Con Jesús María, se esfuma poder territorial PRO

La candidata respaldada por el macrismo local, Mariana Ispizua, cederá el gobierno municipal a Luis Picat. El nuevo responsable de la ciudad del departamento Colón es radical, pero contó con el respaldo de parte del PJ local.

Por Yanina Passero
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A partir de hoy, al PRO le convendría remarcar que el nuevo intendente de Jesús María es de pura cepa radical. Sin dudas que lo es, pero el macrismo insistió durante la campaña con el doble juego y deslizó que hubo apoyo explícito del peronismo.
La insistencia en la chapa partidaria de Luis Picat -el hombre que le arrebató el gobierno municipal a la filo macrista, Mariana Ispizua, con el 54% de los votos con el 90% de las mesas escrutadas- aligeraría la carga que pesa en los hombros de Gabriel Frizza, tradicional referente de la localidad cabecera del departamento Colón que goza de la entera confianza del presidente Mauricio Macri.
Si el macrismo de la ciudad de la doma y el folklore no cuestiona la pertenencia de Picat a la UCR (o, a la inversa, el evidente respaldo del centenario partido), podrá explicar la derrota aplicando el prisma de la ruptura de Cambiemos, la misma que se llevó puesta el poder territorial de los aliados. El ejemplo más descarnado fue la pérdida de la Municipalidad de Córdoba que, desde el 10 de diciembre, será gobernada por el peronismo.
Con la atomización de Cambiemos en la carga argumental de la derrota puede correrse el foco de los problemas de gestión que se le endilgaban a Ispizua o la vendetta de la UCR a quienes fueron sus integrantes.
Durante la campaña, desde el PRO advertían que Picat no contaba con el respaldo orgánico de los descendientes de Yrigoyen. Prefirieron aferrarse a las críticas de algunos correligionarios cuando en realidad el presidente del comité de la UCR de la localidad, Simón Zoldano, había justificado el rechazo a unirse con el macrismo en la tradición opositora que lo relaciona con Frizza, otrora boina blanca.
La Lista 3 no apareció en el cuarto oscuro porque Picat contó también con la adhesión del Vecinalismo Independiente. Esto no significó que la UCR no apoyara al ex titular de la Sociedad Rural de Jesús María y flamante intendente. Incluso, el excandidato a gobernador, Ramón Mestre, lo ponderó como el próximo titular del Ejecutivo jesusmariense en medio de la campaña provincial. Y, como era de esperarse, pasó a cosechar los frutos de pálpito en el búnker.
Para reforzar aquella hipótesis que colocaba a Picat como un dirigente con juego ambivalente, el macrismo mucho habló del apoyo encubierto que recibía desde El Panal. El legislador electo de Hacemos por Córdoba, Carlos Presas, había anticipado que apoyaría a candidatos a concejales de Picat.
El PRO salió a la caza del voto PJ que, en lo formal, no tenía candidato. Los armadores de Ispizua confiaron en que el apoyo del espacio que lidera el gobernador Juan Schiaretti les llegaría por la buena relación que mantienen con la dirigencia justicialista de la región. Incluso, destacaban que buena parte del gabinete municipal se nutre de hombres y mujeres de militancia peronista.
Cierto es que en el tramo final de la campaña se viralizaron imágenes de Picat con Schiaretti, aunque desde la líneas que triunfaron anoche admiten que la relación institucional con la Provincia será uno de los pilares para una buena gestión.
El discípulo de Marcos Peña, el diputado Héctor Baldassi, celebraba por Twitter el triunfo radical. En la salutación del exreferi internacional de fútbol puede observarse la línea de pensamiento duranbarbista. No importa si el ganador fue un macrista o un radical, mientras se imponga el electorado de Cambiemos. Esta es la lógica que guiará el armado de cara a octubre.
Claro que al macrismo le importa. Desde el domingo, se cansarán de leer que la UCR le ganó al PRO, justo cuando comienza una nueva negociación por los lugares en la boleta legislativa nacional. Pese a todos los artilugios de campaña, el PRO recibía anoche el golpe más duro.
La Comupro, la liga de intendentes que promovió Frizza para competir con el foro radical, registra en su nómina sólo dos ciudades importantes: Villa Allende y Marcos Juárez. La pata orgánica del partido amarillo se esfumó con la derrota de Ispizua, pero antes con la de Oliva en la que jugó fuerte el actual jefe territorial del espacio, Oscar Tamis.
Las consecuencias del batacazo puede que no afecten al presidente en la búsqueda de su reelección. Impactan de lleno en la dirigencia amarilla porque Frizza es un hombre orgánico, del núcleo de Nicolás Massot y Darío Capitani. El tridente no tiene, ahora, un triunfo potente para marcar exigencias en la pulseada que sigue a favor de la candidatura a diputado de Javier Pretto. Reposan en las gestiones del único ganador, Eduardo “Gato” Romero, con la certeza que todo se cocinará en Buenos Aires.
¿Cómo peleará el PRO la pérdida sensible de poder? Es un hecho que varios de los dirigentes piensan en el postmacrismo. Como hipótesis puede arriesgarse que se profundizará la distancia con Peña –a quien responsabilizan por la sangría territorial que sufrió la fuerza-. Es probable que el refugio lo consigan de la mano del jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, el único de la primera línea de Cambiemos que mostró interés por la base de la política clásica: el territorio.



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