El reloj de Lázaro

El audio de Lázaro Báez que Jorge Lanata puso al aire es una pieza más en la carga que se acumula sobre los hombros del empresario preso.

Por Javier Boher
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lázaroHay algo poético en los relojes de arena y las escenas que se construyen en torno a ellos. Ver la forma en la que caen los granos, en una continuidad impasible, contrasta con el rotundo desenlace en el que el final del tiempo se alcanza cuando el vaso inferior está lleno hasta arriba. Por más que se intente, no se puede impedir que eso ocurra.

Las sucesivas evidencias que se siguen acumulando en torno a los episodios de corrupción del gobierno anterior siguen el mismo lento devenir que la arena del reloj. Sin prisa, siguen acumulándose una sobre otra.

La semana pasada empezó a circular la noticia (sin más respaldo que los dichos de un periodista de TN) de que Lázaro Báez había reconocido que todo lo que él acumuló en realidad era de otra persona.

Rápidamente, y sin perder tiempo, las legiones de periodistas militantes salieron a remarcar ese detalle. En lugar de aceptar lo evidente, le dieron espacio a Báez para que exponga el supuesto ofrecimiento de Marijuan para enterrar un container en la Patagonia que sirviera para acorralar a Cristina Kirchner. Hay que destacar el gran papel de nuestro conocido Tomás Méndez en dicha maniobra.

Pese a ese acto de alineamiento irrestricto con la expresidenta, sostener dicha posición ante el lento e inexorable avance de las evidencias en su contra no logrará revertir la situación que lo encuentra cada vez más complicado.

Jugando con toda esa polémica de la semana, aprovechando todo lo hablado en los diversos medios, el domingo a la noche Jorge Lanata puso al aire el audio de la conversación de Báez. Broche de oro para un conductor que, aún con su sobrepeso cuasi invalidante, tiró un offside en el que dejó a gran parte del aparato de prensa del kirchnerismo totalmente expuesto.

Tal como pasó con los cuadernos de Centeno (“las fotocopias” en el léxico cristinista), la prueba se demostró legal al ser exhibidas las credenciales de que la justicia estaba detrás de las escuchas.

El audio fue lapidario, porque la voz de Báez es inconfundible. Pero, sin lugar a dudas, lo más destacable fue la afirmación concreta de que “todo lo que tuve le pertenece a una persona que está arriba en el cielo”.

Rápidamente las preguntas escalaron: ¿se refería a Dios?¿podía ser una referencia a un piloto de avión?¿a un menos probable superhéroe volador, como Superman?. Pese a las elucubraciones, lejos estaba de ser un brote místico del empresario.

Aunque algunos mal pensados creen que la referencia puede ser un tanto optimista, por su amistad personal se puede entender que Báez supone que el que está en el cielo es Néstor Kirchner, el verdadero dueño de todo.

Si alguien no estaba seguro con esa elíptica referencia al ex mandatario, continuó: “me lo dio para que lo administrara y no lo supe administrar en la forma adecuada que él quiso que lo administrara. Cometí los errores que cometí y quizás por eso estoy donde estoy”.

¿Puede alguien que repite tantas veces las mismas palabras en una oración tan corta convertirse en ocho años en uno de los hombres más ricos del país?. Esa es la movilidad ascendente con la que sueña cualquier nación pujante.

Con todo lo que está pasando, con causas y pruebas que se comportan como los granos de arena que se filtran a través del pasaje que vincula ambos vasos del reloj, ¿cuánto puede faltar para que Báez finalmente se quiebre y deschave el entramado de corrupción del que formó parte desde el primer día?.

Seguramente el encierro empiece a hacer mella en la voluntad del cada vez más que confirmado testaferro de Néstor Kirchner. Sólo piense en las horas viendo tele o escuchando la radio, sintiendo como se despejan las dudas sobre su rol en el gran entramado de corrupción del gobierno anterior, con la única certeza de que todo eso que sigue fluyendo puede tener un solo desenlace: cuando todo termina de caer por su propio peso, se acabó el tiempo para seguir jugando.