El partido de Moyano, vacío de contenido

Moyano nombró a su partido con conceptos asociados a lo que la gente pretende del Estado. Es justo la relación entre su espacio y esos valores la que no queda tan clara.

Por Javier Boher
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moyanoErnesto Laclau fue un filósofo argentino reconocido a nivel mundial por sus aportes a la Teoría del Discurso, o cómo se construye poder a través de los mismos.

Identificado plenamente con el kirchnerismo, se convirtió en guía ideológico de un movimiento que necesitaba justificar de alguna manera su conformación populista, fenómeno al que dedicó gran parte de su obra.

En sus escritos aparece un concepto muy interesante para entender la persistencia de algunas ideas, imágenes o términos, que alcanzan un nivel tan elevado de universalidad que cuesta determinar a quién le pertenecen.



Los significantes vacíos son aquellos que ya no denominan nada: la afirmación de que se pretende libertad no alcanza a definir de qué manera se planea obtenerla o defenderla.

Patria, pueblo o soberanía son algunos de los más comunes en un país nacionalista como el nuestro, en el que la mayoría usa pueblo como un colectivo genérico.

Dentro de la extensísima lista de significantes vacíos también hay otros sobre los que los partidos construyen sus promesas de campaña, como salud, cultura, educación y trabajo.

Por esas casualidades de la vida, Hugo Moyano presentó la alianza bonaerense del peronismo kirchnerista con su propio partido, al que llamó… Partido de la cultura, la educación y el trabajo.

Como si hubiese sido asesorado por una agencia publicitaria, Moyano y los suyos eligieron conceptos asociados inevitablemente con lo que los ciudadanos pretenden que haga el Estado.

Quizás evitó “Partido de la Justicia Social” para no parecer sectario, o “Partido contra la inflación” para que no le dijeran oportunista.

Seguramente en las encuestas y los focus groups hubiese rankeado bien el tema inseguridad, pero ¿cómo se hace un partido contra la inseguridad sin hablar de propuestas concretas?

Lo que sin dudas podría ayudar a ilustrar por dónde va la mano del partido del sindicalista sería agregarle una especie de subtítulo, algo así como “comando cinismo” o “división amnesia”.

Haciendo una rápido repaso no extensivo de cómo Moyano y su entorno podrían exhibir cultura, educación y trabajo salen varios episodios a la vista.

Cómo no recordar aquella vez en la Quinta San Vicente, el día del traslado de los restos de Perón, cuando diversas facciones del sindicalismo se enfrentaron a los tiros por un cadáver.

Los elevados niveles de civilidad y educación del espacio quedaron inmortalizados en las escenas de “Madonna” Quiroz, el camionero que trató de evitar una nueva masacre de Ezeiza hablando a través de las balas que salían de su pistola.

Dos años después llegó el enfrentamiento con el campo por la 125. En aquel entonces Moyano advertía a los ruralistas que estaban dispuestos a desalojar las rutas con sus grupos de choque paraestatales, todo en respeto de la libertad de circulación consagrada en la Constitución, obviamente.

Tras aquellos meses de tensión la relación de Clarín y el gobierno se rompió. Con la misma creatividad con la que hoy nombró su partido, el espacio del camionero ideó el lema “Clarín Miente”, todo un símbolo de la nueva relación entre el multimedios y el gobierno.

Ese enfrentamiento dialéctico fue el responsable de los bloqueos a las plantas de distintos medios opositores, sin importar el trabajo de los empleados que quedaban de rehenes en el interior de las plantas.

Por supuesto que ese poder no fue fácil de acumular. Años de ser la voz de los trabajadores como Secretario General de la CGT lo recompensaron con propiedades y empresas, entre ellas Covelia (con fuerte presencia en la recolección de residuos en el conurbano) y Oca (que las malas lenguas dicen que fue un correo para facilitar otro tipo de actividades ilegales bastante más lucrativas).

De allí quizás el pasar para que su hija haya estado la última semana de crucero en un yate que cuesta U$D 20.000 por día. Justo es la hija que está casada con Chiqui Tapia, ex sindicalista, ex presidente de Barracas Central (?) y actual presidente de la Asociación de Fútbol Argentino, así que quizás de allí salgan los recursos para tan elevado tren de vida.

Probablemente se podrían seguir desarrollando más historias, aunque ya sería una redundancia: la incongruencia entre la práctica política de Moyano y el nombre de su partido ha quedado más que clara.

Cultura, educación y trabajo demuestran hoy estar totalmente vacíos de contenido, tal como decía Laclau. Paradójicamente, otros términos -como sindicalista, camionero o político- tienen un significado bastante más claro y mucho menos positivo que los que forman el nombre del partido de Moyano.



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