Salpicado patrio

Con una semana política XL, las celebraciones del feriado nos permitieron ponernos a pensar en cómo se vienen moviendo todos los espacios de cara a las elecciones.



Por Javier Boher
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Buen día, amigo lector. Me gustaría saludarlo efusivamente después de una fecha tan importante como el 25 de Mayo, pero la intensidad de los festejos (sumado a la elevada ingesta de locro y algunas otras cosas) no me permite hacer grandes movimientos. ¿Cómo no vamos a tener dos fechas patrias, si son una excusa hermosa para festejar?.
Eso de que caiga sábado es medio raro, porque no permite distraerse de las obligaciones semanales. Por ejemplo, piense en la agenda política: ¿no sería hermoso que el feriado nos deje un día de descanso de la novela de la oposición, que no puede ponerse de acuerdo ni siquiera en la marca de gaseosa para la juntada?.
Está claro que siempre puede pasar que venga una desalmada y anuncie su extraña candidatura a vicepresidenta un día sábado a las 8 de la mañana, cuando a esa hora el que no labura ni siquiera se levantó de la cama (y se debate entre hacerlo o no).
Piense que la semana pasada fue eterna. Tuvimos el anuncio de la Aforada de Recoleta a primera hora del sábado y ya no paramos más. Si había Plan V, Plan H, Plan Z para terminar de definir todo dentro de tres meses, quiénes eran los que iban a completar la oferta opositora, si jugaba Schiaretti o si mandaba a alguien. Así toda la semana. Sin dudas el feriado debería haber sido el viernes, para tener un respiro de los excesos de política (y dedicarse a los de otro tipo).
Después, el novelón del Hombre de las Sandalias, que por el nivel de indecisión no termina de dejar en claro qué pretende hacer con su candidatura. Si a Illia le decían tortuga por cómo se tomaba los tiempos, claramente este podría ser el perezoso.
Lo más interesante de toda esa historia es que se están repartiendo votos que a priori no existen. Si uno piensa en quiénes se han alineado con la fórmula de Bigote Menor Fernández, no queda mucho más para echar mano. Es como ser el último en elegir sombrero en las cabinas de fotos de los casamientos, que te conformás con que por lo menos no esté todo transpirado.
Ya sabemos que Lavagna o los muchachos de Argentina Federal se la pasan hablando de que dos de cada tres argentinos están cansados de la grieta, pero no hay ninguna opción que sea mejor o peor que las dos que concentran la atención. A ver, puede ser que haya una mejor, pero para los que ponen el voto en la urna, sólo existe el amor o el odio a los dos que están arriba.
Piense por ejemplo que le están por entrar a robar, ¿elegiría que lo venga a defender un policía o una maestra para que eduque al delincuente?. Algo así pasa con esto. A todos nos gustaría la segunda opción, pero ante la inminencia de la debacle, se termina decidiendo desde “las tripas”.

Córdoba
Acá en la provincia la cosa ya está definida, parece que las elecciones hubiesen sido hace seis meses y entramos en el cono de calma donde empiezan a florecer las operaciones por lo bajo. Todos saben que el gran ganador fue Schiaretti, y todos esperan de él mayores definiciones que las que ha dado hasta ahora (que no han sido pocas).
Como siempre, la victoria a nivel local es leída como una posible proyección nacional, pero piense en que la provincia representa poco más del 8% del padrón, mientras que Capital Federal y Provincia de Buenos Aires suman el 45%.
¿Puede ser determinante el apoyo del gobernador a la fórmula de Argentina Federal?. Seguramente habrá muchos que estén pensando en jugar por otro lado, porque la experiencia de la sociedad Massa-De la Sota dejó en claro que si no está “el” nombre en la boleta, esos sellos raros (sin escudo ni foto conocidos) traccionan menos que ojota mojada.
Por el lado de Cambiemos, todos estarán viendo de qué manera arreglan trabajar por una candidatura única. No puedo dejar de pensar en todos los sectores que se alinearon con Reimon Jr. en su excursión por la gobernación. Si bajaba la candidatura, quizás encabezaba diputados y metía mucha de su gente entre los de arriba. Después de su performance, capaz que le dejan los tres del fondo. Jugó su capital político con la misma determinación y éxito que un ludópata.
Hay que ver qué pasa con el resto de los socios, que no pueden alinear a la tropa ni para organizar una choripaneada para la militancia. Todos tienen su pedacito de poder, que después de sacar cuentas se termina viendo que vale menos que un cospel troquelado.
Ya le digo, amigo lector, que estas idas y vueltas están muy lejos de la capacidad de formar acuerdos que pregonan los protagonistas. Quizás si en estos días les pidieron una mano con la tarea de hijos o nietos (¿Lavagna ya tendrá bisnietos?), revisar un Billiken o Anteojito perdido en la pila de revistas viejas les sirvió para refrescar cómo aquellos tipos que se querían menos que el hijo de Cerati pudieron tirar todos para el mismo lado por una causa común. Ojalá hayan aprendido.



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