La conexión argentina

Por J.C. Maraddón
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La apertura democrática de los ochenta obligó a que el panorama del rock argentino se actualizara, después de haber hibernado durante los años de la dictadura. Movidas que en el hemisferio norte ya llevaban mucho tiempo desde su irrupción, como el punk o el reggae, florecieron en el underground porteño, para luego evolucionar hacia una llegada masiva. Cuando Los Violadores la pegaron con su “Uno, dos, ultraviolento”, la punkitud criolla consiguió la proeza de sonar a toda hora en la radio. Y después de las pinceladas de Sumo o Los Abuelos de la Nada, los sones jamaiquinos golpearon fuerte a través de Los Pericos.
En realidad, había aparecido una camada de bandas que abrevaban en el ska (como Los Fabulosos Cadillacs o Los Intocables) y en el reggae (como Alphonso S’Entrega o Todos Al Obelisco), que fueron los responsables de ponerle ritmo a una etapa muy particular, que pasó de la euforia alfonsinista a la hiperinflación y los saqueos en apenas un lustro. Pese a que Bob Marley, por entonces ya fallecido, había arribado a Inglaterra con su estilo mucho tiempo antes, por estas regiones ese género representaba una novedad digna de ser digerida por un público local ávido de canciones alegres.
Entre esas formaciones bullangueras, hacia 1988 se coló La Zimbabwe Reggae Band, que al igual que Los Pericos no tenía empacho en entonar algunas letras en inglés, con tal de asimilarse al sonido original oriundo de Jamaica. Bajo el liderazgo de Chelo Delgado como cantante y guitarrista rítmico, el grupo gozó de un moderado suceso hasta que, tras un segundo álbum, sufrió la partida de algunos de sus miembros originales. Entre otros, se abrió el ejecutante de la guitarra líder, Afo Verde, quien se sumó a la larga lista de músicos argentinos que, por esos años, buscaron mejor fortuna en otros horizontes.
En su caso, decidió saltar al otro lado del mostrador y dedicarse a la producción musical, para luego insertarse de lleno en la industria discográfica. Mientras sus excompañeros, bajo el nombre de La Zimbabwe, publicaban un clásico noventoso como “Traición a la mejicana”, Afo arrancaba con una carrera meteórica que lo llevó a trabajar con una pléyade de artistas de diversos géneros, desde Diego Torres a Los Auténticos Decadentes y de Soledad a Bandana. Su nombre terminó siendo sinónimo de éxito y desde Miami se lo coronó como responsable de la disquera Sony para Latinoamérica, España y Portugal.
Como tal, ha tenido una activa participación en el actual apogeo de la música latina, que finalmente ha conquistado el mercado estadounidense, y desde allí se ha apropiado del circuito global. En su labor junto a estrellas como Ricky Martin, Enrique Iglesias, Romeo Santos, Prince Royce, Shakira y Jennifer Lopez, el exintegrante de la Zimbabwe se ha doctorado en su profesión de productor. Y ese currículum lo situó en el camino de Maluma en 2016, cuando el joven colombiano buscaba concretar sus ansias de gloria. En simultáneo, Walter Kolm, otro argentino consagrado en el negocio de la música internacional, asumía como mánager de la flamante estrella latina.
No casualmente fue en ese momento que Maluma experimenta un pico de fama, tal como lo detalla el documental “Lo que era, lo que soy, lo que seré”, disponible en Youtube, donde Kolm es mencionado como artífice de la consolidación del furor por el cantante, mientras Afo Verde brinda testimonio sobre su aporte para que ese logro fuese posible. Repitiendo la fórmula de Luis Miguel y su representante argentino Hugo López, Maluma ha encontrado en este empresario porteño fanático de River Plate al mentor de su resonancia sin fronteras. Y en Afo Verde, un vínculo con aquella primavera ochentosa que nadapodía saber del actual boom latino ni del reguetón.



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