Reminiscencias

En cartel desde el jueves pasado en salas de Córdoba, “Dolor y gloria”, la última película de Almodóvar, vuelve a mostrar en acción la ductilidad para el diseño del artista gráfico argentino Juan Gatti, quien ilustró las portadas de algunos de los discos fundamentales del rock nacional en los setenta.

Por J.C. Maraddón
[email protected]

Si por algo se ha destacado el rock, es por haber expandido el universo de la música y haber interactuado con otras ramas artísticas, como probablemente nunca antes había ocurrido con un género musical. La literatura, el cine, las artes plásticas, el teatro, el diseño de indumentaria y muchas otras manifestaciones culturales se asociaron espontáneamente a ese vórtice creativo que estaba dispuesto a cambiar el mundo o, al menos, a torcer su rumbo. Durante los años sesenta y setenta, esta interacción derivó en una ebullición que trajo como resultado el florecimiento de producciones donde convivían los más diversos tipos de expresiones.
Los discos se transformaron así en objetos muy preciados, que acompañaban la propuesta musical con la reproducción impresa de las letras a manera de escrito literario, y con un despliegue de diseñadores, ilustradores y fotógrafos puestos a trabajar sobre el arte de tapa. A la par de que se registraba una mayor complejidad sonora en los grupos de rock progresivo, también se daba una notable evolución en el packaging. Y como ejemplo de este fenómeno, hay que mencionar la incorporación del legendario Roger Dean, un arquitecto inglés que supo ilustrar algunas de las portadas más impactantes del grupo Yes.
En Argentina, el artista que desempeñó el mismo rol entre las bandas locales fue Juan Oreste Gatti, egresado del Di Tella y diseñador de las tapas de varios discos emblemáticos del rock nacional en los setenta. Bastaría con mencionar el intrépido trabajo que realizó para “Artaud” de Pescado Rabioso; pero además su talento se hizo presente en obras de Sui Géneris, Crucis y Pappo’s Blues, entre muchos otros. Tras el golpe de estado de 1976, como tantos otros, Gatti se vio obligado a tomar el camino del exilio y hacia 1979 se instaló en España, donde se vio involucrado en esa movida madrileña que empezaba a perfilarse luego de la muerte del dictador Francisco Franco.
Entre los jóvenes veinteañeros con los que se contactó en medio de la efervescencia de ese periodo, había uno que iba a trascender mucho más allá de la Península Ibérica. Pedro Almodóvar, quien a comienzos de los ochenta empezaría a cobrar fama con director cinematográfico, estableció con el exiliado argentino lazos laborales y de amistad que todavía persisten y que pueden ser rastreados a lo largo de casi toda la filmografía del cineasta manchego, en la que Juan Gatti participó como creador de la estética gráfica.
De allí en más, Gatti se abrió camino en la industria del cine, tanto en España, donde colaboró con directores de la talla de Fernando Trueba o Alex de la Iglesia, como en Hollywood con John Malkovich. Además, se vinculó al mundo de la moda a la par de los grandes diseñadores y llegó a dirigir revistas donde se reflejaban las tendencias de la alta costura. A cuarenta años de sus comienzos junto a Almodóvar, Juan Gatti aparece mencionado con gran destaque en los créditos iniciales de “Dolor y gloria”, la película con la que el multipremiado realizador español confiesa que ha vivido.
En cartel desde el jueves pasado en salas de Córdoba, el filme presenta como protagonista a un director de cine sexagenario (alter ego almodovariano encarnado por Antonio Banderas), que se encuentra deprimido por una serie de dolencias físicas propias de su edad. Mediante unas animaciones dignas de su currículum, Gatti se ocupa de realizar un mapa de la anatomía de este personaje, surcada por dolores, cirugías y debilitamientos. Y, como si esto fuera poco, se despacha con unas visuales en los títulos del comienzo, en las que es imposible no hallar reminiscencias de aquellas tapas de discos que hicieron historia en la Argentina.



Dejar respuesta