Sábato o a que la integren quienes lo hicieron: el peronismo había elegido aceptar la autoamnistía de los militares y optó por no integrarla, y algunos notables (como el premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel) prefirieron declinar la invitación para encabezarla.
La burrada de Brieva es monumental, tan grande que probablemente los conductores hayan preferido callar porque no había posibilidad de respaldar lo que estaba diciendo (aunque estuviesen de acuerdo).
Sus habituales exabruptos lo pusieron en boca de Felipe Solá, exgobernador de Buenos Aires que está haciendo lo posible para unificar al peronismo y desbancar a Macri. El dirigente consideró que la sinceridad del humorista los perjudica (así como la de Giardinelli, que propuso eliminar el Poder Judicial, o Cúneo, que predicaba su antisemitismo en la televisión).
Solá fue mucho más diplomático, argumentando que debía funcionar la justicia, ya que la Conadep correspondió a lo que vino “después del horror”. No criticó la idea original de tratar de hacer pagar a los medios y periodistas que hacen ejercicio de la libertad de prensa y la libertad de expresión, que es en definitiva lo que más le molesta a los que pretenden amasar la totalidad del poder político.
La realidad indica que ese es el quid de la cuestión: el argumento de Brieva según el cual los medios “intoxicaron” a la gente haciéndole creer que López había revoleado bolsos con nueve millones de dólares (cuando los había dejado en la puerta) es lo más burdo de todo. A menos de una semana de haber recibido una condena (insuficiente) de seis años por corrupción, pretende defenderlo con un tecnicismo tonto. “Dicen que se bajó el pantalón para violarla, pero en realidad usaba bermuda” sería igual de ridículo.
La pobreza intelectual y la matriz autoritaria que se deja ver en el alegato de Brieva está muy lejos de una Conadep y más cerca de la Cigeka, aquella Comisión investigadora de la gestión Kammerath que impulsó Luis Juez.
Tras meses buceando, el protagonismo de la comisión de ilustres se fue diluyendo, y terminó con un incendio en el que se quemaron las pruebas, una salida en pose de víctima para lo que había sido un fracaso rotundo. Tal vez había más ganas de investigar que delitos por revelar, como en la labor del periodismo al tratar de desentrañar la estructura de corrupción montada por el kirchnerismo.
Brieva habla desde el fanatismo político, la impunidad de la fama y la ignorancia histórica. Tal vez haríamos bien en sentar posición respecto a esas cualidades desde las que se intenta opinar sobre política, para decir -de una vez por todas- “nunca más” a esas burradas.



2 Comentarios

  1. Y NO LE CABE AL PERIODISMO LA AUTO-CRITICA DE LA FALTA DE PROFUNDIDAD EN LA INFORMACIÓN Y EN LAS OPINIONES Y FUNDAMENTALMENTE AL DE NUESTRA CIUDAD ? REPETIR LO CODIFICADO POR LOS PATRONES, ES BUENO ?

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