Reírse de a dos

Justin Bieber y Ed Sheeran, ídolos de la música pop que en apariencia tienen muy pocas cosas en común, han grabado juntos el tema “I Don’t Care”, que en pocos días han conseguido sonar en todo el mundo. En el video, ellos se muestran como opuestos que se complementan a la perfección.

Por J.C. Maraddón
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Si nos ponemos a revisar, encontraremos una lista infinita de duplas que podemos recordar, por haberlas visto en películas o en programas de televisión, que tuvieron enorme trascendencia. La exitosa fórmula de reunir dos personalidades contrapuestas, para potenciar tanto sus defectos como sus virtudes, ha sido un recurso que se remonta a los comienzos de la industria audiovisual, cuando se empezaban a experimentar las herramientas del nuevo soporte, tanto en lo que tiene que ver con la tecnología, como en lo referido a la construcción de los personajes que serían los encargados de llevar adelante las principales acciones del relato.
Laurel & Hardy fueron, en su época, el prototipo sobre el cual se edificó un gigantesco catálogo que ocupó un espacio preponderante dentro de la comedia, pero que se extendió luego a otros géneros, como heredero de una tradición literaria que ya había apelado a las duplas desde tiempos tan lejanos como los de Don Quijote y Sancho Panza. El público, habituado a los entremeses que giran en torno a esas extrañas parejas, ha estado siempre atento a propuestas que abrevaban en este formato, desde Batman y Robin hasta Mork & Mindy, como señuelo para trasladarnos a una cadena de situaciones desopilantes.
Generalmente, la apelación al doble protagonismo se enfoca en relaciones de amistad que, en algunos casos, bordean la convivencia, pero también hemos conocido ejemplos en los que el vínculo corresponde a dos hermanos, un matrimonio, dos vecinos, dos novios o dos compañeros de trabajo, que por determinadas circunstancias deben atravesar momentos que llevan las cosas a resbalar hacia el ridículo. Depende allí de la habilidad de los guionistas, encontrarle el punto justo a la narración para que esa sucesión de desatinos no termine saturando, ni proponga gags tan espaciados que no sean capaces de sostener la risa del espectador.
Lo extraño es que, ya avanzado el siglo veintiuno, esta veta mantenga su vigencia entre las nuevas generaciones, esas que respetan la inveterada costumbre y consumen con fruición ciertos productos que repiten el viejo truco de anudar en la ficción dos vidas que parecen incompatibles y que disparan sketches a granel. Tal vez el caso más representativo en la actualidad sea el de la serie de animación Rick y Morty, donde un abuelo y su nieto viajan hacia otras dimensiones y se lanzan hacia la aventura en medio de una trama lisérgica que tiene en el anciano al paladín de la incorrección.
En ese mismo sentido cabe interpretar el videoclip recientemente estrenado por Justin Bieber y Ed Sheeran, dos ídolos de la música pop que en apariencia tienen muy pocas cosas en común, pero que han grabado juntos el tema “I Don’t Care”, que en pocos días han conseguido sonar en todo el mundo. En el video, desenfadado y delirante, ellos se muestran como dos opuestos que se complementan a la perfección, uno (Bieber) caricaturizado como una especie de Johnny Bravo, y el otro (Sheeran) exagerando su pose de antihéroe, ayudados por la magia de la animación y los efectos especiales.
Y es que, mientras Justin Bieber desarrolló un perfil de estrella de rock sumida en el lujo y los excesos, Ed Sheeran había mantenido una imagen pública de cantautor tan talentoso como bonachón, más allá de cuáles hayan sido sus hábitos en privado. Por eso, ya el sólo hecho de que hayan resuelto aunar sus esfuerzos provoca sorpresa y curiosidad en el mercado discográfico. En vez de transformar esa sociedad en una empresa épica, a través del video se ríen de sí mismos y buscan entroncarse como descendientes de una genealogía de dúos desopilantes que han sembrado de carcajadas la evolución de la industria audiovisual.



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