Raíces de nuestra cultura democratica

“Las contradicciones entre los valores que requiere el Estado de Derecho y la prácticas sociales de esos 12 años, no pudieron ser mayores”.

Por Eduardo Dalmasso*

Toda comunidad, para considerarse como tal más allá de las diferencias sobre la interpretación política de la realidad, tiene que sostenerse en fuertes y precisos valores comunes para que estos puedan reflejarse en prácticas virtuosas que legitimen el orden social establecido. Esto: porque los valores contribuyen a definir principios que ordenan los naturales conflictos sociales dentro del límite que permite el sostenimiento de la identidad constitucional. Dicho de otra manera, cuando los valores sociales no están claros ni consensuados, el resultado es la anarquía o quizás en el mejor de los casos, estemos ante un proceso revolucionario.
En la sociedad capitalista, la identidad comunitaria será resultado de la búsqueda de un ordenamiento político social que a través de prácticas sociales irreverentes y fuertes valores compartidos pueda satisfacer al menos: la igualdad de oportunidades, crecimiento económico, reglas equitativas y transparentes en su ordenamiento político, y el desarrollo de instituciones por sobre la eventualidad de los hombres que la interpreten o conduzcan. Esta interpretación implica luchas por determinados valores y prácticas cívicas. Dentro de este ordenamiento aparece como fundamental el respeto al aparato de justicia como ordenador del cumplimiento de reglas. .

Años que marcaron derroteros no republicanos
En 1930, el General José F. Uriburupuso fin a la democracia ampliada y abierta en 1916 a través de un golpe de estado en el que se destituye al Presidente Hipólito Irigoyen, quien fuera el líder de las luchas contra el régimen de Gobierno instituido en los 80.
Por boca de Matías G SanchezSorondo, (Ministro del Interior del presidente de facto) los sectores que habían detentado el poder político y económico hasta al advenimiento de la primera presidencia de Irigoyen, recuperan con impunidad el control del aparato del Estado:
“Nuestra ciudad, portavoz desde la independencia del país entero, volcó sus muchedumbres a las calles. Fue una popularidad representativa. Significó aceptación de la revolución por sí misma con indudable desapego respecto de otras posibles soluciones legales. Conviene tenerlo en cuenta. Ello destruye la hipótesis de una conjuración artificiosa urdida en la sombra para desalojar el poder del mandatario del pueblo. No, más allá de las expresiones partidarias la revolución adquirió, repito, una auténtica plenipotencia representativa”.
Matías Sorondo, expresaba así que el presidente había sucumbido, porque, como lo demostró la facilidad de su derrocamiento, la sociedad en su conjunto no salió a defender la institucionalidad.
De hecho, la asonada en favor de la Clase dominante que generara la integración de argentina al mundo, explicitó (de la peor manera) que la administración del aparato del Estado no resguardaba sus intereses ante una realidad mundial que devenía en caos.
El pueblo no se movilizó. Incluso sectores del estudiantado universitario fueron prescindentes o apoyaron la destitución. Aunque luego esto cambiaría, la suerte de lo que se denominó la década infame estaba echada.
El presidente Irigoyen, líder personalista, no pudo apreciar que su identificación con los intereses del conjunto de la sociedad, no alcanzaba para dar respuestas al malestar social y político; producto de la imposibilidad de satisfacer los reclamos económicos y sociales de vastos sectores. Esto además estuvo mediado por las divisiones de su partido: Ministros peleando por la sucesión y una lentitud en el accionar de un Gobierno ignorante de la magnitud y urgencia de los problemas.
Esta situación de fuertes divisiones internas, la partición en dos del partido Socialista, la indiferencia del movimiento obrero y la acción de los medios (en especial, aunque no solamente, del diario Crítica), influyeron sin duda para que la heterogénea e importante clase media argentina, se comportara pasivamente ante un cambio que trastocó un proceso político de 70 años de perdurabilidad.
Dicho estado de fractura, creo facilitó que la población carente de un sentido de identidad y tradición institucional, no saliera a defender un orden que en lo político aparecía como descontrolado y carente de respuestas a las necesidades de los diferentes sectores sociales.

República Aluvional
Argentina en esa época, se podría describir cómo una sociedad de característica aluvional. Una parte de ella, la clase media ligada a actividades mercantiles y agropecuarias sumamente aspirante en lo social y económico; otra, una clase obrera integrada por inmigrantes y criollos que bregaba por sus derechos y por cierto, una masa de trabajadores rurales en el interiorsometida a en su mayoría a prácticas feudales.
Tengamos en cuenta que recién en los años 20 un importante número de hijos de inmigrantes se incorporan al servicio militar obligatorio, también que el sistema educativo y los modelos de prácticas democráticas, demostraron no ser suficientes para resguardar una cultura institucional, que nunca trascendió lo formal.



El derrumbe del débil sistema republicano
La acordada de la Corte Suprema avalando el Golpe de Estado, termina de derrumbar el edificio republicano. El control político quedaría por el término de 12 años en poder de los sectores oligárquicos, quienes no dudaron en apelar al fraude y la proscripción para defender sus intereses y mantener cierto orden social. Es más, se intervino las universidades, hubo fusilamientos, tortura, deportaciones, anulación de elecciones, asesinatos políticos, intervenciones provinciales y gruesos escándalos en ciertos negocios públicos. Ese fue el clima de la época, no otro.
Esos intereses convergían con los intereses británicos. Manuel Galvez, novelista de fuerte cuño católico, a propósito de los Ministros al inicio del Gobierno de Uriburu, no pudo menos que decir:
“ El ministerio intelectual y socialmente no puede ser mejor ; pero llama la atención que tres de los ocho ministros estén vinculados a las compañías extranjeras de petróleo, y todos, salvo dos o tres, a diversas empresas capitalistas y yanquis”.

Contradicciones que abren nuevos rumbos
La paradoja es que la lucha contra la crisis mundial, obliga a los gobiernos liberales –conservadores (sucedáneos del profascista de Uriburu) a generar densos sistemas de control y de regulaciones dentro del aparato del Estado. Decenas de juntas reguladoras, un rol activo del Banco Nación, la creación de un Banco Central, (en manos de accionistas extranjeros), control del comercio exterior, políticas de protección a ciertos sectores industriales y la creación del impuestos a las ganancias entre otras modificaciones, produjeron que el sector industrial duplicara el valor de la producción, incorporando mano de obra que emergía de una parte importante de los sectores de inmigrantes, y del interior profundo hacia las grandes urbes .
El oprobio de la muerte del Senador Enzo Bordabehere, mostró en toda su magnitud el deterioro institucional. Ernesto San Martino, joven diputado radical, diría ante este hecho que, lo que asolaba a la república era espantoso; atribulado quizás, tanto por la indiferencia de la sociedad como la del propio presidente de la República.

En boca de Ismael Viñas:
“Los años duros del 30: la clase media lloraba sus ilusiones frustradas; no se había realizado ni el sueño radical ni el sueño liberal de la alianza socialista-demócrata progresista; la clase media no era capaz de conquistar realmente el poder. Las clases altas exhibían su cinismo. (…..) Los hombres de Boedo insistían en su literatura de protesta, de descripción del mundo de los oprimidos. Arlt proponía levantar cadenas de prostíbulos para pagar la revolución. Pero en esos mismos momentos se multiplicaban las fábricas, y los peones rurales comenzaban a abandonar sus pagos tristes y miserables para enrolarse como proletarios industriales”
Nadie reparó lo suficiente en el significado a futuro del desplazamiento que describía Viñas, en la revista Contorno, tampoco se reparó en el acrecentamiento de la influencia del ejército y la Iglesia. Sumado que, a partir de la segunda guerra profundas divisiones entre liberales y nacionalistas contribuyen a crear nuevas grietas entre los dirigentes. La sociedad como comunidad a la deriva!
Las contradicciones entre los valores que requiere el Estado de Derecho y las prácticas sociales de esos 12 años, no pudieron ser mayores. No es casual que el pueblo las identificara plenamente en el tango de Santos Discépolo, “Cambalache”.

(*)Dr. En Ciencia Política (CEA) UNC. Su último libro 1918. Raíces y Valores del Movimiento Reformista,(Editorial UNC-1918)