Difícil levantarse “de la lona” antes de las elecciones

Los grandes fondos de inversión durante la semana pasada mantuvieron una serie de reuniones con todos los referentes económicos de los sectores políticos.

Por Gabriela Origlia

Mario Blejer disertó en Córdoba hace unos días y, entre otras definiciones, los conceptos que más repitió fueron “confianza” y exceso de castigo a los bonos argentinos. Para el exjefe del Fondo Monetario Internacional (FMI) y expresidente del Banco Central posiblemente no aparezcan “cisnes negros” en la economía local antes de las elecciones aunque no descartó que puedan llegar de la mano del mundo (no por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, cuyo impactó estimó a más largo plazo). Tampoco proyectó un gran salto ascendente antes de las elecciones. “No sé si tocó el piso, pero estamos en la lona”.
“El de Cambiemos es un modelo que no estaba bien armado. Necesitamos buscar consensos, ganar verdadera competitividad, tenemos que salir de la variabilidad y la incertidumbre”, describió. La referencia llegó justo cuando el oficialismo intenta avanzar en un acuerdo que propuso tarde y que, en medio de la vorágine electoral, pierde fuerza más allá de las reuniones que se siguen llevando adelante.
Hasta ahora más que un acuerdo, Cambiemos sumó fotos con dirigentes de Alternativa Federal –incluido el cordobés Juan Schiaretti-, cuyos referentes son los que más claramente se definieron a favor de cumplir el pago de deudas y trabajar por el superávit fiscal. Por el resto, poco y nada. De los grandes temas en los que debe avanzarse en reformas (laboral, previsional) no hay más que enunciados generales que no dicen nada.
Los grandes fondos de inversión durante la semana pasada mantuvieron una serie de reuniones con todos los referentes económicos de los sectores políticos que se disputarán la próxima presidencia de la Argentina. La visita de ejecutivos de grandes fondos de inversión es lo habitual en épocas electorales, ya que buscan información de primera mano para sus informes y planificar inversiones.
La actividad en marzo –cuando cayó 6,8% interanual- fue una mala noticia. Para el segundo trimestre, los analistas esperan que la actividad muestre una mejora a partir de la materialización de una cosecha récord: la producción de maíz alcanzaría las 56 millones de toneladas, lo que se traduce en un incremento de casi 29% respecto la campaña anterior, y la soja, con 55,9 millones de toneladas, aumentaría su producción un 48%. De todos modos el “goteo” no alcanzaría para empujar el consumo.
Las exportaciones, pese a la mega devaluación, no crecen y las importaciones, por la recesión, se derrumban. Ese mix mejorará el frente externo: habrá una recuperación del superávit comercial que se había perdido en 2017 y 2018.
Ecolatina, por ejemplo, proyecta que el saldo comercial rondará USD 10.000 millones este año, alcanzando un pico desde 2012. Este avance se explicará tanto por una recuperación de las exportaciones, impulsadas por una cosecha gruesa récord (las ventas afuera están primarizadas), como por un deterioro de las importaciones, resultado de la recesión y la depreciación del peso. De esta forma, las necesidades de divisas estarán más que cubiertas por esta vía, aportando dólares comerciales en momentos de necesidades financieras.
La evolución del comercio exterior permite también entender cómo está repercutiendo la guerra comercial, más allá del frente financiero. Producto de los avances y amenazas de Estados Unidos por sobre China, y la posterior imposición de aranceles a los productos norteamericanos por parte del gigante asiático, sus proyecciones de crecimiento de corto plazo se están derrumbando. Como respuesta, se deteriora su demanda y, con ella, el precio de los productos agropecuarios (es decir, aquellos que nuestro país exporta).
Además, la Argentina es un “país grande” –su oferta mueve el precio internacional- en la producción de algunos productos agropecuarios, principalmente los oleaginosos. Por lo tanto, la cosecha récord también impacta negativamente en los términos de intercambio.
Por su parte, la cerrazón norteamericana genera una menor demanda de productos industriales, que desata un exceso de producción que puja a la baja el precio estos bienes. Sin embargo, esta decisión también retira del mercado a parte importante de la oferta, de modo que el deterioro en los precios de los productos importados es acotado.



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