Otra disrupción municipal y la desocupación en el Concejo

Cada ciclo político que llega súbitamente a su fin implica el retiro, a veces definitivo, de muchos de sus partícipes.

La política cordobesa, particularmente en su plano municipal, está plagada de ejemplos de fuerzas políticas que irrumpen abruptamente en su firmamento para agotarse luego con igual rapidez. Y aunque esto muchas veces no conlleve el pase a retiro de sus principales referentes, si significa que de un momento a otro –o mejor aún, de una elección a otra- sus segundas líneas y la interminable pirámide de partícipes menores que cimentaron su éxito queden relegados al exilio de la vida pública.
La decisión tomada por cada quién de sumarse activamente a un proyecto político supone, en el común de los casos, el abandono de la profesión o de la actividad alrededor de la cual cada una de estos actores construía su vida y, por lo tanto, no es una decisión fácil.
Así las cosas, la abdicación de un candidato, e incluso su derrota, produce efectos que lejos de agotarse en sí mismos pueden ser devastadores para todos aquellos que apostaron a la aventura y se descubren después afuera del tablero en el que se decide la cosa pública.
El radicalismo vivió esto, en la historia reciente, con la deserción de Rubén Américo Martí en 2003, cuando el entonces ex intendente rechazó pulsear por la Gobernación, luego de que el fallecimiento de Ramón Bautista Mestre dejara sin candidato al radicalismo.
Muchos de sus seguidores, que se habían formado durante sus dos intendencias y que habían trabajado para hacerlas posibles quedaron entonces ‘condenados al exilio’, y sólo un puñado de ellos encontró refugio en la política universitaria, gracias a la gran presencia que la UCR mantiene desde antaño en la UNC.
El fracaso de la gestión de Germán Kammerath, que ni siquiera logró completar su mandato después de que la alianza con el peronismo llevara a la UCD a hacerse con el Palacio 6 de Julio, tuvo efectos similares aunque mucho más profundos.
No sólo los partícipes segundarios de su administración, sino también los principales integrantes de sus equipos se vieron estrepitosamente eyectados de la función pública y debieron volver a la vida civil de la noche a la mañana.
Algo similar sucedió con las aventuras municipales de Luis Juez y Daniel Giacomino. El líder del Frente Cívico ha visto reducir sus huestes elección tras elección, a tal punto que de tener en su poder en 2003 el Palacio 6 de Julio, con aproximadamente 450 cargos políticos y una planta municipal que luego atiborraría de empleados-militantes; 21 bancas en el Concejo Deliberante, 3 tribunos de cuentas municipales, 1 tribuno de cuentas provincial, 16 bancas en la Legislatura Provincial, 3 bancas en la Cámara de Diputados de la Nación y 1 banca en el Senado de la Nación, hoy tan sólo conserva 1 banca en la Cámara de Senadores, 2 bancas en el Concejo Deliberante que vendrá y 1 tribuno de cuentas municipal.
Giacomino, por su parte, no sólo ‘llevó’ a sus cuadros afuera de la vida pública, sino que el mismo retomó (o debió retomar) la actividad privada después de concluido su mandato, en diciembre de 2011.
Después del 12-M, en el que Hacemos por Córdoba logró superar todos los registros históricos cosechando más del 57 por ciento de los votos, otras fuerzas políticas que han tenido un peso más que significativo en los anteriores turnos electorales quedaron muy atrás, logrando llevar a las cámaras legislativas muy pocos representantes, quedando afuera actores que en el pasado reciente han desempeñado roles importantes en la vida pública cordobesa.
El primer caso a considerar es el de Ramón Mestre. El actual oficialismo municipal, que apostó por hacerse con la Gobernación, sufrió una dura derrota a manos del PJ, y debido a la división de Cambiemos tampoco logró retener el municipio.
La lista 3 llevó así, a la Legislatura Provincial, a siete representantes, quedando afuera de la Unicameral y del Concejo mestristas de pura cepa, como el actual presidente de la bancada oficialista en el Concejo, Lucas Balian, el presidente de la Comisión de Legislación General, Lucas Cavallo, o la edil Miriam Acosta. Pero también quien fuera una de las principales espadas del mestrismo en la Legislatura, Javier Bee Sellares y un sinfín de funcionarios que trabajaron durante los ocho años de Mestre al frente del Palacio Municipal.
Otros dos partícipes importantes de la vida pública cordobesa -salvando las diferencias de escala- que también quedaron relegados después del 12-M a un rol casi insignificante son Tomás Méndez y Olga Riutort. El primero, por defección; la segunda, por una severa caída en la consideración de los cordobeses.
En el último caso los reproches podrán ser respondidos por la fundadora de Fuerza de la Gente. La vocación de poder estuvo. Se trabajó para pelear un mejor resultado, el electorado no acompaño su candidatura y sólo se pudo lograr una banca. En el primero sería más difícil.
El fundador de Movimiento ADN decidió no participar de este turno electoral, dejando ‘en pampa y la vía’ a quienes junto a él construyeron el espacio. Esta defección sorprendió en su momento, ya que ADN quedó segundo en las elecciones municipales de 2015, sólo por detrás del oficialismo. Por eso, hay quienes barajan la posibilidad de que Méndez decida participar en las legislativas nacionales que se avecinan. No hacerlo, entienden, sería ‘colgar los guantes’ definitivamente. La principal pregunta es por qué fuerza competirá, si es que decide hacerlo.
El periodista es identificado por muchos como alguien asimilable por el kirchnerismo, por lo que quienes han compartido su espacio entienden que podría recalar en la lista de diputados de Unidad Ciudadana, aunque tampoco descartan que Méndez termine decantando por una jugada personal, postulándose a una banca en la Cámara Baja por un espacio propio.



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