Macri-Pichetto: el pragmatismo apuesta por la polarización

El anuncio de la fórmula oficialista es el triunfo de los pragmáticos, que demuestran que la realpolitik cambiemita no ha podido ser desplazada por las convicciones de los puristas.



Por Javier Boher
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Qué delicia la política argentina. Realmente no se puede pedir más emoción. La decisión de Mauricio Macri de ser acompañado por Miguel Ángel Pichetto en la fórmula por el ejecutivo nacional significa un nuevo hito en la profundización de la grieta.
Lo que parecía improbable hace unos meses se ha convertido en una realidad: una parte importante del peronismo (al menos una de alto perfil) ha decidido apostar a una elección en la que las formas importan más que el contenido.
Tal como está planteada la ecuación desde hace unos meses, el escenario presentará un combate entre la institucionalidad y el populismo, que paradójicamente encuentra a los pragmáticos en el primer grupo y a los dogmáticos en el segundo. El único cambio en los números previos es la pulverización definitiva del espacio del medio. No habrá lugar para tibios ni indecisos.
Cuando hace poco menos de un mes Cristina Fernández de Kirchner anunció su propio «renunciamiento histórico» para acompañar desde la vicepresidencia a Alberto Fernández, muchos celebraron su capacidad de detonar la agenda.
Esta movida macrista demostró la misma habilidad, pero con un presidente reforzando el liderazgo de un proyecto que no existe más allá de su figura y su voluntad: Macri es amo y señor de su espacio, sin ninguna posibilidad de que le disputen el poder dentro del mismo.
El llamado a ampliar Cambiemos con figuras del peronismo que hizo hace unos días Gerardo Morales tras el triunfo en las elecciones jujeñas que se materializó en la fórmula anunciada ayer dejó más que clara la afirmación anterior. La decisión funciona como mecanismo disciplinador para aplacar las ínfulas de los radicales que aspiraban a más protagonismo que el que les corresponde.
Tal como dice el Martín Fierro, «cada lechón en su teta es el modo de mamar»: para pertenecer al oficialismo hay que aceptar las decisiones de un PRO que ha sabido devorarse a todos los rivales y socios que encontró desde su primer triunfo municipal, con mucha más destreza que la que se suponía.
Lo que viene para los próximos meses es una incógnita que se develará parcialmente en las PASO. Todavía es prematuro saber cómo procesarán los distintos espacios un enjambre de alianzas y acuerdos que hacen difusas las identidades partidarias.
¿El peronismo apostará por el republicanismo de Pichetto en Cambiemos o buscará la ortodoxia de la fórmula Fernández bis?¿Se bajará alguna fórmula tras el acuerdo Massa-Cristina? Hasta que no se aplaque la polvareda será difícil ver el horizonte.
La jugada tensa la cuerda y confirma la estrategia duranbarbista de polarización con el kirchnerismo, todo presentado como una gesta republicana de reconstrucción. Desde el otro lado, la apuesta por el orgullo nacionalista y la redistribución de la riqueza hará de contrapeso para consolidar el enfrentamiento.
Las conformaciones provinciales del justicialismo estarán todas atadas a esa puja, divididas entre dos fórmulas que por primera vez no representan cabalmente su pertenencia partidaria.
Pese a ello, el gesto de Macri, a diferencia del de Cristina, puede teñirse de una pátina mucho más amplia que la que puede representar Alberto Fernández en la fórmula del kirchnerismo.
Salvando la distancia y el contexto, la usina electoral cambiemita ha tratado de conformar un binomio que haga posible aquel sueño de reconciliación nacional que fue la frustrada fórmula Perón-Balbín. Si el kirchnerismo vira a los fundamentalistas, Cambiemos convoca a los pragmáticos e indecisos con un candidato que le suma más votos que los que podía encontrar en los otros que sonaban en la previa.
La elección de Pichetto es un triunfo del ala pragmática del gobierno, la de la negociación con los gobernadores llevada a cabo por Frigerio y la de la reivindicación de la rosca de Monzó en diputados. Lloran los fanáticos del purismo cambiemita que, sin embargo, deberán votar por una fórmula que consagra el triunfo de la realpolitik, el juego que hace que todo esto valga la pena. La búsqueda del poder no puede ponerse límites ideológicos en un mundo en el que casi no quedan identidades colectivas que superen las demandas individuales.
Otra vez la política rompió los prodes y consagró el reino de los imprevistos. Obliga a las redefiniciones personales y pone en cuestión las identidades políticas o partidarias.
Esta fórmula del oficialismo es el resultado de las negociaciones y los acuerdos trabajados con tiempo y esfuerzo, incluso más allá de las preferencias o aspiraciones personales. Así, y de nuevo citando al Martín Fierro, en Cambiemos parecen haber entendido que «la tierra no da fruto si no la riega el sudor», que esta vez salió de la frente de los pragmáticos.



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