Quién acompaña a Macri

La pelea por la vicepresidencia de la boleta de Cambiemos sigue en llamas. Luchas de egos, estrategias científicas y consagración de la rosca, todo parece combinarse en la batalla.

Por Javier Boher
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Pese a que faltan pocas horas para el cierre de los frentes y alianzas que competirán en las PASO, la única certeza respecto a las fórmulas es la que se deriva del anuncio que hizo la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner hace un par de semanas. Fuera de ese binomio, poco está lo suficientemente claro.
A Macri solo le falta que le propongan llevar a Cristina Kirchner de vicepresidenta, porque los ofrecimientos han sido tantos y tan variados que cualquier combinación lógicamente posible (aún siendo imposible en los hechos) fue puesta sobre la mesa (por ejemplo con Natalia De la Sota).
Entre medio de sus tubos de ensayo, sus focus group, su call center y sus encuestadoras, Marcos Peña y Jaime Durán Barba dan pelea en el frente interno tratando de imponer a un vicepresidente “científico”, surgido del estudio del electorado más que de la rosca partidaria. Todavía no han hecho grandes avances, ni siquiera para asegurarse que lleve en su seno la paridad de género.
La primer embestida para tratar de convencer a Macri de abrir el juego fue el famoso Plan V, de Vidal presidenta. Habiendo fracasado el primer intento, muchos creen que ella al menos debería compartir la boleta presidencial en el segundo lugar, para aprovechar su envión.
A esto ya lo hemos desarrollado otras veces, siempre remarcando que sacarla del distrito más disputado para mandarla a un cargo legislativo de escasa relevancia sería como hacerse un puchero con la gallina de los huevos de oro porque ya cerró la carnicería: el apuro puede hacernos cometer errores, algunas veces sin solución.
Los radicales siguen a la espera de lo que pueda negociar esa comisión de éforos que armaron para reforzar la negociación de listas y estrategias con los socios, una especie de lobby intrapartidario para escapar a la falta de diálogo interno.
Los del centenario partido siguen pidiendo participación, tratando de impulsar una transformación real del balance de fuerzas hacia dentro de la coalición. Su idea es demasiado ambiciosa si se tiene en cuenta que no tienen ningún candidato serio, con verdadero peso propio.
El hombre más potable para ese lugar es Ernesto Sanz, que ha evitado los cargos desde que le fue negada la jefatura de gabinete. Con su cara de parlamentario europeo (con esa pelada consolidada y una resistencia a afeitarse los parietales) transmite el aplomo o la seriedad que la gente encuentra en el tradicionalmente institucionalista radicalismo.
La aparente negativa del mendocino pone a otros dos personajes en posición expectante. Ninguna es mujer, porque se sabe que el radicalismo tiene debilidad por negociar cargos para los hombres, aunque no sean auténticamente radicales, ni probadamente leales ni incuestionables trabajadores en equipo.
Pocos son los nombres de los díscolos para secundar a Macri. Primero, Facundo Manes, médico especialista en neurociencias amado por los entusiastas lectores de libros de saldos de supermercado, que rechazó integrar la lista a diputados bonaerenses por Cambiemos en 2017.
En segundo lugar, Martín Lousteau, recientemente afiliado por obra de Nosiglia, ex ministro de Cristina, ideólogo de la 125 que encolerizó al campo y ex embajador que dejó el cargo para competir contra Cambiemos en Capital.
No hace falta tener un doctorado en estrategia para darse cuenta de que Chacho Álvarez tiene más chances de fidelidad que los mencionados, motivo por el que ninguno de los dos será del agrado del presidente y su entorno.
Finalmente los pragmáticos, el ala más política y filoperonista del gobierno, con los frecuentemente ignorados Frigerio y Monzó como caras visibles de ese espacio. Son ellos mismos quienes suenan como posibles compañeros de fórmula, en lo que sería un gesto a los vínculos establecidos con los gobernadores y políticos no cambiemitas de corte republicano.
Todas estas discusiones, sin embargo, parecen más una lucha de egos que una visión a largo plazo de lo que debe integrarse en una fórmula para mantener a flote al proyecto oficialista.
El gran éxito del presidente ha sido que hasta ahora ha logrado que ninguno sienta que hay posibilidades de triunfo por fuera de Cambiemos. Los pocos que así lo sintieron ya sufrieron las duras consecuencias de la derrota.
Resta esperar a quién se va a privilegiar para la fórmula, sin espantar votos, sumando algunos nuevos, recuperando a los desencantados o convenciendo a los indecisos. No parece fácil, sobre todo viendo los tironeos y los egos.



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