Polarizar desde un moderado ¿primer paso en una estrategia de dos movimientos?

La designación de Alberto Fernández como precandidato a presidente apuró a todos para que definan sus estrategias, aunque quizás sólo hayamos visto la primera parte de la jugada.



Por Javier Boher
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Menudo debut para Alberto. Cuando todos querían presentar al nuevo chiche de Cristina como el candidato de la moderación, en un par de horas se encargó de echar todo por tierra al exhibir que con la ex presidenta lo une mucho más que el apellido.
Como si los cuestionamientos por su poco feliz expresión de la semana pasada respecto a la justicia (esa de que un día los jueces deberían rendir cuentas) no hubiesen sido suficientes, ayer salió a redoblar la apuesta: “vamos a tener que revisar muchas sentencias que se dictaron en los últimos años”. ¡Chupate esa independencia de poderes!.
El vasto mar de la memoria que es internet se encargó de reflotar todo el archivo del flamante candidato, destacando los cruces con gobernadores, diputados o periodistas que el fin de semana saludaron su designación. Ninguno de ellos salió a bajarle el tono beligerante con el que se refirió a la justicia (que tampoco es un modelo de republicanismo e imparcialidad, pero está ahí para mejorarla dentro de las normas existentes).
El fervor con el que muchos salieron a festejar la definición que la ex presidenta compartió por video fue el empujón que muchos necesitaban para definir posiciones. Los eternos engullidores de sapos que ya han militado a Scioli, Milani o Aníbal Fernández salieron a destilar su odio y su sed de venganza en redes sociales, todo a tono con las declaraciones del precandidato a presidente.
En esa misma línea fueron las declaraciones de Dady Brieva, el humorista de aquel lado de la grieta y némesis de Alfredo Casero. El Midachi aseguró en un video que circuló por redes sociales que lo primero que hay que hacer es “sacar a los presos políticos de la cárcel”.
Gran mensaje de conciliación y cierragrietismo ese de pedir que liberen a Milagro Sala y a Julio De Vido, condenados por hacer mal las cosas y jugar con la vida de la gente, no por “mujer, negra y coya” o por “hombre, bigotudo y anteojudo”.
Además, casi como una burla a ellos mismos, plantea que debería ocurrir lo mismo que con Cámpora el día de su asunción: la presión militante hizo que se abriera la cárcel de Devoto para que aquellas personas que estaban tras las rejas por cuestiones de convicciones recuperaran la libertad en el proceso democrático que se iniciaba.
Podrá quedar la discusión pendiente respecto a lo atinado de aquella decisión, pero la idea de Dady es justamente la de aquello que desde el mismísimo sábado han tratado de negar, que la fórmula Fernández-Fernández sea como aquella de “Cámpora al gobierno y Perón al poder”. ¿Qué quedó del período que se abrió entonces? El caos, como bien -y exageradamente- tuiteó el Secretario de Medios Hernán Lombardi.
El plan de elegir un moderado parece no estar dando sus frutos, ya que los que verdaderamente lo son no hubiesen sido tenidos en cuenta para el convite: el kirchnerismo sólo conoce los excesos, como todo movimiento verticalista que sólo se referencia en la voluntad del líder. Los moderados son tibios, y a los tibios los vomita Dios (o los orina Néstor cuando llueve, cada uno elige su metáfora).
Aunque todavía no esté muy claro, todos -propios y ajenos- sienten que todavía no han visto la jugada completa. Entre personajes que se conocen por sus expresiones crípticas, sus manejos opacos o sus contradicciones en la marcha, todos saben que esto no puede ser el final de la puesta en escena.
Cuando el kirchnerismo agote sus posibilidades de saturación de la agenda polarizando a través de un moderado que no lo es, nadie sabe si no va a abandonar la contienda, dejando en la disputa a un oficialismo que haya entrado en esa polarización y a una tercera vía de verdadera moderación.
No se puede hacer futurología, pero nada nos impide intentar adelantar conjeturas sobre los posibles cursos de acción en base a la información actual. Si ya nos sorprendieron con el cambio de nombres en la fórmula, y con un candidato “moderado” que evita la moderación, ¿por qué no faltaría el cierre de una jugada pensada para despistar?



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