Un apagón imprevisto y cuatro elecciones previsibles

Día del Padre, apagón y elecciones, todo junto en medio de un fin de semana largo. En la tierra de los imprevistos, ni siquiera lo más previsible está exento de sufrirlos.

Por Javier Boher

¡Qué terrible, amigo lector! Todos preparándose para celebrar el día del padre y ¡zas! se va la luz. Hay que agradecer que el apagón fue justo en una fecha especial, porque sino hubiese sido difícil encontrar de qué charlar, todos sin luz y sin wifi.
Además, con eso de que todo es “campañable”, los cruzados y los moros salieron a matarse en las redes. Unos argumentaban que la santidad de Gatricio y su equipo no se podía cuestionar, mientras los otros pedían ejecuciones en la plaza pública. Doce horas siendo Venezuela no le cayeron bien a nadie.
Hubo expresiones de todo tipo, con muchos esperando que corra sangre porque volvieron tarde de bailar y el teléfono se les había quedado sin carga y otros tantos que minimizaron todo y quisieron romantizar el apagón como si fuese una experiencia de contacto trascendental hindú.
Para colmo de males, se votaba en cuatro provincias, siendo la noticia más destacada la derrota socialista en Santa Fe. Quizás no fue una muy buena idea llevar a un candidato acusado de vínculos con los narcos: después de eso, no había forma de verle cara de otra cosa que de miembro de una “famiglia”.
Es la primera victoria que pudieron exhibir los peronistas unificados explícitamente, ayudados por el hecho de que los socialistas no pudieron provincializar la elección y mantener que ganaban los oficialismos: todo lo que pretende ir por el medio de la grieta se pierde en el abismo.
Vamos a hacer mención especial a los radicales, que rompieron una alianza provincial exitosa para apoyar a un tipo que estuvo más lejos de ganar que Argentina contra Colombia. Además perdieron la capital, algo parecido a lo que lograron acá con la candidatura de Reimon Jr.
El asesor de pelo azabache debe estar contento de reafirmar el supuesto según el cual los radicales tienen el olfato más atrofiado que el Diegote, regodeándose por haberlos despintado en sus planteos por la fórmula presidencial.
Las otras elecciones también tuvieron lo suyo, ojo. En Sanluisemburgo, el país transerrano, volvió a ganar un Rodríguez Saá. Le tocó al gobernador y artista que se comunica con los extraterrestres, Alberto. Adolfo, el ex micropresidente, quedó tercero. Si o si ganaba uno del clan, así que acá no hubo mucha sorpresa.
El resultado que tampoco sorprendió a nadie (porque estaba más cantado que el ocho de Riverito) fue el de Formosistán, que a esta altura ya debería pasar a ser propiedad de Gildo Insfrán. El señor, veterinario de título y señor feudal de profesión, va por su séptimo mandato consecutivo (más dos como vice).
Llegó a la vicegobernación con Alfonso el bueno. A la gobernación con el Sultán de Anillaco. Se habilitó la reelección indefinida con el Nestornauta, bancó la parada con la Aforada de Recoleta y se sumó a la oposición a Gatricio. Si seguimos así, va a haber convivido con más presidentes que el portero de la Rosada.
Hay que ser compasivos con los formoseños, que ya viven en una provincia con calor y humedad. Entre eso y las víboras, mucho peor no pueden estar. Además al tipo ya lo conocen bien, a esta altura cambiarlo debe dar fiaca, como los filtros del extractor, que uno deja de hacer bifes o abre una ventana con tal de no ponerse en el trámite de cambiar lo que está sucio y no anda.
Peor los fueguinos, que se la dan de noreuropeos y votaron como nuestros nordestinos. Los tipos están a cuatro mil kilómetros de Formosa y también eligieron un ultrakirchnerista. Eso no tiene nada de malo, ojo. Es lógico, porque muchos le deben el trabajo o la casa o la jubilación al gobierno anterior (dicen que allá se jubilan tan temprano que algunos todavía tienen algún diente de leche).
El verdadero problema del que ganó en primera vuelta son las denuncias y los audios que se conocieron hace unos meses: resulta que el tipo prometía trabajo en el municipio de Río Grande a cambio de favores sexuales.
Quizás si en vez de ser kirchnerista y las víctimas fuesen mujeres el colectivo feminista de Ni Una Menos lo repudiaría, pero como las víctimas fueron albañiles pobres, es más fácil pasar por alto las cuatro denuncias en su contra. Les cabe por patriarcales que le chiflan a las mujeres desde la obra.
Las elecciones no cambiaron mucho el panorama a futuro, pero seguramente pondrán al Hombre-niño Peña y al gurú ecuatoriano a sacar más cuentas que Lita de Lázzari: hace un tiempo perdieron Córdoba capital y Paraná. Ahora perdieron en Rosario y en Santa Fe capital. Si siguen cosechando derrotas en las grandes ciudades el triunfo en octubre va a estar más difícil que jugar al jenga con parkinson.
Ya le digo, amigo lector, acá si no te dan vuelta todo con la fórmula, capaz te toca un apagón o una inundación. Suponga que Messi se ilumina, remontamos y salimos campeones en Brasil. La final es el 7 de julio: ¿se imagina a Gatricio mostrando la copa el Día de la Independencia, con toda la gente aprovechando el feriado en su casa? Sólo acá podría pasar algo así. Estemos preparados.



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