El Mono quiere a Vidal en su equipo

Las declaraciones del ex arquero de la Selección respaldando a la gobernadora de Buenos Aires suman más voces al clamor por un cambio en la fórmula del oficialismo para octubre.

Por Javier Boher
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Ayer se armó un terrible revuelo entre los fanáticos del fútbol que creen que sus ídolos sólo pueden expresar opiniones vinculadas a un único espacio Nac&Pop. Las elogiosas palabras que Germán Adrián Ramón Burgos, “el mono”, le dedicó a la gobernadora de Buenos Aires María Eugenia Vidal cayeron como un baldazo de agua fría para los admiradores del ex arquero de River y la Selección.

“La que me gusta es Vidal (…) no sé por qué” y “si fundara un partido político del centro (…) acá tiene un votante” fueron suficientes para descolocar a sus entrevistadores y a gran parte del pueblo futbolero.

El hecho de que un ex jugador batallador y áspero como lo era Burgos (con gusto por el rock de barrio y el aguante de las bandas de los ‘90) exprese su debilidad por la alternativa más mencionada en las filas del macrismo dubitativo fue tan inesperado como un gol en contra. Sin dudas muchos lo sintieron así.



Que Burgos se haya expresado a favor de una eventual candidatura de Vidal (y es muy interesante su mención a lo del partido político del centro, imaginándola fuera de la órbita del macrismo de Recoleta) es algo inesperado, pero que se suma a la multitud de voces que desean una alternativa a la candidatura por la reelección del presidente.

La doble vara con la que se mide la decisión del actual asistente del “Cholo” Simeone en el Atlético de Madrid de salir a expresar una opinión política es maravillosa. Aquellos que aplaudieron al “Patón” Guzmán por llegar al país con una remera preguntando por Santiago Maldonado (al ser convocado por Jorge Sampaoli para integrar el plantel de la selección en 2017) hoy exigen un castigo a Burgos por haber expresado una postura contraria a la de ellos.

La idea de que los que salieron de los círculos más bajos de la sociedad en base al esfuerzo y el trabajo deben reivindicar las prácticas y valores de ese lugar que dejaron atrás es de un conservadurismo innegable. La defensa irrestricta de lo popular como sinónimo de lo correcto es tan obtusa como pensar exactamente lo contrario.

Quizás parte de lo que duele a los fanáticos del fútbol (haciendo énfasis en esa categoría de seres irreflexivos y negadores de la opinión ajena) es que la representación que se hacían de Burgos era diametralmente opuesta: con un look que remite al de Horacio Guarany pero con reminiscencias de Pappo, es ídolo de un club popular como el ‘Aleti’, eterno rival del monárquico Real Madrid. Todo lo que les gustaría idolatrar en un deportista.

Probablemente los años que lleva en Europa obraron como la mejor escuela, mostrándole las bondades de una economía estable, de instituciones medianamente fuertes y de una sociedad en camino a la madurez. En esos países por los que ha dado vueltas durante más de 25 años los sectores populares viven mejor que acá. Saliendo de la pobreza (y pensando en los que aún no lo han hecho) es más fácil ver que hay otros caminos diferentes a los que abrazan los que ayer lo fustigaron por sus dichos.

Esa realidad de la estabilidad europea probablemente haya contribuido en su posicionamiento, principalmente porque hay un solo lado de la grieta que plantea que el camino al desarrollo es más parecido al que han recorrido los países que hoy ostentan los mejores niveles de vida que al que han recorrido nuestros vecinos en el subcontinente (o incluso nosotros mismos).

Cualquier celebridad puede decir lo que quiera y opinar políticamente de la manera que le de la gana, tal como lo pueden hacer los artistas o deportistas que apoyan la candidatura de Alberto Fernández, la de Massa, la de Lavagna o la de quien sea. ¿No es injusto que Maradona pueda defender a Maduro pero que se censure a Burgos por elogiar a Vidal?.

Mientras se va asentando la polvareda de las palabras que el ex arquero de la Selección le dedicó a la gobernadora, seguramente se irá acrecentando otro debate, el de cómo debe pararse Cambiemos frente a las elecciones que vienen. Porque el resultado de la final que se juega en octubre seguro dependerá mucho de los jugadores que salten a la cancha.



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