El curioso caso de Kicillof y la memoria

La fórmula que anunció el kirchnerismo para competir por la gobernación de Buenos Aires (encabezada por Axel Kicillof) es una muestra de lo caprichosos que pueden ser los recuerdos.

Por Javier Boher
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Fenómeno complejo el de la memoria. Algunos lo estudian desde lo físico y otros desde lo psicológico. Los historiadores tratan de dejar testimonio de lo que van estudiando, mientras León Gieco cree que todo queda guardado automáticamente ahí, como si fuese el cajón más cercano a la puerta de ingreso de una casa.
Hace unos días se anunció la fórmula a la gobernación bonaerense por el renovado espacio del kirchnerismo, que para demostrar que se corrió al centro en busca de los indecisos eligió al ex ministro de economía de Cristina Fernández -Axel Kicillof- y a Verónica Magario, actual intendenta de La Matanza -bastión inexpugnable del peronismo menos refinado-.
Así, todos los nombres que ya se conocen del espacio encabezado por la expresidenta representan un intento de reconstrucción de la experiencia previa a la irrupción de Cambiemos. Una curiosa reinvención que solo ha mostrado un cambio en el lugar de los factores, que tal como ocurre en la suma y la multiplicación, no altera el producto, de corte 100% kirchnerista.
La nominación de Kicillof para intentar recuperar la provincia ocurre justo cuando el gobierno nacional pagó la penúltima cuota de la renegociación de deuda más curiosa de la historia, la que el antes mencionado arregló con el poco querido Club de París.
Los punitorios acordados (en realidad aceptados) por el equipo económico del kirchnerismo representaron un incremento de alrededor del 80% respecto al monto original, que entró en default en 2002 y generó la cifra final de más de 9000 millones de dólares.
Cuando en 2008 se decidió renegociar con aquellos acreedores el Jefe de Gabinete de Ministros era Sergio Massa, hoy enrolado sin muchas garantías dentro de Argentina Federal y todavía pregonando por una tercer alternativa.
Los nombres se repiten de manera constante, aunque esa curiosa memoria selectiva se encargue de que la gente pierda el rastro de sus antecedentes.
Casualmente, antes de ayer el país fue condenado a pagar 320 millones de dólares como indemnización por la expropiación de Aerolíneas Argentinas (a lo que se debería sumar el pasivo adquirido por la empresa durante la gestión previa). La incapacidad política para resolver conflictos o para gestionar y lograr rentabilidad fue una constante de todo lo que se presentó como un logro durante el segundo y tercer período del kirchnerato.
La tan repetida hazaña de la reestatización de YPF en 2012 (pergeñada por el equipo donde ya gravitaba el hoy precandidato a gobernador por Buenos Aires) también se puede anotar en la columna de las victorias fallidas, ya que todo indica que aquella operación le terminaría costando al país alrededor de 3.000 millones de dólares, bastante más que los cero pesos que pronosticó entonces Kicillof.
Todo aquello es parte de lo que la memoria se empecina en esconderle al votante imaginario que en uno de cada dos casos encuentran las encuestadoras, ese que asegura que el espacio que sigue las órdenes de la ex presidenta tiene amplias chances de volver al poder.
Afortunadamente hay otras cosas que resultan algo más palpables y menos técnicas que lo antes mencionado. Aunque la mayor parte del electorado no entiende nada de cómo se manejan las finanzas internacionales (y por eso son capaces de aplaudir un default como un acto de soberanía en lugar de criticarlo como un burdo acto de nacionalismo berreta) hablar del cepo o el Indec no resulta algo tan extraño.
No deben ser muchos los que no reconozcan al ex ministro, inmortalizado en aquella foto en la que trataba de tomar café usando un batidor por sorbete. En los estertores del gobierno de Cristina Fernández, su figura era una de las más replicadas en los medios.
Por eso, la frase que pronunció ayer al referirse a María Eugenia Vidal puede ser fácilmente aplicable a su persona. Sobre su más duro rival, dijo que “le va a costar mucho hacerle creer a los bonaerenses que ella no es lo mismo que Macri, porque lo es”.
Así, aunque la memoria sea tan caprichosa y elija qué recuerdos se hacen más escurridizos, con esos antecedentes ¿cómo hará él para que los bonaerenses crean que viene a hacer algo distinto a lo que hizo cuando fue ministro de Cristina?.



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